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Rafael Baena, adiós a un maestro

El escritor, periodista y fotógrafo, Rafael Baena, falleció el pasado lunes.

Foto: Amalia Carrillo/Cortesía Alfaguara

El escritor, periodista y fotógrafo, Rafael Baena, falleció el pasado lunes.

Hace exactamente veintitrés días le escribí un correo a Rafael Baena. Desde hace varios meses no hablaba con él, pero siempre, a pesar de la distancia, manteníamos el contacto. Como teníamos muchos amigos en común, sabía en qué andaba, qué había escrito y cómo estaba su salud. ‘Rafa’, como solía llamarlo, fue mi jefe, mi editor y un excelente ser humano que me enseñó mucho del oficio periodístico.

En nuestro último correo le escribí un resumen de lo que había acontecido en mi vida y le hice una pequeña petición: quería noticias suyas. Treinta minutos más tarde tenía su respuesta en mi bandeja de entrada. Y al día siguiente, sorpresivamente me llamó. Conversamos un buen rato, me habló de su más reciente novela, La guerra perdida del indio Lorenzo, de nuestros amigos en común, de lo que estaba haciendo. Antes de colgar quedamos en vernos pronto. Un pronto que no pudo hacerse realidad.

Aunque no nos vimos, me quedo con su recuerdo intacto. Su voz, siempre ronca; su particular humor, su franqueza, su integridad a prueba de todo, y su gran destreza para escribir. Lo conocí hace más de una década. En 2003 llegó como coordinador editorial a la sala de redacción de la revista Credencial. Al comienzo, estaba desesperado porque venía del ritmo frenético de un periódico y la calma de una revista mensual lo ponía nervioso. Pero, con el paso del tiempo, se fue acostumbrando.

Recuerdo perfectamente que la primera vez que salimos a cubrir algo juntos fue una entrevista que le hicimos al Ministro de Agricultura de ese entonces, Carlos Gustavo Cano. Él tomó las fotos en la oficina de Cano y yo le hice la entrevista. Aquella tarde hablamos mucho del trabajo y de la vida. A los pocos meses renuncié y me fui a estudiar fuera del país, pero gracias a su apoyo incondicional publiqué muchas historias en la revista. Tengo decenas de correos con sus comentarios, siempre amorosos y precisos, alentándome a escribir y a buscar más personajes.

Luego, cuando su enfermedad pulmonar se complicó, Rafa se retiró de la revista y se dedicó de lleno a escribir novelas históricas, con excelentes comentarios de la crítica. “Sí, por acá ando dizque de escritor (…)”, decía una de las frases de su último correo. La verdad es que el periodismo y las letras colombianas no solo perdieron a un gran periodista y escritor, perdieron a un gran ser humano, generoso como pocos y con un gran corazón. Buen viento y buena mar. Aquí muchos lo vamos a extrañar.

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Diciembre
18 / 2015

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