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Marcela Mar es Blanche Dubois en Un tranvía llamado deseo

Hasta el 27 de octubre se presenta en el Teatro Colón de Bogotá Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams. Diners conversó con la actriz que le da vida a su protagonista, una mujer en busca de la salvación.

Foto: Gabriel Carvajal / Vestido: Virgilio Madinah / Maquillaje y peinado: Alejandro Delgado

Hasta el 27 de octubre se presenta en el Teatro Colón de Bogotá Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams. Diners conversó con la actriz que le da vida a su protagonista, una mujer en busca de la salvación.

El 3 de diciembre de 1947 se estrenó en Broadway Un tranvía llamado deseo, una obra del dramaturgo estadounidense Tennessee Williams, que le valió el premio Pulitzer al año siguiente. La historia, dirigida por Elia Kazan, gira en torno a Blanche DuBois, una atormentada aristócrata venida a menos, que busca refugio en la casa de su hermana Stella, quien vive en un patio con otros inmigrantes y con su esposo, Stanley Kowalski, un rudo y varonil obrero polaco, que lleva al límite la frágil mente de Blanche.

Los integrantes de este triángulo fueron Jessica Tandy (Blanche), Marlon Brando (Stanley) y Kim Hunter (Stella). La obra estuvo dos años en cartelera y Tandy obtuvo un premio Tony. Cuatro años más tarde, el mismo Kazan la llevó a la pantalla grande. Tandy fue reemplazada por Vivien Leigh, la misma que le dio vida a Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó. Brando y Hunter repitieron y la cinta ganó cuatro premios Óscar, entre ellos el de mejor actriz.

Así fue el inicio de la larga vida de Blanche DuBois, uno de los roles femeninos más icónicos y que ha sido interpretado por actrices de la talla de Rosemary Harris, Glenn Close y Cate Blanchet.

A Colombia regresa esta vez al Teatro Colón de Bogotá y DuBois será interpretada por Marcela Mar, bajo la dirección escénica de Diego León Hoyos, la dirección de arte de Laura Villegas y la música original de Josefina Severino. El reparto lo completan Angélica Blandón, Juan Pablo Urrego, Héctor Sánchez, Gloria Gómez y Alberto Saavedra.

Se trata de una versión contemporánea, en donde se eliminan las referencias a la Nueva Orleans de los años cincuenta; la única que vive en el pasado es DuBois, quien por su forma de vestir y su peinado remite inevitablemente a esa época. “Para la obra se contempló un diseño atemporal y ecléctico que da vida a un apretado piso de 60 metros cuadrados, un fragmento de inquilinato situado en una antigua casa que aún guarda un aire de esplendor, delimitado no por sus paredes sino por los objetos básicos necesarios para sobrevivir”, explicó en la rueda de prensa la directora de arte, Laura Villegas.

¿Por qué montar Un tranvía llamado deseo hoy? Diego León Hoyos le dijo a Diners que la obra habla sobre una circunstancia totalmente universal y es el declive de una clase dirigente que ve cómo se desvanecen su vanidad y sus privilegios ante el empuje y el nacimiento de unas nuevas realidades, una economía pujante de inmigrantes, una codicia absolutamente despiadada, una grosería y una falta de modales. Un nuevo mundo. “La verdadera razón para montarla es que Tennessee Williams es uno de los dramaturgos más importantes del siglo XX. Si uno quiere de verdad entender el siglo XX tiene que consultar el espíritu de Williams. Y quiero subrayar la importancia de los clásicos. La única manera de construir una poderosa cultura nacional es consultándolos”, asegura.

La mujer detrás de Blanche

La actriz Marcela Mar escogió su apartamento ubicado en la Circunvalar, en lo alto de Bogotá, para hablar sobre su nuevo reto actoral. Yvo, su pequeño gato bengalí de cinco meses, merodea, se mueve por todo el espacio y analiza al intruso. Ella, mientras tanto, sencilla y descomplicada, prepara un té de jengibre para calentar la fría tarde bogotana.

Marcela empezó sus estudios de actuación a los ocho años en el Teatro Nacional, con Fanny Mikey como maestra. Pero su descubridor fue Pepe Sánchez en el casting de la serie Espérame al final, protagonizada por Alejandra Borrero. Sánchez le dejó la mejor lección cuando le dijo que si quería ser actriz debía saber que lo más importante es ser una buena lectora y saber escuchar.

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Al terminar el colegio quería estudiar algo relacionado con Humanidades, como Literatura o Bellas Artes, pero la situación económica no era la mejor. En ese momento, por cosas del destino, se ganó el casting para la serie Sin límites, y ahí despegó su carrera. Es recordada por series como Marido y mujer, Pedro el Escamoso, Todos quieren con Marilyn; por películas como Satanás y El amor en los tiempos del cólera y por obras como Dos hermanas, dirigida por Fabio Rubiano. Luego de una exitosa carrera dejó de hacer telenovelas porque se sintió bloqueada y agotada con el esquema de trabajo y surgió una nueva faceta: la de productora.

En 2014 compró los derechos de Venus en piel y llamó a Fabio Rubiano para que la dirigiera. “Hicimos una temporada exitosísima en el Teatro Nacional La Castellana, con más de 150.000 personas en dos meses y medio”. Su siguiente producción fue Constelaciones, que se presentó en un escenario poco convencional: el Planetario Distrital. Repitió fórmula con Fabio Rubiano e invitó al director Sandro Romero. En ese montaje actuó junto a Angélica Blandón, su actual compañera en la obra, pero en esa ocasión eran pareja, no hermanas.

Arriba del tranvía

Marcela no había tenido la oportunidad de encarnar a DuBois, por eso, cuando la llamaron para formar parte del proyecto aceptó de inmediato. En ese momento iniciaba la promoción de Frontera verde, una serie de Netflix que sucede en el Amazonas. Allí interpretaba a la hermana Raquel, religiosa cuyo rasgo principal es una fe que raya en el fanatismo.

Empezó a leer la obra de Tennessee Williams y a investigar sobre la vida del autor. Salieron a flote aspectos como su homosexualidad, y el hecho de que su último amante fuera un mexicano hace que en Un tranvía llamado deseo se muestren varios guiños a esta cultura.

Luego se centró en la obra. Para ella el tema principal es la reflexión sobre una mujer que no acepta su situación. Llega a la casa de su hermana en busca de una oportunidad para salir adelante, y allí choca profundamente. Pero también hay otros temas relevantes, como la violencia física, psicológica y emocional, que se evidencia en las relaciones de Stella y Stanley y en la de sus vecinos. Otro aspecto es la pérdida, que no se reduce al dinero, sino también a la de los familiares, ya que DuBois entierra a sus seres queridos. Y el tema del dinero está amarrado a las clases sociales, una élite en desgracia, y los proletarios, que terminan conviviendo por cosas de la vida en un mismo techo. También está ese universo de pasiones que agrupa sentimientos como el amor, el deseo, la pasión, la locura y la lujuria, que toca a todos.

Posteriormente, llegó a Blanche y encontró que era una mujer esnobista, clasista, arribista, por momentos patética y ridícula, que se niega a aceptar su realidad; pero por otro lado, es una mujer sensible, que de pronto creció rodeada de gente extremadamente dura. “En el fondo hay una vulnerabilidad de mujer alcohólica, que se resiste a vivir en el mundo real y que por defensa propia construye todo un imaginario”.

Creando su universo

Para iniciar el proceso de construcción del personaje utilizó sus “tableros de inspiración” en Pinterest, donde guarda imágenes que le sirven en la creación de sus papeles. Tomó como referencia a actrices de los años cincuenta, y guardó imágenes de divas como Marilyn Monroe, Rita Hayworth y, por supuesto, Vivien Leigh.

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Marcela quería que su personaje fuera pelirroja porque pensaba que visualmente podía ser interesante y, al mismo tiempo, quería hacer un homenaje secreto a Fanny Mikey, quien la interpretó años atrás.

¿Qué tienen en común? Es enfática al afirmar que nada. Para Marcela, Blanche es una mujer que vive en una negación de la realidad, que no acepta que tiene 40 años, se siente vieja y ese es otro conflicto interior. “Soy una mujer con los pies en la tierra, muy clara de mi lugar aquí, felizmente casada, una madre realizada y me siento a gusto con los 40 años que tengo”.

Para ella, el reto está en hacer de Blanche una mujer encantadora, pese a ser clasista, racista y narcisista, y lograr que al público le importe cómo se le va rompiendo el corazón y cómo se va derrumbando por dentro.

Solo por hoy

En la actualidad, la vida de Marcela transcurre entre Bogotá y Medellín, ya que su esposo, el chef Pedro Fernández, con quien contrajo matrimonio este año, tiene su taller de cocina en la capital antioqueña.

Emiliano, su hijo, decidió seguir sus pasos, dedicarse a la actuación y estudia con Juan Carlos Corazza, otro de los maestros de Marcela. Ya hizo su debut en la película Pickpockets, dirigida por Peter Weber y con la actriz Natalia Reyes (Pájaros de verano). Marcela interpretó el papel de su madre en esta cinta y, además, fue su coach. Afirma que resultó una experiencia maravillosa.

Sobre sus planes hacia el futuro, comenta que solo tiene cabeza para esta obra. Hay un proyecto entre manos, pero reitera que por ahora vive el presente. Y todavía no sabe dónde será la próxima parada.

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