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5.749 días, el conflicto armado colombiano a través del amor y el perdón

La novela 5.749 días es una de las 10 finalistas de los Premios Planeta 2019. Hablamos con Juana Sánchez sobre esta historia de amor en el posconflicto.

Foto: Cortesía Juana Sánchez-Ortega

La novela 5.749 días es una de las 10 finalistas de los Premios Planeta 2019. Hablamos con Juana Sánchez sobre esta historia de amor en el posconflicto.

«Todos hemos caído en el error de convertir a las víctimas en un volumen abstracto sin rostro», dice Juana Sánchez-Ortega, autora de 5.749 días, un libro que, según ella, nos acerca a una realidad que muchos han vivido, pero que otra buena parte de Colombia desconoce.

Miguel González, protagonista de 5.749 días, hace parte de esa interminable lista. Cuando era niño, fue secuestrado por las Farc durante siete meses. Sin embargo, Sánchez-Ortega no quiere mostrarlo como un número más, sino representar, a través de este personaje mitad ficticio mitad real, a las millones de víctimas sin rostro que conforman la historia del conflicto armado colombiano.

No es solo él. Todos los personajes dentro del libro cuentan una historia fiel a los testimonios reales de las víctimas y sus familias, pero que al mismo tiempo se nutren de la imaginación y de la experiencia de la autora. Por eso, no solo muestra un punto de vista, sino que recorre desde diferentes ángulos las opiniones en contra del proceso de paz de algunos colombianos y el anhelo de paz y perdón por parte de otro sector. “Los que ponen los muertos son los que quieren terminar la guerra”, dice uno de ellos en la novela.

5.479 días Foto: Cortesía Juana Sánchez-Ortega


Sobre la autora

Aunque es el primer libro escrito por Juana Sánchez-Ortega, fue uno de los 10 finalistas del Premio Planeta 2019. Pero lo más importante para ella es que, a través de su realización, logró sanar muchas de sus heridas. Su padre fue secuestrado por las Farc en 1995 y aunque dice que el odio lo superó en 32 días -cuando regresó a casa sano y salvo-, el dolor le tomó 26 años. “A través de 5.749 días perdono y me perdono”, admite.

Es abogada y durante 14 años trabajó en temas medioambientales. Luego decidió irse por otros caminos y escogió la creación de juguetes diferentes a los tradicionales porque estaba cansada de ver siempre lo mismo. Sin embargo, se considera un ser cíclico, por lo que hace seis años decidió que quería escribir y desde entonces vive en España, donde tomó clases para cumplir su nueva meta.

Diners habló con la escritora acerca de la creación que le permitió hacer catarsis de su dolor. Esto fue lo que nos dijo.

Para alguien que no conoce 5.749 días, ¿cómo lo describe y qué cree que lograría transmitirle a quienes decidan leerlo?

El libro está en los ojos del lector, no en la pluma del escritor. Mi mamá tiene 82 años y se lo leyó juiciosamente con lupa y lo ve como una novela romántica, no ve nada del conflicto. Y hay quienes solo ven el conflicto. Yo escribí pensando en el perdón y esa era mi motivación.

Al comienzo pensaba que las cicatrices del secuestro van mucho más allá del momento del secuestro mismo y que pueden pasar muchos años y las cicatrices emocionales van a seguir estando hasta que no se termine un proceso de perdón hacia los otros y hacia uno mismo.

Pero hubo algo que me gustó mucho que me comentaron y es que el libro muestra diferentes actores y caras del conflicto. Y creo que hay que destacar que todos somos víctimas de una manera u otra. Hay diferentes grados, desde el que ha sido asesinado, hasta el que ha dejado de hablarse con un familiar o un amigo porque tienen diferentes posiciones respecto al conflicto.

Así que creo que todos somos víctimas y la única forma de sanarlo es hablarlo, perdonar y perdonarse. De eso va el libro.

En la novela, los familiares de Miguel insisten en que el secuestro no culminó con la liberación porque las cicatrices seguían latentes, ¿cómo vivieron esta situación usted y su familia?

Mi papá afortunadamente solo estuvo secuestrado un mes, pero es una historia muy dura porque la razón por la que lo secuestraron fue porque regaló unas tierras para la construcción de un colegio y decían que si tenía tanto dinero para eso, debería tener para pagar el rescate. Cuando nos contaron eso me pareció horrible, ¿cómo así que por hacer algo bueno el premio es ser secuestrado?

El día 31, cuando ya lo habían rescatado, mi papá nos contó la historia de una señora que la contrataron para hacerle de comer. Y aunque ella no era guerrillera, estaba muy arrepentida de haber participado en el secuestro, pero tenía que hacerlo porque estaba embarazada y no había forma de cubrir los gastos cuando naciera el bebé. El personaje de María está hecho en honor a esta mujer. Cuando mi papá nos contó esa historia a mí se me olvidó el odio porque es ponerle otra cara a quienes están detrás del secuestro. Obviamente no los amo, pero se me quitó el odio.

Pensé que había sanado, pero no fue así. Así que quise hablar del secuestro sin hablar de mi papá, aunque muchas cosas de su experiencia alimentaron la historia, por ejemplo para mí era importante mostrar al campesino como alguien sabio. También, cuando hablo de los familiares de Miguel básicamente estoy contando mi historia. El momento en que te llega la prueba de supervivencia es una cosa horrible. Ver a una persona en una foto o escuchar su voz temblorosa por el miedo que se siente estar secuestrado no tiene nombre y peor aún son los días que vienen después.

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Mujeres diáspora Foto: Cortesía Mujer Diáspora


En un apartado Lucía dice que el país que dejó ya no existe y que siempre será extranjera, ¿se identifica de alguna manera con ese personaje?

Cuando tú vas a Colombia te tratan como un invitado especial, pero la sensación es otra porque ya no es tu casa. Vas a donde tu mamá o donde tu hermana, pero es como ese sentimiento de que siguieron viviendo sin ti. Te das cuenta de que ya no eres parte de esa historia por completo. Las raíces se te mueven un poco.

Aunque es una obra de ficción, hay muchas cosas que realmente ocurrieron. ¿Pasa lo mismo con la historia entre Lucía y Miguel?

Tuve el honor de conocer a muchas víctimas del conflicto a través de una comisión en Barcelona. Y aunque los testimonios son novelados en muchos casos, son ciertos. No me inventé nada.

Pero básicamente lo que quería mostrar era a dos familias afectadas por el conflicto de distintas maneras. La familia de Miguel era pudiente y perdieron su empleo y todas sus cosas, pero pudieron volver a salir adelante, no fue fácil, pero tenían unas ventajas diferentes. Mientras que en el campo están los desplazamientos, asesinatos y otras historias que quería mostrar. Así que en algún momento decidí conectarlos a los dos, pero no quería que fuera un romance forzado, sino más bien una relación profunda que se mantiene así ellos ni siquiera se toquen.

Mujeres Diáspora Foto: Cortesía Mujer Diáspora


En cuanto a la posición de las víctimas y de quienes estaban en contra del proceso de paz, ¿se basó en noticieros y otros medios?, ¿o incluyó testimonios reales y personajes entrevistados exclusivamente para la creación del libro?

Los saqué, en su mayoría, de la comisión de Mujeres Diáspora, que era una cosa superbonita porque nos sentábamos alrededor de una comida tradicional a escuchar testimonios. Todos ellos sirvieron para nutrir las historias dentro del libro.

Incluso me pasó algo curioso porque una exguerrillera iba a dar un discurso y yo tenía un poco de miedo, así que llegué tarde ese día y no me enteré de quién era. Me puse a hablar de comida con la mujer que estaba sentada a mi lado y después de un tiempo se levantó al escenario y me di cuenta de que ella era la desmovilizada. Me dije “¿cómo así? Pude hablar con una exguerrillera y no se abrió el mundo ni salieron demonios”. Ese testimonio fue precioso y me conectó con lo difícil que era estar del otro lado de los principios y valores de uno.

Y así con muchas personas, que a raíz de lo que hablábamos y lo que me contaban, los incluía dentro de 5.749 días.

Creó toda una vida para sus personajes, desde su historia académica y amorosa hasta sus gustos gastronómicos y los planos de su casa. ¿Cómo le ayudó esto en la construcción del libro?

Descubrí que amo construir personajes, soy obsesiva compulsiva. Tienen carta astral, te puedo decir a qué gimnasio van, los apartamentos tienen plano y eso me permitió que los sintiera más de carne y hueso y que le pudiera dar orden a la historia. Darle voz a estos personajes es mucho más sencillo a medida que los conoces más y creo que es una de las cosas que más me gusta de 5.749 días, porque los diálogos se sienten reales.

5.479 días Foto: Cortesía Juana Sánchez-Ortega


La escaleta fue su herramienta principal a la hora de escribir, ¿por qué no quiso contar la historia de manera lineal?

Eso es un regalo de la escuela de escritura. Cuando me presentaron la escaleta, mi vida cambió. Con ella era mucho más sencillo desarrollar las escenas y así mismo modificar el orden sin afectar todo el libro.

Adicionalmente, te permite ver la lógica de todo y puedes ser 100 veces más creativa porque ya no tienes que sostener el mundo en tu cabeza, ya que todo está en el papel. De esta manera, te puedes dedicar a ponerle música a las palabras y a fijarte en pequeños detalles.

5.479 días Foto: Cortesía Juana Sánchez-Ortega


Hay varios temas importantes que se tocan en el libro, como los falsos positivos, la dificultad de reinsertarse a causa de los rumores, las minas antipersona y esa etiqueta eterna de ‘alerta’ que tendrán los desmovilizados frente a los ojos de muchos, ¿con cuál de todas esas situaciones que menciona se identifica más?

Es un poco de todo, soy corazón con patas con el tema del conflicto en Colombia, me duele todo. Pero digamos que lo que me hizo contar estas historias y no dejarlas ahí fue mi hija Andrea. Ella trabajaba como asesora con el Comisionado de Paz en la época del Plebiscito y estaba encargada de los guerrilleros que se iban a reinsertar y estaban en el campo.

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Entonces cuando ganó el ‘no’ –que todavía no puedo creerlo– a ella no le dolía que los guerrilleros no iban a poder desmovilizarse sino que Pepe, Andrés, Simón, Marta y todas esas personas, con nombre, iban a verse afectadas.

Ahorita miraba los muertos de los últimos días y otra vez son gente, hay 18 muertos. Y no, no. Están Jaison, Nicolás, Brayan y más personas. De eso me di cuenta con Andrea, el problema no era que ganara el ‘no’, sino que nos hemos olvidado que hay personas concretas que sufren. Así que quise darles voz y no dejar una figura de cartón.

Quise entender cómo pensaban y el plebiscito fue lo que detonó todo eso en mí, porque por quedarnos en ese blanco o negro vamos a terminar matándonos todos y necesitamos dejarnos de odiar y entender al otro.

Un párrafo de 5.749 días dice: “Cuando a la gente la guerra no le ha tocado se imagina que hay zonas separadas, se imagina trincheras y un campo de batalla de los que salen en las películas, en donde con facilidad se pueden identificar los dos bandos. Pero acá todo el campo ha sido el frente de batalla”. ¿En qué momento se dio cuenta de que esa era la realidad?

Hace muchos años, en una vereda en La Mesa, los paramilitares mataron a los papás y dejaron a los hijos dentro de la casa porque los acusaron de auxiliar a la guerrilla.

Ese día me entró una sensación de irrealidad que no podía creer. Darte cuenta que eso está pasando a 30 kilómetros de tu casa y tú no te fijas porque no es tu realidad, pero sí es la realidad de muchas personas.

Cuando oyes que habría que dividir el Cauca entre los indígenas y los blancos te pones a pensar que esto no se le podía ocurrir a nadie más fuera de quien ha vivido encerrado en su estrato 6. Me parece que se nos ha olvidado ponerle al conflicto colombiano un carácter humano y es porque lo vemos desde lejos y nos parece como si estuviéramos viendo Rambo. La gente que está ahorita en Cali no está en una película, ellos están recibiendo las balas de verdad.

Mujeres diáspora libro Foto: Cortesía Mujer Diáspora


Le haré la misma pregunta que hace en el libro, ¿qué necesitaría para dejar de ser víctima?

Necesité escribir un libro y en este momento soy una sobreviviente del conflicto.

¿Qué espera con 5.749 días?

Me encantaría generar conversaciones. Sería muy feliz si sirviera para que empezáramos a hablar de este tema desde el respeto y comprendiendo que cada uno tiene un punto de vista diferente. Me doy por bien servida si 5.749 días sirve para eso.

¿Y a usted cómo la ayudó 5.749 días?

Me sirvió para darme cuenta de que sí puedo escribir porque hubo un momento en el que tuve mucho miedo y estuve a punto de borrarlo. Me sirvió para sanar y entender que podía hablar de Colombia y no morir en el intento. Y me sirvió para reflexionar y cuestionarme a mí misma como ser humano.

Además, me encanta poder conectar mis dos mundos, el de ahora en España y el de antes en Colombia. Estoy más que satisfecha con el proceso y espero que lo lea mucha gente y me compartan sus comentarios.

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María Camila Botero. Soy periodista. Me gusta observar el mundo y luego escribir sobre la vida. Me apasionan los temas con enfoque social, el cine y los libros. Twitter: @CamiBotero8 Correo electrónico: camila.botero@revistadiners.com.co 

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Mayo
05 / 2021

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