Casablanca, el hogar de Débora Arango, se convertirá oficialmente en museo

Casablanca, el hogar que habitó la artista en Envigado desde 1945 hasta su muerte justamente allí en diciembre de 2005, fue declarado como bien público tras ser adquirido por la Alcaldía de Envigado, el Área Metropolitana y el Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia.

Quien recorre la casa siente a la maestra Débora Arango en cada rincón. Sentada en el piso pintando los zócalos del patio central de la casa o las baldosas de los baños interiores. El olor mismo que emerge de cada una de las habitaciones y los espacios comunes evoca los años de la segunda mitad del siglo XX en que la envigadeña se la pasó encerrada en ese caserón, antes rodeado de verde y hoy un jardín oásis en medio del cemento y el bullicio del parque automotor, mascando pero sin tragar entero la situación social y política del país para después plasmar sus pensamientos, críticas, en las obras que la convirtieron en referente.

Casablanca, el hogar que habitó la artista en Envigado desde 1945 hasta su muerte justamente allí en diciembre de 2005, fue declarado como bien público tras ser adquirido por cerca de 13 mil 500 millones de pesos entre la Alcaldía de Envigado, el Área Metropolitana y el Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, y en el segundo semestre de 2018 abrirá las puertas al público.

Según el director de Planeación de este municipio, Esteban Salazar, el museo abrirá sus puertas entre julio y agosto del año entrante.

Mural ubicado en el garaje de Casablanca

La casa está ubicada cerca al parque de Envigado, sobre la avenida 43A, la principal de la ciudad, que da acceso a su centralidad. Tiene 3.300 metros cuadrados de área, que comprenden zonas de jardines y la casa central, con tres dormitorios conectados entre sí internamente, un comedor con una sala pequeña aledaña para fumadores, otra habitación que sirve de sala y un gran salón que conecta al patio trasero con sillones y mesas, para reuniones más formales.

En todos los rincones hay arte hecho por Débora Arango, originales y réplicas, y algunos bocetos. Cerámicas, cuadros. En un cajón hay tarros de pinturas que dejó iniciados la artista, pinceles usados. Hay un lienzo sin terminar. Hay arte en las paredes, en los muebles, en la biblioteca. Hay arte por donde usted mire.

La casa permanece intacta. Parece que ayer mismo hubiese sido desocupada por quienes la habitaban, pero con todo el mobiliario adentro. El compromiso de los responsables hoy es que este se debe conservar y proteger. El aseo se hace con el mayor cuidado posible. Las fundas de las camas no se pueden tocar aún. Si se barre, debe hacerse solo por debajo de las camas y donde no se toque ninguno de los cerca de 800 objetos que aloja el caserón. Será solo cuando intervenga el curador que elijan que se decida si alguna pieza se mueve o no.

La estructura de la construcción está en perfecto estado, dice el director de Planeación, Esteban Salazar. No requerirá ninguna intervención para la apertura al público. Sí será necesario adecuar algunos espacios para recibir a los visitantes; baños, una posible cafetería, parqueaderos, pero no será dentro de la casa principal, sino en zonas exteriores.

Conocer la intimidad del hogar donde Débora imaginó su vida y su obra no será exclusivo de Casablanca. La Alcaldía pretende que parte de los trabajos allí conservados puedan recorrer las calles del municipio, en una muestra itinerante que narre el contexto del trabajo de la pintora y acuarelista.

Cerámicas decorativas en la cocina de Casablanca

Para ello están indagando con entidades del calibre del Museo de Arte Moderno o el Museo de Antioquia para que los orienten; que compartan su saber para hacer de esa muestra algo que atraiga a los ciudadanos.

Cuentan los funcionarios que hoy cuidan y visitan la casa que desde que se supo la noticia de que Casablanca abrirá sus puertas, han recibido muchas llamadas preguntando por el horario, hay quienes tocan a la entrada con la misma inquietud. El interés por conocer qué hay más allá de ese gran muro blanco que separa la vivienda de la avenida y cuyos vitrales en sus ventanales poco dejan ver es grande.

Pronto ese misterio lo resolverán con sus propios ojos.

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