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Ricardo Silva entrevista a Ricardo Silva

El escritor y columnista bogotano decide entrevistarse sobre el arte de escribir, las buenas prácticas de un lector y el secreto para salir bien librado de la prensa.

El escritor y columnista bogotano decide entrevistarse sobre el arte de escribir, las buenas prácticas de un lector y el secreto para salir bien librado de la prensa.

Yo como Ricardo Silva entrevisté a mi sombra hace diez años en el noticiero de los viernes. Podría defenderme diciéndome que no fue idea mía, que fue a mi amiga Rocío Arias, en ese entonces una valiente voz en Noticias RCN, a quien se le ocurrió que –ya que yo estaba promocionando una novela sobre un hombre que amanece convertido en otro– por medio de un juego de luces y de cámaras le hiciera preguntas sobre el arte de escribir y otras cosas, a algo así como “mi espectro”.

Podría justificarme igual que un político al que le han encontrado una foto con un empresario de dudosa reputación: “yo no fui”, “fueron ellos”, “fue un montaje”. Pero la verdad es que lo hice. Que en un arrebato de dignidad, dispuesto a preservar una pequeña parte de mi “yo no me dejo comprar, yo no me vendo”, me negué rotundamente a tutear a mi sombra con el argumento de que yo nunca me he tuteado. Y que salí de esos estudios con una pregunta que hasta hoy no he podido responderme. Y que es la primera que me hago ahora que ha llegado el momento de presentar mis dos novelas nuevas: Comedia romántica y El Espantapájaros.

¿Debería Ricardo Silva escribir entrevistas a la hora de presentar sus novelas?

Cada cual hace sus cosas. Pero yo diría que, salvo que sea en un jacuzzi, no. Supongo que en parte lo digo porque no me atrevería a decir de mí mismo que soy serio. Y porque el reto de una vida es justamente no tomarse a pecho. Pero sobre todo porque, con el paso de los libros, me he dado cuenta de que las ganas de no ser entrevistado son tan ridículas y tan vanas como las ganas de ser entrevistado. Yo sé que usted sabe que, como me la paso entre mi trabajo, mi familia y mis amigos, no me pasa nada si no me paran bolas.

Que si me entrevistan me siento bien. Y si no, también. Yo sé que usted ha sido testigo de que sin embargo agradezco muchísimo que alguien quiera entrevistarme, que en verdad he aprendido a valorar la generosidad inmensa que mueve a las personas que se interesan por las cosas que hago. Ya no me da vergüenza contarle a la gente que voy a sacar dos libros nuevos. Ya sé, quizás gracias a Twitter y a Facebook, que es lo mismo que hacen los zapateros con los zapatos: ponerlos en la vitrina.

¿Ser parte de Twitter y de Facebook, saber, como nunca antes, qué piensa la gente de lo que usted escribe, le ha afectado de alguna manera?

Yo he seguido escribiendo lo que se me ocurre como se me ocurre. Ni modo. Pero sí, Twitter y Facebook me han afectado porque no solo me han recordado que lo mejor de la literatura es que es una relación de igual a igual, sino que me han dado la impresión de que la gente es capaz de una bondad que suele darse por perdida:

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Aún hoy, en estos tiempos en que los blogs, el Photoshop y los programas de mezclas de sonido invitan a intervenirlo todo, la gente que uno se encuentra en Twitter y en Facebook parece estar en la capacidad de resignarse felizmente a la obra de otro.

Las redes sociales les dan a sus usuarios un poder, la voz, que como cualquier poder tiende a corromper a quienes no estén preparados para llevarlo a cuestas. Por las redes sociales viajan muchos enemigos de sí mismos que se conceden, por ejemplo, el derecho a acosar a los que no les gustan.

¿Puede Ricardo Silva escribir una queja por las redes sociales? Yo salgo a Twitter o a Facebook como cualquier tipo de otro siglo que sale a dar una vuelta por el barrio. Y por el camino suelo encontrarme con vecinos que no tienen ningún problema a la hora de decir “me gusta lo que escribe”.

La idea es que estas dos novelas nuevas que vienen juntas y en las que ha trabajado desde hace tres años, Comedia romántica y El Espantapájaros, lleguen a más y más vecinos. ¿Qué no está dispuesto a hacer para ello?

Tutearme en esta conversación conmigo mismo. Decirme a mí mismo por mi nombre como quien se dice en el espejo “Juan: tienes que adelgazar”. Uno de los más grandes orgullos de mi vida es el de no haber cedido a la tentación de responder “qué buena pregunta, Ricardo” durante esta inteligente entrevista.

¿Qué sí está dispuesto a hacer?

Al decir que Ricardo Silva puede escribir Comedia romántica, una conversación entre un hombre y una mujer que sospechan que siempre han estado enamorados, con la esperanza de inventarme un libro que ponga feliz sin sacrificar inteligencia. Y que apenas lo terminé sentí que para equilibrar las fuerzas, para que el optimismo viniera de la constatación del horror, aquel diálogo esperanzador tenía que venir acompañado de un relato brutal de la violencia que, sin embargo, fascinara como esas pinturas que describen el infierno.

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Y escribí esta matanza que se llama El Espantapájaros y que está llena de vida y llena de los testimonios de la guerra que sin saber había estado recogiendo en los últimos tres años. Yo, mejor dicho, quiero que se sepa que escribí estas dos novelas con todo lo que he sido y todo lo que he visto en estos tres años: que la suma de las dos, Érase una vez en Colombia, escribir es la pequeña vida del amor como respuesta a la violencia. Eso lo puedo decir. No me siento ni vendido ni comprado diciéndolo, Ricardo.

El artículo Ricardo Silva entrevista a Ricardo Silva se publicó originalmente en Revista Diners de octubre de 2012

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Mayo
29 / 2021

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