La poesía visual de Ethel Gilmour

Esta artista norteamericana vivió por más de cuarenta años en Medellín y dejó una prolífica obra llena de color y fuerza. Un libro de arte de gran formato recupera su legado artístico y su mirada profunda sobre una sociedad atravesada por la violencia.

En una casa, en pleno centro de Medellín, vivía una hermosa mujer llamada Ethel Gilmour. Solía salir con sus sombreros y vestidos, acompañada de Jorge Uribe, su gran amor. Ambos eran muy conocidos en el barrio. Su casa gigante estaba llena de paredes de colores, pinturas, bordados, detalles y materas.

“Fue mi profesora en la Universidad Nacional. Era tan abierta, tan graciosa, atraía a mucha gente”, le cuenta emocionada a Diners Imelda Ramírez, doctora en Historia del Arte, y autora del capítulo central del libro sobre Ethel Gilmour, que acaba de publicar Davivienda, bajo el sello de Ediciones Gamma. Cuenta también que pensaba hacer su tesis de maestría en Estética sobre tres artistas. La primera que entrevistó fue a Gilmour. “La entrevisté en su casa y ahí me quedé. Entre risas y más risas, nos hicimos muy amigas. Y la tesis la terminé haciendo solo sobre ella y su casa (…) Tenía un estilo único, honesto, y plasmaba su visión femenina sobre lo que pasaba a su alrededor”.

Portada del libro. Guayacán, 1994. Óleo sobre tela. Colección Museo Nacional de Colombia.

Años más tarde, a Carolina Zuluaga, directora editorial de la colección de libros de arte de Davivienda, le hablaron de Gilmour. Empezó a buscar, a averiguar sobre ella, si había suficiente obra, si existía alguien que estuviera a cargo de sus pinturas para concretar la publicación de un libro. Jorge Uribe estuvo de acuerdo. No tenían hijos, ella había fallecido en 2008, y él estaba muy enfermo. “Así que teníamos que hacerlo pronto. Queríamos tener de nuevo a una artista mujer en la colección, porque la última que tuvimos fue a Débora Arango, hace ya varios años. Y también nos pareció que la temática de su obra es muy pertinente para la coyuntura que vive el país. Es una narradora, una historiadora de los difíciles tiempos que vivió Colombia en las décadas de 1980 y 1990”, asegura Zuluaga.

La casa, 1991. Óleo sobre tela. Colección Privada.

En el proceso contactaron a Imelda para que escribiera y ella puso su corazón en la tarea. “Fue muy importante para mí. Tenía mucho material sobre ella: hicimos unas entrevistas en 2008, antes de que muriera; logré que Jorge, su esposo, sacara un bolsito de cuero de su clóset, donde guardaba todas las cartas de amor que se escribieron durante tres años, y en mayo de 2017 fuimos con Liliana Gaviria, la directora de la corporación Casa de Ethel y Jorge, hasta Estados Unidos, para conocer sus orígenes, su familia, la otra cara de esta artista”, explica Imelda.

Cama con cosas, 1983. Óleo sobre tela. Colección Corporación Casa de Ethel y Jorge.

El resultado es este libro de lujo, de gran formato, de 280 páginas, con imágenes a todo color, que recoge de manera minuciosa la vida y el trabajo de esta artista norteamericana que vivió desde 1971 en Medellín y que muchos colombianos desconocen por completo. “Hay varias teorías para explicar por qué fue una artista local con poco reconocimiento. Ser una mujer artista en ese tiempo no era sencillo, era un impedimento para surgir; en ese momento, además, los que marcaban la pauta eran los modernos, como Carlos Rojas y Ramírez Villamizar, que estaban pensando en algo distinto. Ella, en cambio, tenía unas temáticas más propias del arte contemporáneo y manejaba conceptos como género, migración, violencia y minorías. Y, además, Ethel era una mujer tranquila, que no le interesaba sobresalir”, asegura Zuluaga.

De Estados Unidos a Colombia

Ethel y Jorge, 2008. Fotografía: Carlos Tobón.

Gilmour nació en Cleveland, Ohio, en 1940, pero su infancia transcurrió en Carolina del Norte, entre montañas, caballos y naturaleza. Estudió Bellas Artes en Agnes Scott College, en Georgia, y luego hizo una maestría en el Instituto Pratt de Nueva York. En sus primeras pinturas se apreciaba la influencia del expresionismo abstracto. Prueba de ello son las trece pinturas al óleo que presentó como tesis, asesorada por su maestro y amigo George McNeil. Luego viajó a París con el sueño de vivir en la capital del arte moderno y aprender francés. En una excursión a Rusia conoció a Jorge Uribe, un colombiano que estudiaba en la Sorbona. Ethel aprendió español, viajó a España y a Bolivia, y en 1973 se casó con Jorge y se fue a vivir a Medellín.

Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, domingo, 1987. Óleo sobre tela. Colección Privada.

En la capital antioqueña empezó a dictar clases en la carrera de Artes de la Universidad Nacional y se interesó por tocar el tema de la religión y las reinas de belleza en sus obras, hasta que la violencia comenzó a coger fuerza a finales de los setenta: mafia, insurgencia, el estatuto de seguridad de Julio César Turbay Ayala eran algunas de las noticias que aparecían a diario en los medios. Y a ella le afectaban profundamente. “Era la mirada de una extranjera, que podía dar dos pasos hacia atrás, para observar con distancia una realidad cotidiana, que para muchos era normal, pero que en el fondo no lo era”, explica Zuluaga.

En sus cuadros de colores fuertes y trazos inocentes empezaron a aparecer, además de las plantas, los animales, la iconografía religiosa y los objetos cotidianos, pistolas, muertos y escenas de violencia. Una de las primeras imágenes que pintó pensando en esto fue La cama con cosas, en la que se encuentra su esposo, sus mascotas, las obras de arte que les gustaban, el desayuno, y una revista Cromos, que tenía en portada la toma de la Embajada dominicana por parte del M-19. En 1991, por ejemplo, pintó los espacios de su casa atravesados por fusiles gigantes y en 1994 retrató la muerte del narcotraficante Pablo Escobar en un tejado.

12/2/93, 1994 Óleo sobre tela. Colección Museo Nacional de Colombia.

“Es una obra difícil”, en palabras de Martha Lucía Villafañe, artista valluna, que también escribe un texto corto en el libro. “Una obra dura, sin paliativos, siendo dulce a más no poder. Difícil por ser una obra de documentación que nadie le pidió y nadie quería ver, pero que ella nos refregó. Una obra profunda, que parecía trivial a primera vista, pero horrorizaba al escudriñarla, sobre todo porque señalaba la responsabilidad de todos, incluso del inofensivo espectador que se acercaba”, explica.

Sin embargo, Ethel también le entregó a la ciudad una obra llamada Besitos para Medellín, como un homenaje para alivianar el dolor de una ciudad catalogada como la más peligrosa del mundo. Hizo performances, una instalación con su árbol favorito, el guayacán, y muchas más cosas, hasta que murió de cáncer el 22 de septiembre de 2008. Liliana Gaviria, amiga personal y directora de la corporación Casa de Ethel y Jorge, afirma en el libro que ella siempre quiso partir antes que Jorge. “Yo pido morir primero, porque Jorge puede sin mí, pero yo no puedo sin Jorge”, repetía con mucha frecuencia. Antes de fallecer se fue a Cartagena. “Ella quería hacer un ritual de despedida en el mar, porque sabía que ya no le quedaba mucho tiempo, y que era la última vez que estaría en ese lugar. Planeó todo muy bien como siempre, llevó su vestido de guayacán café oscuro con flores amarillas y sus medias negras (…) ”.

Besitos para Medellín, 1989. Óleo sobre tela. Colección Corporación Casa de Ethel y Jorge.

Ahora es tiempo de darle un espacio en el arte, no solo antioqueño sino colombiano, a esta artista que cobra vigencia en la actualidad. La historiadora de arte, curadora y escritora Karen Cordero escribe en el libro que Gilmour “en sus constantes gestos de reconfiguración de la cotidianidad, que ponen en juego elementos del ámbito doméstico, del entorno paisajístico y de contexto político, así como su propio cuerpo, recalca nuestra agencia y responsabilidad personal y ética en la relación con el manejo del poder a nivel social y cultural, así como en las relaciones humanas diarias. Y de la misma manera, a través de su agudo sentido de ironía y humor, a la par con su audaz manejo de color y del espacio, articula y abre ventanas de esperanza informadas por la creatividad, el afecto y el coraje”.

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