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¿Por qué el ser humano es violento según la ciencia?

El libro ‘Ser humanos’, escrito por el neurocientífico Facundo Manes y el lingüista Mateo Niro, analiza los factores que podrían influir en nuestra agresividad.

Foto: Star Channel

El libro ‘Ser humanos’, escrito por el neurocientífico Facundo Manes y el lingüista Mateo Niro, analiza los factores que podrían influir en nuestra agresividad.

Las noticias en el mundo anuncian los mismos males cada día: asesinatos, tiroteos, robos, guerras, violaciones, golpizas, violencia doméstica y mucho más. Titulares que muestran la peor cara de la humanidad. Pero, ¿se ha preguntado alguna vez si hay una explicación neurocientífica para entender la maldad en el ser humano? 

El neurólogo y neurocientífico Facundo Manes y el lingüista y licenciado en Letras Mateo Niro son algunos de quienes  se han cuestionado qué nos hace violentos. Este es uno de los temas que incluyeron en su nuevo libro Ser humanos, de la editorial Planeta, una obra que abarca los avances científicos para descifrar y comprender el gran misterio del órgano más complejo del humano: el cerebro.

El texto  responde algunas preguntas que seguramente usted se ha hecho antes, como si la razón y la emoción van unidas o cuál es realmente la función de las emociones. Así mismo hablan acerca del estrés, la memoria, la toma de decisiones, la inteligencia artificial y cómo una buena salud y alimentación impactan en el bienestar cerebral. 

Sin embargo, en este artículo nos centraremos únicamente en un tema: ¿por qué el ser humano es violento según la ciencia? 

El origen de las agresiones

La agresión no es algo nuevo en nuestras vidas, sino que existe desde los principios de la humanidad. En la Biblia nos cuentan cómo Caín mató a su hermano Abel por celos, por ejemplo. Además, no es algo que se limite al ser humano. 

En el libro, los autores explican que la agresión se trata de un instinto natural ligado a los procesos de adaptación con el entorno y la protección contra amenazas. Es por esto que cuando un animal se siente acorralado muestra sus dientes en señal de defensa, porque es de esta manera que se mantienen las jerarquías. “Los líderes del grupo tienen un acceso privilegiado a los recursos; mientras que los demás se someten a ellos a cambio de protección”, escriben en Ser humanos.

La agresión nos acompaña desde la infancia

Facundo Manes comenta que la agresión aparece desde temprana edad. “Tan pronto como logramos tener control motor de nuestros cuerpos, comienzan a aparecer en los seres humanos comportamientos agresivos”, dice. 

De esta manera, en el libro mencionan que las conductas violentas alcanzan su pico entre los tres y cuatro años y de ahí en adelante disminuyen. Sin embargo, estiman que un 4 % de los niños se convierten en ‘agresivo crónico’ y se mantienen así hasta la adolescencia y adultez. Esto se asocia con algunos rasgos como “la baja tolerancia a la frustración, la impulsividad y los problemas en el aprendizaje de las pautas sociales”, puntualizan en el texto Ser humanos.

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¿Qué aportan las neurociencias para entender la violencia?

Ambos investigadores indican que, si bien los fundamentos de la agresión humana son multifactoriales y no hay una respuesta científica absoluta para comprender estos fenómenos, sí hay unas características genéticas, neurológicas y ambientales que intervienen. 

Para empezar, Facundo Manes destaca que la ciencia ha demostrado que no existe ‘el gen de la violencia’ que nos obligue a ser agresivos con los otros. Tampoco existe ‘el área de la violencia’ en el cerebro.

Lo que sí es claro, de acuerdo con el libro Ser humanos, es que comprender cómo funcionan ciertas regiones y circuitos neuronales nos permite entender mejor qué desencadena una conducta agresiva. 

Serotonina:

“Ciertos defectos en la distribución normal de la serotonina, mensajero químico del cerebro, se han vinculado a la agresión y la violencia. La serotonina ejercería un control inhibitorio sobre la agresión impulsiva”, explican ambos autores en su libro. 

Así, comentan que diversas investigaciones han encontrado en pacientes violentos e impulsivos “una disminución de los niveles de un químico que refleja la actividad de la serotonina en el cerebro“. Además, exponen que las anomalías genéticas pueden contribuir a la función de la serotonina y a las diferencias individuales en el comportamiento agresivo.

“Si bien existen particularidades en la actividad de la serotonina en la corteza frontal en personas con agresividad impulsiva, es probable que otros mensajeros químicos, como los neuromoduladores y las hormonas, también estén involucrados”, dice Manes.

Cuatro regiones cerebrales:

La corteza prefrontal, el estriado ventral, el hipotálamo y la amígdala son fundamentales para comprender por qué el ser humano es violento, según los autores del libro. “La amígdala tiene un rol clave en la percepción del miedo y en el desencadenamiento de respuestas de lucha o de huida. Diversos estudios han reportado que las personas agresivas presentan una hiperreactividad de esta cuando observan expresiones faciales de enojo o amenaza en otros. Esto los llevaría a que interpreten mayor hostilidad en los demás y a que reaccionen de manera exagerada”.

Por su parte, señalan  que la corteza prefrontal desempeña un papel crucial a la hora de restringir brotes impulsivos. Por lo tanto, un déficit en este circuito aumentaría la vulnerabilidad de una persona a la agresión improvisada. 

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El hipotálamo también tendría relación con la violencia. Según estudios realizados en gatos en la primera mitad del siglo XX, citados en el artículo Neurobiología de la agresión, cuando se estimulaba la región posterior de esa parte de la masa cerebral se incrementaba el comportamiento agresivo. Mientras que cuando se separaba de sus conexiones con el “encéfalo o la médula espinal, desaparecía dicho comportamiento”.

Y por último, en el libro mencionan que una región del estriado ventral “que participa en la motivación y procesamiento de recompensas, ha sido identificada como importante para la agresión instrumental, porque está basada en metas y premeditación más que en constituir una respuesta a una amenaza inmediata”.

Aunque estos descubrimientos son importantes y brindan una mirada mucho más amplia para comprender por qué el ser humano es violento, no determinan por sí solos si una persona será agresiva o no. Lo único es que “un déficit en este circuito aumentaría la vulnerabilidad de una persona a la agresión impulsiva”, según los autores. 

¿Las conductas violentas tienen relación con enfermedades mentales?

Ser humanos recalca también que, a pesar de que hay algunos cuadros patológicos, como la psicosis, que pueden presentar conductas de este tipo, la mayoría de las personas con enfermedades mentales no son violentas. 

“Marcelo Cetkovich, en El estigma de la enfermedad mental y la psiquiatría, señala que existe mayor probabilidad de que las personas con enfermedades mentales sean víctimas de la agresión a que se conviertan en victimarios”, dicen los autores. 

Por lo tanto, creen que factores como sufrir agresión en la infancia y el abuso de sustancias, intervienen con mayor frecuencia en la conducta violenta que la presencia de una enfermedad mental. 

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María Camila Botero. Soy periodista. Me gusta observar el mundo y luego escribir sobre la vida. Me apasionan los temas con enfoque social, el cine y los libros. Twitter: @CamiBotero8 Correo electrónico: camila.botero@revistadiners.com.co 

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Septiembre
16 / 2021

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