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“Lo tengo todo y aún así mis días son una agonía constante”, Juan Carlos Rincón

Hablamos con el presentador y libretista de La Pulla acerca de su libro ‘La depresión (no) existe’, que el pasado 13 de agosto se lanzó de manera presencial en la FILBo 2021.

Foto: Libro La depresión (no) existe - Cecilia Ramos (La Ché)

Hablamos con el presentador y libretista de La Pulla acerca de su libro ‘La depresión (no) existe’, que el pasado 13 de agosto se lanzó de manera presencial en la FILBo 2021.

Otra vez estoy pensando en morirme. Me da vergüenza confesarlo, pero es la verdad”. Así inicia Juan Carlos Rincón Escalante su libro La depresión (no) existe —ilustrado por Cecilia Ramos—, una guía para no causar daño al hablar con una persona deprimida.

El abogado, más conocido por ser presentador y cocreador de La Pulla —además de crear Las Igualadas y La Puesverdad, otros espacios de opinión en El Espectador—, recuerda que el primer borrador lo escribió con el resentimiento y el dolor acumulado durante muchos años. Dolor que le causaban frases como “no estés triste” o “lo tienes todo en la vida”, pues —a pesar de las buenas intenciones de quienes las decían— con ellas sentía que la depresión que lo acompañaba cada día de su vida era desestimada. “Me hacían sentir aislado y me juzgaba a mí mismo por sentirme como me sentía. Eso me llevaba a alejarme, a preferir el silencio”. 

Ilustración: Cecilia Ramos (La Ché) / Tomada del libro La depresión (no) existe

Sin embargo, luego usó esa rabia y frustración para convertirla en “una amargura con propósito”, hasta que llegó a la versión que presentó al público en el 2020 y que el pasado 13 de agosto lanzó de manera presencial en la FILBo. 

Esta edición, que según él es mucho más empática, no intenta juzgar a nadie. Por el contrario, sirve como una guía tanto para las personas con depresión, como para quienes quieren saber en qué consiste esta enfermedad que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo. Para que se haga una idea, eso es casi el 75 % de la población que vive en Suramérica.

La depresión no existe
Ilustración: Cecilia Ramos (La Ché) / Tomada del libro La depresión (no) existe

Diners habló con el editor de la sección de opinión de El Espectador; un abogado cucuteño que se da “el lujo” de no tener WhatsApp y que al hablar de depresión lo hace desde su experiencia y la de cientos de personas que le han compartido sus vivencias. Por eso mismo piensa muy bien cada palabra, como si al decirlas sanara un poco. Como si le salieran del alma. 

En un país como Colombia donde la depresión es más alta que el promedio mundial, aún se sigue diciendo que la depresión no existe, ¿cree que se debe a un factor cultural o a que la inversión en el sistema de salud no es suficiente? 

La respuesta es compleja porque creo que es una multiplicidad de factores. Primero, estamos en el segundo país más feliz del mundo. Comillas gigantes. Y tenemos esta idiosincrasia de que somos pujantes, berracos y resilientes. No juzgo mucho esa perspectiva, porque en últimas nos hemos acostumbrado a vivir en duelo y hemos sufrido un conflicto armado del cual todos somos víctimas directa o indirectamente.

Eso lo que ha generado es una sociedad que, desgraciadamente, no piensa en sus emociones y que se une a una tendencia que sí es global y es que no hablamos de los sentimientos ni de la depresión. Nos dicen que los hombres no lloran y si las mujeres hablan de sus sentimientos es porque son histéricas. Así que culturalmente todo está diseñado para que no hablemos del tema.

Ilustración: Cecilia Ramos (La Ché) / Tomada del libro La depresión (no) existe

Aparte de esto, el sistema sanitario es pésimo en salud mental. Conseguir citas con terapeutas mediante EPS es muy complicado. Entonces todo el ecosistema está diseñado para que las personas sufran en silencio o para que muchas personas vivan toda una vida cargando un montón de cosas que nunca entendieron porque no tenían las palabras para enfrentarlo y para procesarlo. 

A todo esto que menciona se suma el impacto que ha tenido la pandemia en la salud mental. Y hablando biológicamente, el covid en sí, pues se ha demostrado que este deja fuertes secuelas neurológicas y psiquiátricas…

Sí, a mí me dio covid y me jodió la cabeza. Terminé con mucha ansiedad, presión y temor. Está también ligado a la incertidumbre. Son tiempos muy raros y difíciles donde no sabemos qué va a pasar, si se nos va a morir gente cercana, si estamos en riesgo… Y eso necesariamente lleva a la salud mental al límite. 

También muchas personas se enfrentaron por primera vez a sus pensamientos y sentimientos durante el encierro. Los humanos no estamos hechos para eso, no estamos acostumbrados a la ausencia de contacto. Todo eso sumado a un país en crisis, un país estallado socialmente nos lleva a dos pandemias al mismo tiempo: el covid y la depresión y la ansiedad.

Ilustración: Cecilia Ramos (La Ché) / Tomada del libro La depresión (no) existe

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Muchas veces no sabemos qué decirle a alguien con depresión y repetimos frases de cajón que de alguna manera creemos que servirán. ¿Cuáles han sido las más dolorosas o difíciles de escuchar en su proceso? 

Una vez pregunté en Twitter y la gente me decía que una de las más comunes era «no estés triste». Esta frase me parece muy bonita porque cuando se la dices a una persona tu intención no es anularla o silenciarla. Hay buena voluntad y lo único que quieres es que no esté así. Sin embargo, quien la recibe la percibe distinto.

Otra muy común es «mira que hay gente peor que tú». Tenemos muy enraizado ese sentimiento de culpa, de que hay gente muriéndose de hambre en La Guajira, personas víctimas de cáncer o lo que sea. Y esa frase es particularmente dañina porque es muy persuasiva. Es decir, las personas que sufrimos depresión tendemos a sentirnos culpables por lo que sentimos y esas palabras nos hacen sentir que sí es nuestra culpa y que somos unos desagradecidos. ¿Hay gente peor y yo aquí sufriendo porque tengo ansiedad?, qué huevada. 

Juan Carlos Rincón
Ilustración: Cecilia Ramos (La Ché) / Tomada del libro La depresión (no) existe

Una tercera es «pero si lo tienes todo en la vida». Esa sí es una anulación completa porque lo que presupone es que la persona no debería quejarse ni sentirse como está. Y es profundamente inútil porque incluso puede parecer que lo tengo todo en la vida, pero eso no me quita que en las mañanas me levanto pensando que debería morir.

Sin embargo, la más dañina en términos prácticos es la que dice que no hay que ir a terapia o tomar medicamentos. Estos, en muchos casos, suelen ser la única oportunidad que alguien tiene de encontrar algo de alivio. Pero todos los prejuicios y miedos que tenemos en torno al acompañamiento psicológico y a las drogas psiquiátricas hacen que mucha gente, incluyéndome, le tengamos miedo a acudir a eso. 

Y hablando de lo que sí deberíamos hacer, ¿qué es lo que más le ha servido? ¿Qué podríamos decir para demostrar que estamos ahí para brindar nuestro apoyo? 

Creo que un acompañamiento útil es aquel que parte de la empatía. Y la empatía radical requiere dos cosas. Primero que la persona se desarme y deje a un lado los prejuicios y el complejo del salvador, porque cuando alguien está angustiado, ansioso o sintiéndose mal, nuestra reacción natural es «ven te ayudo y te arreglo la vida”. Por eso lo primero es que haya un acto de humildad, de decir yo no le puedo arreglar la vida a otras personas. Es un reconocimiento de la complejidad de los sentimientos ajenos. 

El segundo paso es abrirse a que así no entendamos, podemos compartir la tristeza del otro. Y eso se ve materializado en frases tan sencillas, pero tan poderosas como «¿quieres contarme lo que sientes», «no puedo entender lo que sientes, pero aquí estoy para acompañarte» o «¿quieres que te acompañe a pedir una cita médica?» 

Ilustración: Cecilia Ramos (La Ché) / Tomada del libro La depresión (no) existe

Tal vez lo más lindo que le puedes decir a alguien es «lo que sientes es válido», porque muy seguramente la persona lo que está pensando es «soy un idiota por sentirme como me siento y por pensar lo que pienso». A mí me llegan muchos correos electrónicos por el libro y la frase más común en todos es «pensé que era el único».

Ante eso pues qué bacano uno poder decirle a alguien «mira, no podemos solucionar esto tan fácilmente, pero aquí estoy. Te acompaño a recorrer esto» o ser sincero, decirle “esto me parece una putada y me siento frustrado por no poder ayudarte, pero aquí estoy”. Creo que eso es lo más poderoso que se puede hacer.

Lo que comentaba sobre intentar ser el salvador es muy común… 

Creerse el salvador es una fórmula para la frustración mutua. Primero, porque no vas a salvar a otra persona. Y segundo, porque empiezas a sentir que la otra persona depende de ti y eso es una carga que nadie debería llevar porque además es falsa. Eso también altera la relación que tienes con la persona, porque ya no es una relación de iguales, sino una de «yo vengo aquí a ayudarte, a salvarte». Al final uno termina cansándose porque se siente mal por no poder ayudar y se frustra. Todos terminamos peor.

Este libro lo escribió para su mamá, pues durante muchos años se distanciaron porque no tenían un lenguaje en común. ¿Cómo ha cambiado la relación de los dos después de la publicación?

Muchísimo. De hecho, la primera persona que leyó el libro fue mi mamá y me acuerdo que se puso a llorar. Nos abrazamos y me dijo “por fin te entiendo, gracias Juan”. Obviamente no es una fórmula mágica, pero a partir de ahí las conversaciones han sido mucho más sinceras y empáticas. Ya con eso creo que cumplí lo que quería hacer con el libro.

La buena noticia es que también le ha funcionado a otras personas. Por ejemplo, una vez se me acercó una pelada de catorce años y me abrazó. Luego se acercó su mamá y me abrazó. Me contaron que el libro las ayudó a acercarse más entre ellas. Es fantástico porque eso era lo que quería: ahorrar conversaciones y dolor. Me doy por bien servido.

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La depresión no existe libro
Ilustración: Cecilia Ramos (La Ché) / Tomada del libro La depresión (no) existe

Leía un comentario de una joven que los felicitaba por el trabajo “tan maravilloso que habían hecho”. Decía que hace unos meses una persona que quería mucho se había suicidado y que ella no fue lo suficientemente consciente de sus respuestas, por lo que, y cito, “si pudiera desear algo, sería haber leído este libro antes de que este trágico hecho ocurriera”…

Me han llegado muchos correos con ese mismo mensaje. Más de diez. Primero qué horror. Yo lo que le digo siempre a la gente que me dice eso es «no es tu culpa». Creo que siempre hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos. 

Como sociedad hemos fracasado en que la educación sentimental y emocional no esté instaurada desde el colegio. A uno deberían darle estas clases desde primaria hasta graduarse de la universidad. Qué gran habilidad saber cómo contestar a alguien que te dice «oye, estoy pensando en morirme». El libro quiere ser eso y me alegra que la gente lo vea así. No sé si va a evitar las tragedias porque estamos ante algo terrible, pero por lo menos sí ayuda a hacer un acompañamiento con un poquito más de cariño. 

Frases que no debe decirle a una persona deprimida
Ilustración: Cecilia Ramos (La Ché) / Tomada del libro La depresión (no) existe

¿Qué le podría decir a quienes aún no han leído La depresión (no) existe para que conozcan este libro?

Una de cada cinco personas va a experimentar un episodio depresivo severo, lo que significa que la persona que está leyendo esto va a sufrirlo o alguien cercano a ella. Así que esta es una de las realidades de la vida y este libro nos ayuda a estar mucho más atentos para el momento en que eso ocurra, para estar más conectados con los sentimientos de los demás y los propios. 

Es un libro que se lee fácil y rápido y que tiene unas ilustraciones muy chéveres. Pero incluso si leen esto y dicen «no me interesa el libro», la invitación es a que de todas maneras se informen sobre depresión, ansiedad y enfermedades mentales, porque la diferencia entre una persona informada y una que no es del cielo a la tierra y a veces uno salva vidas sin darse cuenta. 


“No reconocer que la depresión es real es similar a tener el brazo roto y decir que la fractura no existe, que el dolor “solo está en la mente”. No te hagas ese daño. Mereces la oportunidad de estar mejor y de ayudar a las personas deprimidas a que tengan vidas más llevaderas, sin tantos prejuicios”, fragmento La depresión (no) existe.

Puede encontrar este libro en cualquier librería de Colombia. 

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María Camila Botero. Soy periodista. Me gusta observar el mundo y luego escribir sobre la vida. Me apasionan los temas con enfoque social, el cine y los libros. Twitter: @CamiBotero8 Correo electrónico: camila.botero@revistadiners.com.co 

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Agosto
17 / 2021

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