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Los novios de Lucía: un atlas del amor contado en primera persona

La periodista y escritora Cristina Lucía Valdés escribió para Diners una autoentrevista sobre su tercer libro de ficción, Los novios de Lucía.

Foto: Ilustración: Juliana Prieto

La periodista y escritora Cristina Lucía Valdés escribió para Diners una autoentrevista sobre su tercer libro de ficción, Los novios de Lucía.

Justo en este instante, cuando empiezo a hacer el ejercicio de contestar algunas preguntas que yo misma me formulo sobre este libro, me doy cuenta de que no sé si seré capaz de entregárselo a mi padre, a quien va dedicado.

Podría entonces empezar preguntándole a Lucía –mi alter ego– por qué incluyó a su padre en un libro dedicado a los novios que ha tenido a lo largo de su vida, y de repente se me vienen a la cabeza otro montón de interrogantes. En principio, por qué contar su vida amorosa, a quién le interesa, por qué las historias son protagonizadas por Lucía y no por Cristina. Empecemos entonces, Lucía, a hacer este ejercicio de autoanálisis y desnudemos nuestros pensamientos.

* El libro Los Novios de Lucía lo puede conseguir en Wilborada 1047  y en la librería Lerner

Los novios de Lucía

¿Por qué la historia del padre en un libro de novios?

Empecé a escribir este libro en mi cabeza desde hace muchísimos años, cuando leí el Cuaderno de novios de Beatriz Caballero, una historia juvenil que me cautivó por su belleza y picardía. Imaginé que yo podría contar cómo se había trazado esa ruta amorosa tan particular que he tenido, de la mano de cada uno de los hombres de los que me había enamorado en distintas etapas de mi vida y que marcaron profundamente la forma en que me relaciono con los otros, la manera en que selecciono y decido amar a un ser en particular.

Una vez fueron tomando cuerpo cada una de las historias me di cuenta de que me hacía falta una ficha en ese rompecabezas que estaba armando. Y esa ficha era nada menos que mi padre. Porque después de tantas idas y venidas, y de hacer mi propio psicoanálisis, comprendí que mi padre fue mi primer amor o desamor.

Él fue el primer hombre de mi vida y también descubrí que era un enigma para mí, alguien a quien no había terminado de descifrar. Por eso decidí abrir el libro con su historia. Y también porque sentía que estaba en deuda con él, porque mis libros anteriores hablaban mucho de mi madre, mi hermana, mi abuela y mi tía, de todos mis arquetipos femeninos, pero no decían ni una palabra sobre él o sobre mi hermano.

Los novios de Lucía

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¿A qué se refiere cuando dice que su ruta amorosa es particular?, ¿acaso no lo son todas?

Bueno, es que yo volteo a mirar y, en efecto, aunque cada persona tiene su propio atlas del amor, como yo lo llamo, el mío está lleno de precipicios, valles, altiplanicies, pero al fin y al cabo es mío. Y vale la pena mencionar esto porque muchas veces nos avergonzamos de nuestras historias amorosas, por ridículas, efímeras, platónicas, y no nos detenemos a pensar que esa ha sido nuestra vida y que esas han sido nuestras elecciones. Y si elegimos mal, de todas formas es nuestra elección.

Yo no entro a juzgar si fue desacertado enamorarme del bohemio gigante que vivía al lado de la universidad en lugar de haberle hecho caso al juicioso que estudiaba Ciencias Políticas. Lo que este libro me permitió contar fue que así se dieron las cosas. Y que no puedo sentirme culpable porque hoy no tengo una familia convencional, con marido e hijos a bordo, ni porque he tenido no uno sino varios amores importantes. Y ese es también un camino posible, una manera de existir.

¿Fue doloroso escribir este recuento amoroso?

Fue un ejercicio de alivio y catarsis, pero también implicó sentarme a observar el dolor que tuvo cada historia, porque aunque Cristina crea ser una persona racional y práctica, Lucía es la impulsiva y la que se tira al agua sin salvavidas. La que se trepa a la montaña sin pensar cómo se bajará. Y a cada historia le hice su duelo porque dejé una parte de mí en cada uno de esos amores. Cuando una historia de amor termina, uno queda como suspendido en un espacio difícil de describir, como flotando en la nada y, en mi caso, vengo a procesar lo ocurrido mucho tiempo después. Y la escritura me ha ayudado en todo este camino de narrar esas vivencias.

Libro

¿No le dio un poco de pudor con sus novios hablar de ellos y ventilar su historia? ¿Cómo se traza esa frontera entro lo real y lo que es ficción?

En la introducción que hago en el libro digo que se trata de un ejercicio de autoficción, un subgénero que permite combinar las vivencias reales con la ficción o, más bien, una excusa para contar estas historias. De todas formas, la narración es siempre un acto subjetivo.

Lo que escribimos son pedazos de memoria que transformamos y procesamos en nuestro cerebro y que luego están atravesados por el corazón y los sentimientos y eso que plasmamos es muy nuestro. Es nuestra interpretación de lo que nos ocurrió y no significa que necesariamente haya sido así para el otro.

Pero, retomando su pregunta, en el libro los personajes son eso, personajes, no son los hombres de carne y hueso que conocí. Muchos de ellos ignoran incluso que aparecen “ficcionados” en un libro. Lo que digo sobre cada novio habla más de mí que de ellos. Es en esencia la mirada de una mujer a los hombres de los que decidió enamorarse. Y no hablo de una decisión consciente porque el amor, aún después de tanto que se ha escrito sobre él, no sabemos cómo funciona y eso es lo hermoso.

¿Cuál fue la historia más difícil de contar?

Puedo decir que este libro se demoró en salir aunque, como precisé, ya estaba escrito en mi cabeza, porque recordar detalles del pasado no es asunto fácil y menos si se trata de rupturas amorosas. No es que uno se siente a escribir y diga: “!Ya está!”, y por arte de magia aparezcan las historias. Es sentarse a recordar detalles, vivencias, a rememorar a otro que ya no está y uno tampoco está en ese espacio, eso produce cierta nostalgia. Con esto quiero decir que no fue un ejercicio fácil y que me costó mucho trabajo. Pero también puedo señalar que las historias más placenteras de escribir fueron las del amor virtual, el pastelero y el platónico.

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Cristina Valdés: autora

¿Omitió algún novio?

(Risas) Esa pregunta me la han hecho muchas veces las personas que me conocen. Hubo un par de historias que empecé y no pude terminar. No supe cómo abordarlas, no se dieron (como en la vida real). Pero más allá de esto, y como me lo hizo ver mi editora, lo relevante no era el personaje en cuestión sino lo que inspiraba. No importa quién sea el pastelero o el profesor de yoga o si existió de verdad; lo que importa es que millones de mujeres y hombres se enamoran día a día de sus primos, de sus amigos, de los guapos del colegio o la universidad, de los compañeros de trabajo (o de sus jefes) y que eso es lo que les da universalidad a estas historias.

Muchos de los que han leído sus dos libros anteriores sienten que sus historias, además de ser muy personales, son muy escuetas. ¿Por qué?

Sí, no sé si eso sea un defecto o una virtud, pero es lo que heredé de mi trabajo como reportera económica: ir al grano, ser directa, no edulcorar ni adornar. Y, en efecto, el libro es una compilación de relatos breves que pueden leerse de una sentada. Una amiga muy cercana me dijo que había quedado con hambre después de leerlo; que había querido saber más de esos novios. Yo hago un esfuerzo enorme cuando empiezo a diseccionar un recuerdo y trato de ser precisa y puntual. Como dice la canción: “lo que hay es lo que ves”.

¿Tiene otro libro en mente?

Sí, ya lo estoy perfilando. Y aunque esta cuarentena ha podido ser el tiempo propicio para escribirlo, no me he sentido capaz. Solo sé que voy a desempolvar mis habilidades de reportera y empezaré a seguirle las huellas a la historia de un personaje muy importante en mi familia, la tía que tanto quise y que tan poco conocí, y su hermana, que es mi mamá.

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Septiembre
09 / 2020

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