Mirá vé… que montón de arte

Cali es el protagonista de tres de los más recientes libros de arte. Una visión a ese lugar que sirvió como epicentro cultural de los años sesenta y setenta.

Tres de las más recientes publicaciones de arte tienen a Cali como protagonista. Esa Cali de los años sesenta y setenta que tuvo el privilegio de ser denominada “Caliwood” por la efervescencia cultural allí vivida y que esa Ciudad Solar, como la llamaron, fue semillero de cabezas geniales como los cineastas Carlos Mayolo y Luis Ospina, al escritor de culto Andrés Caicedo y a artistas tan maravillosos como Óscar Muñoz, Fernell Franco o Ever Astudillo, con la sombra poderosa del grabador Pedro Alcántara detrás de ellos. De este movimiento contracultural da cuenta la investigadora Katia González, quien durante ocho años le siguió la pista a esta ciudad y su pasado, quizá impulsada por quien fuera su pareja, el historiador y escritor Arturo Alape, y a quien le dedica el libro. Es un paseo riguroso por esa ciudad gozona que ha alojado entre sus paredes a una mente creativa como Miguel González, curador de La Tertulia por tantos años y que entendió que allí, en esa pequeña ciudad de clima delicioso, había algo escondido, una bomba que explotaría tarde o temprano. El libro, cuidadoso y descriptivo, revela cómo de allí saldrían herederos, igual de inquietos, como Sandro Romero Rey o, el adoptado por la ciudad, Wilson Díaz, de quien hablaremos en un momento.

Esa explosión creativa la detalla también el curador e investigador Santiago Rueda en su indagación sobre la fotografía en los años setenta en el país. Aunque su recorrido va más allá de esta ciudad, quedó claro en la presentación del libro, como nos lo hizo saber el fotógrafo Óscar Monsalve, que Ciudad Solar les fue fundamental como inspiración para darle un estatus mayor a la imagen, que, mirada desde los medios de comunicación como mera ilustración documental, no revestía de carácter artístico alguno. Rueda demuestra con creces que ese argumento era falso. Basta mirar el trabajo de EGAR, de Abdú Eljaiek, Jorge Mario Múnera, Camilo Lleras o Nereo López, entre tantos talentos más. Allí, el paso del campo a la ciudad de nuestras ciudades y eso que llamaría la Constitución del 91 como multiculturalidad, quedan expuestos de la manera más poética y contundente posible.

Y caleño también decírsele a Wilson Díaz, artista que fundó el Festival de Performance de esa ciudad y que, de una manera muy íntima, nos ha ido contando la historia del país, con sus coqueteos al narcotráfico y la doble moral como deporte nacional. Polémico como es, basta recordar su video de los Guerrilleros del Sur, cantos de las Farc que registró durante los tiempos del Caguán y que, provocadoramente, presentó en la Cancillería de Colombia en Londres, con el resultado más obvio: la censura. El equipo de Transhistor(ia), de Camilo Ordóñez y María Sol Barón, le dedica una extensa investigación a más de dos décadas de trabajos de este artista (aquí la reseña del libro).

De esta forma, resulta apenas lógico que Lugar a dudas, un laboratorio artístico creado por Óscar Muñoz en Cali, despliegue sus alas y dé que hablar, aquí y afuera. No obstante, también puede leerse como un recuerdo melancólico de una generación que no volverá a ser. Cualquiera de las dos, lo cierto es que Cali está vivita y coleando y tiene en sus embajadores culturales a los mejores exponentes de su historia.

Cali, ciudad abierta. Arte y cinefilia en los años setenta 
Katia González
Ministerio de Cultura

La fotografía en Colombia en la década de los setenta
Santiago Rueda
Universidad de los Andes

Con Wilson… anotaciones, artistadas e incidentes
Transhistor(ia). María Sol Barón y Camilo Ordóñez
Ministerio de Cultura

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