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El último vuelo de Hortensia: reseña de una historia para ser libre

Angélica Pinzón Hernández escribe esta entrañable reseña sobre El último vuelo de Hortensia, el libro de Irene Vasco.

Foto: Cortesía Editorial Panamericana

Angélica Pinzón Hernández escribe esta entrañable reseña sobre El último vuelo de Hortensia, el libro de Irene Vasco.

Leer las historias escritas por Irene Vasco es encontrarse navegando entre líneas que te llevan a lugares multidiversos cargados de leyendas, mitos, personajes increíbles y sucesos tan similares a la realidad colombiana, que parecieran un reflejo de la historia no contada de algún niño, niña, campesino, mujer, anciano, desplazado o maestro de nuestras regiones.

Entre la magia de lo inexplicable, el encanto de los paisajes que evocan sus descripciones y las situaciones que enfrentan sus personajes, Irene Vasco nos deja ver en sus narraciones y libros las historias de un pueblo que camina por un sendero histórico que duele, saca llagas, deja marcas, aprendizajes y también sonrisas: una suerte de esperanza que se vislumbra a pesar de todo.

Colombia huele a dulce y munición, a calor de hogar y a olvido, a inocencia y a ira. Nuestros relatos como nación se funden entre lágrimas, folclorismo, rabia y desilusión. La realidad fundamenta nuestros recuerdos pero la fantasía nos permite hacernos libres en ellos. Por eso somos un pueblo de magia y fantasía, donde los relatos de leyendas, mitos y espantos se mezclan con una realidad de demonios y muertes que no solo producen miedo sino dolor.

El último vuelo de hortensia

Pero desde el dolor se reconstruye, se renace, así como los personajes de Irene que sobrepasan los obstáculos para crecer, aprender, encontrarse con ellos mismos y con sus historias, así cada día miles de niños, campesinos, indígenas, líderes y demás personalidades de la cotidianidad olvidada y popular, se hacen grandes, así pasen inadvertidos. Las grandes luchas y batallas no se gestan en los combates, sino en las calles, los arados, las montañas, los campos y los ríos, recorridos por hombres, mujeres y niños que día a día crecen y trabajan por un “futuro” mejor.

Muchos migran a las ciudades para encontrar tal oportunidad, muchos son obligados a hacerlo.

“Dicen que los muertos no hablan, pero los que han muerto y resucitan, sí hablan”, pág 161 de El último vuelo de Hortensia

En el cuarto mes del año 2003, el día de San Anselmo y San Silvio, según el santoral, nace Hortensia, una niña de familia campesina que cuenta en retrospectiva su pasado sencillo, humilde y místico en el pueblo donde vivía con su familia y crecía escuchando los consejos y dichos de su madrina Cordilia; y el presente que ahora vive entre gigantes grises hechos de concreto, personas indolentes que los miran con desprecio, filas burocráticas en oficinas llenas de personas que en vez de ayudarlos y compadecerse de su situación, los tratan con desprecio y fastidio.

El frío, la calle, el parque y el hambre son sus compañeros ahora. Hortensia va y viene constantemente entre su pasado y presente recordando a su madrina, el fogón de leña de su casa, los paseos al río cuando se trepaba a los árboles, la horrible experiencia con el temible Salomón Pinchadientes, todas memorias más placenteras que la dura realidad a la que ahora se enfrenta.

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Libre, ella quiere ser libre, volar alto, escapar.

El último vuelo de Hortensia es una historia envolvente y mágica en la que su protagonista nos lleva a recorrer lugares y situaciones que vive junto a su familia al llegar a la gran urbe incrustada en la cordillera Oriental, larga y extensa como un río que no lleva aguas cristalinas ni peces como los que veía en su pueblo, sino historias, llantos, esperanzas, días y noches con un clima que hiela los huesos y el espíritu.

Las remembranzas de Hortensia nos transportan a los campos montañosos de una Colombia olvidada y desangrada; donde la comida no se compraba ni se perdía, donde a pesar de las órdenes de unos y las amenazas de otros, se vivía tranquilamente con la paciente zozobra del devenir.

El choque que Hortensia siente al llegar a la ciudad es agobiante, se siente ingenua, vulnerable y lastimada quiere ser querida. Fantasea con las historias de amor que le contaban sus primas sintiendo la necesidad de ser besada. Pero su pesadilla más temible, además de sus dientes y de perderlos al comer o al sonreír, es Tomás, que entre miradas, regalitos y falsas promesas la llevará a conocer una realidad oscura e incomprensible, así como el repudio y el odio.

El canto premonitorio del ave Shu-Shu le enseñará a Hortensia que el destino teje con sus hilos caminos inesperados, pero somos nosotros quienes aprovechamos, o no, las oportunidades que se nos presentan.

“Esa bruja buena me está mostrando un camino”, pág 57 de El último vuelo de Hortensia

Su viaje no termina, su peregrinar continúa. Entre recuerdos, preguntas y nostalgia, termina conociendo a niñas que, como ella, han sido engañadas y olvidadas.

“Ley, albergue, protección, delincuente, infracción… Demasiadas palabras, demasiadas emociones en muy corto tiempo” pág 97 de El último vuelo de Hortensia

¿Una cárcel?, ¿una escuela?, ¿una oportunidad?, quizá todas, quizá ninguna. Lo cierto es que Hortensia conocerá en este “centro” el olor de las sábanas limpias, la fortuna de una cama para ella sola y el “circo”.

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Volar, volar para escapar de todo, para ser libre, para ser feliz.

Así, Hortensia entra al programa de actividades ofrecidas por el centro; el “circo”, así aparece en la lista donde escribe su nombre y en el cual las caídas, las largas jornadas de práctica y la sinceridad de su entrenadora y, ¿por qué no?, amiga, le permiten acercarse a lo anhelado: ser libre.

Sin embargo, los ciclos se deben cerrar, volver al dolor y a lo detestado para darle un buen aprendizaje a quien lo necesita y a sí misma. De esta manera logra encontrar su fortaleza y entiende que es ella quien construye la oportunidad rogada y pedida.

Hortensia vuela, finalmente es libre. ¿Quieres comprobarlo?…

*Angélica Pinzón Hernández es licenciada en idiomas, candidata a magíster en Estudios Literarios en el Caro y Cuervo.

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Abril
28 / 2021
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