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"Los que no buscan aprobación tienen que pagar un precio muy alto"

El escritor Juan Sebastián Gaviria presentó Tajo a tajo, una novela que abarca los problemas a los que se enfrenta una persona transexual en una sociedad que rechaza la diversidad.

Foto: Cortesía Editorial Planeta / Instagram @hijos.del.caos

El escritor Juan Sebastián Gaviria presentó Tajo a tajo, una novela que abarca los problemas a los que se enfrenta una persona transexual en una sociedad que rechaza la diversidad.

Imagínese perder un hijo a causa de su identidad de género. Piense que le arrebatan el trabajo y todo lo que le importa por no estar cómodo con la forma en la que vino al mundo. Por sentir que sus genitales no corresponden con su cuerpo y que sus hormonas lo envenenan hasta el punto en que modifican su conducta.

Juan Sebastián Gaviria abarca esto en Tajo a tajo, su libro más reciente. Una obra que parte de un cuestionamiento filosófico: ¿Cuál es el precio qué tienen que pagar los individuos dispuestos a transformarse en una sociedad estática?

“El mundo de las personas transgénero es tan violento como fracturarse el fémur en tres partes y luego reconstruirlo”, expresa el bogotano. “Es un universo que involucra bisturíes, carnicería, inyecciones, hormonas y una cantidad de situaciones que van más allá de lo estético. Es una cuestión química, biológica y psicológica”.  

A través de una videollamada, el escritor de Profeta (2019), Contenido explícito (2017), entre otras novelas, conversó con Diners desde su casa en La Calera y nos comentó varios detalles sobre este libro que pensó en desechar, pero que después de diez años ve la luz. Es una charla sobre el amor, la paternidad, la rebeldía, la sexualidad y el temor a ir contra la corriente en una sociedad que él califica como “hipócrita”. 

En Tajo a tajo habla del miedo a mostrarse al mundo como uno se siente, ¿por qué quiso tocar este tema?

El asunto de la autenticidad es algo que me ha perseguido siempre. La sociedad te dice de una manera muy superficial que seas tú mismo. Se celebra la supuesta diversidad siempre y cuando todos marchemos juiciositos y respetemos los valores establecidos. 

Siento que cuando un individuo realmente busca su autenticidad y sigue sus propios principios, ya sea diciendo “creo que soy una mujer”, renegando de la religión, criticando las normas impuestas o simplemente coloreando fuera de las líneas, se convierte en una amenaza para los valores estáticos en los que estamos cimentados. ¿Qué hace el mundo con aquellos que mutan y se transforman? Los que no buscan la aprobación de una sociedad a la que desprecian y son realmente transparentes, tienen que pagar un precio muy alto.  

Hay una parte del libro donde menciona que la lucha de las personas transgénero no es una cuestión semántica sino existencial, ¿a qué se refiere?

Por medio de Bryan (la pareja de Adam, el personaje principal) estoy manifestando un poco mi realismo sobre el drama transgénero y mi crítica respecto a la futilidad y superficialidad de quienes supuestamente se consideran aliados de la lucha trans. ¿Tú crees que es tan sencillo como preguntarle a alguien si quiere que le digan él, ella, elle, chique, amigue y ya? ¿Dónde está la verdadera empatía si, en un libro, ni siquiera eres capaz de caminar al lado de un personaje trans y realmente entrar en su lucha? 

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El fragmento que mencionas afronta esa tibieza y por eso se lo dice el mismo amante. “¿Acaso alguien te ha tratado más como una mujer que yo? Déjate de pendejadas, date cuenta de qué es lo verdaderamente relevante”. Lo más importante es si cuando veo un trans voy a sentir repulsión o empatía. Y si realmente estoy dispuesto a acompañarlos en su camino y a acabar con el tabú y con ese asco con el que nos educaron hacia todo lo que se salga de nuestro sistema binario de identidad de género. 

Además de la cuestión semántica, está la disforia de género. En Tajo a tajo, usted logra transmitir esa desesperación a través de Adam, quien prefiere cubrir sus genitales con cinta sin importar lo doloroso que esto pueda resultar…

En poblaciones de muy bajos recursos la disforia de género llega a tal punto en que ves a los adolescentes, literalmente, cortarse el pene con un cuchillo. No se trata solo del factor estético, es una cuestión química. Si tu cuerpo en piloto automático está generando testosterona y tú eres una mujer trans, te estás sintiendo envenenada. Ahí es donde subyace la verdadera urgencia de llevar a cabo una cirugía de reasignación de sexo.

Mencionaba en otra entrevista que en Tajo a tajo primero creó el personaje y luego lo situó, ¿cómo fue esa creación de Adam y de Amanda? 

Esta novela la empecé a trabajar hace diez años, en 2011, cuando empezó a filtrarse dentro de la cultura popular el tema de las personas transgénero, a pesar de que es un asunto milenario. 

Yo me he rebelado contra muchas cosas en mi vida, pero no he tenido que hacerlo contra mi anatomía ni mi fisiología. Estas personas tienen que llevar a cabo una lucha muy brutal porque tienen que enfrentarse contra la misma naturaleza, aunque también hace parte de la naturaleza su identidad de género. Por lo tanto, decidí interpretarlo como un acto de rebelión suprema y soy fan de las instancias donde un individuo se rebela contra todo en nombre de sus propios valores.

Normalmente se demora tres meses escribiendo y un año editando…  

Fue terrible. Este libro lo dejé mil veces. Cuando me desencanto con una novela, quemo cualquier copia física y elimino las copias digitales para que no exista. Esta estuvo en lista de espera, pero mi esposa no me dejó destruirla. En su momento le dije que era un panfleto y una basura, pero me insistió en que la guardara porque la idea era bacana. A lo largo de los últimos diez años la miraba de vez en cuando, hasta que me dediqué a reescribirla. Fue ahí cuando algo similar al Tajo a tajo actual comenzó a existir. 

Hábleme un poco de la portada del libro. ¿Cómo llegó a esa descripción física del personaje, que claramente por la ropa interior y las marcas en la piel, se trata de Adam?

Queríamos una portada que sirviera como faro y también como filtro para los lectores que Tajo a tajo realmente necesita: gente dispuesta a entrar en rincones raros y a ver la violencia sin visos moralistas. Después de buscar un tiempo me contactaron con Santiago Oliveros, que es un ilustrador muy poderoso. Leyó el libro e hizo algo brutal, porque cuando Adam tiene cuerpo de hombre nunca me lo imagino tan masculino como quedó en la portada, pero me pareció la verga porque le dio contundencia. Logró sintetizar todo en una sola imagen. 

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Que haya pasado su adolescencia en Estados Unidos y estudiara en una academia militar, ¿tiene que ver en la creación de sus historias? ¿Normalmente cómo se prepara para escribir? 

Soy un escritor completamente empírico. Ni siquiera terminé el bachillerato. Nunca fui a una universidad sino que me dediqué a viajar por Sudamérica, a experimentar con drogas, con peleas y a obtener una visión muy personal de lo que es la violencia y el amor. Entonces de alguna manera fueron esos años de vida, más que la academia militar, los que me forjaron como escritor. Actualmente no me preparo para escribir una novela porque simplemente creo que estoy demasiado atormentado. Siento que se debe, en gran parte, a una especie de desequilibrio.

De cierta forma eso explica por qué sus libros son tan explícitos a la hora de describir una escena… casi como ver una película…

Parte de ese detalle se debe a una influencia fuerte del cine, pero también por mi propia existencia en la violencia, porque me dediqué a darme en la jeta durante muchos años consecutivos. Entonces también sé un poco cómo se siente y trato de transmitir ese voltaje y la dilatación del tiempo que se da en una pelea.

¿Se siente identificado con Adam?

Claro, me siento profundamente identificado en cuanto a su amor paternal, su ternura, su torpeza —porque a veces es una hueva— y su voluntad de transformarse, porque aunque mi transformación no es sexual ni de identidad de género, mi vida sí es una constante serie de autoaniquilaciones. “Ah, ¿pero tú no eres el que escribe? ¿no eras el que viajaba?, ¿el drogadicto?” No, ya no. Somos metamorfosis constantes y de cierta manera, cuando nos quedamos atrapados en un personaje, es cuando empezamos a morir, porque estamos leyendo un guion, pero la vida es improvisación y actuación constante. Cuando te cansas de vivir bajo una serie de paradigmas, eres quien tiene que descargar el hacha sobre tu propia cabeza para poder evolucionar.

Ese amor paternal del que habló hace un momento es uno de los elementos más destacados de Tajo a tajo. ¿Cómo se le facilitó o complicó esa narración por el hecho de tener dos hijos? 

Mi hija mayor tiene ocho años y Tajo a tajo comenzó hace diez. Después, lo facilitó. Lo que me encanta de la pérdida del hijo es la mentira que dicen, porque a mi parecer Adam es una guerrera transgénero. Así que funciona como una metáfora de cómo nos presentamos ante nuestros propios hijos, pues muchas veces proyectamos una imagen que no somos frente a ellos. Nos enseñaron a no decir groserías y a mantener el mundo inocente para ellos. Personalmente, siempre le digo a mi hija que mi gran logro es que todavía no le he dicho una sola mentira. A los tres años me preguntó quién era Papá Noel y le conté que no existía. Es invitarla a no jugar esos juegos que jugaron conmigo. Sabe lo que es el sexo y lo que es la muerte. Crees que el niño se va a aterrorizar, pero no, todo lo contrario. 

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María Camila Botero. Soy periodista. Me gusta observar el mundo y luego escribir sobre la vida. Me apasionan los temas con enfoque social, el cine y los libros. Twitter: @CamiBotero8 Correo electrónico: camila.botero@revistadiners.com.co 

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Octubre
04 / 2021

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