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"La indiferencia está matando al arte", Eugenio Viola

El curador jefe del Museo de Arte Moderno de Bogotá, responsable de definir el enfoque cultural y artístico de esta institución, conversó con Diners sobre sus objetivos y los desafíos que enfrenta en su labor, que no ha estado exenta de controversia.

Foto: Camilo Ponce de León

El curador jefe del Museo de Arte Moderno de Bogotá, responsable de definir el enfoque cultural y artístico de esta institución, conversó con Diners sobre sus objetivos y los desafíos que enfrenta en su labor, que no ha estado exenta de controversia.

Aunque en Colombia hay cada vez más curadores, y el término se utiliza con frecuencia en artículos sobre arte, ferias y exposiciones, pocas personas entienden exactamente de qué trata este oficio. No solo porque abarca una gran cantidad de funciones –que no aplican en todos los casos–, sino porque muchas veces se asume que el rol se limita a elegir las obras que conformarán una muestra.

Por eso, resulta interesante remitirse a la etimología de la palabra, que viene del latín curator o curatoris y significa ‘el que cuida’. Aunque este concepto es amplio y se ha transformado a través de los años, el principio siempre ha sido el mismo: velar por la integridad de una obra, una colección, un colectivo o un objeto. Este es el compromiso de Eugenio Viola, italiano de 44 años que asumió el reto de darle nueva vida al Museo de Arte Moderno de Bogotá, una de las instituciones culturales más representativas del país.

“Mi objetivo es reposicionar esta institución a escala local, nacional e internacional. Esto incluye apoyar a los artistas colombianos al poner su trabajo en un contexto internacional. Por ejemplo, cada vez que tengamos una exposición de un artista nacional, buscaremos mostrar su obra en relación con la de un artista de afuera”, explica Viola, quien gracias a la propuesta que presentó con un programa tentativo para los próximos cinco años, fue elegido entre las 57 personas que aplicaron para la posición en el MAMBO.

Aunque algunos consideran arriesgada la movida del museo, otros la ven como la oportunidad de traer una nueva mirada a la escena del arte local. Los cuestionamientos no se hicieron esperar: ¿qué tan familiarizado está con la producción y tradición artística colombiana?, ¿afectará su desempeño el hecho de que no domine el español?, ¿se verá reflejada en el programa cultural su especialización en performance? Con una sonrisa y mirada tranquila, mientras admira la vista del Parque de la Independencia desde la biblioteca del museo, responde, en inglés, las inquietudes que ha suscitado su nombramiento. Concede que son válidas y entendibles.

Una propuesta disruptiva

En Colombia estuvo por primera vez en 2011, cuando se desempeñaba como curador de Madre, el Museo de Arte Contemporáneo de Nápoles, y organizaba un festival de performance, que ese año fue dedicado a mujeres artistas radicales de Latinoamérica. En su búsqueda conoció e invitó a la bogotana María José Arjona –quien trabajaba con la serbia Marina Abramovic en Nueva York– a participar en el festival en Italia. Luego, ella lo invitó a Bogotá, donde presentó su obra en el espacio NC Arte del barrio La Macarena. Así comenzó su relación con el país y con artistas y personalidades del medio local. Desde entonces ha regresado varias veces.

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“Tengo un interés y una sensibilidad especial por el arte latinoamericano, encuentro que es la mejor manera de aproximarse a conocer la problemática, cultura e idiosincrasia de estos países y verla desde otra perspectiva”, explica Viola, quien inauguró su programa en el MAMBO con la exposición Estorbo, de Teresa Margolles, artista mexicana que a través de fotografía, video, instalación y performance, denuncia la crisis migratoria de ciudadanos venezolanos hacia Colombia.

“En este país hay artistas maravillosos, y esto responde en parte a las coyunturas sociales y políticas que se han vivido en los últimos cincuenta años. El arte reacciona de manera interesante y produce trabajos que van más allá de las contingencias. Es el caso de Doris Salcedo, he aprendido mucho de ella y a través de su trabajo me he enterado de las atrocidades que han sucedido aquí. Su obra trasciende el contexto local para convertir su discurso, su denuncia, en una problemática que tiene visibilidad y relevancia universales”.

Frente a la preocupación que tienen algunos, de que habrá mucha performance en el MAMBO, asegura que trabaja con todos los medios. “Soy un estudioso de los nuevos medios y de la performance. Me gusta porque es más directa, puedes interactuar y sentir cosas diferentes. No es una sorpresa que los pabellones que ganaron leones de Oro en las últimas bienales de Venecia lo hayan hecho con proyectos de este tipo”.

Del barroco al contemporáneo

No obstante, está convencido de que en el programa del museo debe haber un balance entre diferentes medios, estilos y épocas. De hecho, su próximo proyecto es una muestra del pintor caldense David Manzur, y su propuesta rompe los esquemas con los que se trabajaba en la institución. “No será una retrospectiva, quiero mostrar su obra de una manera completamente diferente. Tras estudiar su trayectoria, considero que siempre ha sido un pintor barroco, aun cuando manejaba la abstracción, y mi idea es destacar los caminos paralelos entre trabajos viejos y nuevos”.

Otros dos componentes aportarán una dimensión novedosa a la exhibición. Por una parte, se establecerá un diálogo entre las pinturas de Manzur y algunas de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos (Santafé de Bogotá, 1638-1711). “Encontramos que en los últimos 45 años del trabajo de Manzur existen referencias directas a la historia del arte, por eso decidimos incluir esas pinturas del Siglo de Oro. Las mostraremos en un espacio denominado La Gran Galería y las colgaremos como lo hacían en las antiguas cuadrerías italianas, los ancestros de los museos”.

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Asegura que esto aportará el valor de la instalación a la muestra –en cada exposición, las salas del museo se transformarán de acuerdo con la propuesta curatorial– y le dará un carácter contemporáneo. A propósito, explica que considera “que todo el arte es contemporáneo, incluso las obras egipcias y griegas, porque fueron contemporáneas en el momento en que se crearon, y vuelven a serlo a través de tu mirada, y lo que significan para ti”.

Esta visión será reforzada por la exhibición de la artista polaca Eva Juszkiewicz, que tendrá lugar en el sótano, y representa la parte más subversiva del discurso. “Ella, sesenta años menor que Manzur, y proveniente de un contexto social y cultural completamente diferente, tiene la misma aproximación surrealista al arte, y pinta con óleo sobre lienzo”, explica Viola, quien espera con este ambicioso montaje mostrar su sello curatorial y su apuesta por darle un giro al museo. “Creo que será interesante para el público colombiano ver el trabajo de Manzur desde otra perspectiva”.

Activista del arte

Pero esto no es suficiente para él, y asegura que su misión va más allá de elegir qué y cómo se exhibe en el museo. En su agenda hay varias tareas. “Me considero un ‘artivista’, quiero lograr cosas a través de mi trabajo. Mi aproximación a la curaduría tiene un enfoque social y cultural, y creo que aquí hay mucho por hacer. Eso me parece emocionante”. Por una parte, quiere ayudar a establecer una red para fortalecer el relacionamiento y el trabajo en sinergia entre las instituciones culturales nacionales y de Latinoamérica. “Creo que el sistema del arte en Colombia está un poco débil, no hay muchas galerías que estén haciendo un trabajo con proyección al exterior, y esto dificulta que los artistas prosperen”.

Así mismo, tiene la idea de crear un centro comunitario, que acoja a las personas, un lugar donde puedan interactuar y familiarizarse con el arte. “El museo está ubicado en un punto crítico de la ciudad, me gustaría utilizarlo como una herramienta de regeneración cultural y social del área”, añade este napolitano, que con tan solo seis meses en Bogotá ya se siente como en casa.

A pesar de algunas voces de resistencia a su nombramiento, Viola se ha sentido bienvenido. “Acepto todas las críticas, incluso las reacciones negativas. Lo importante es que haya una reacción, no importa cuál sea. La indiferencia está matando el arte. Lo está matando todo. Por eso debemos luchar para lograr reacciones e interacciones”.

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Noviembre
12 / 2019


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