SUSCRIBIRME

En pos de la perfección: Rafael Puyana

Con motivo del fallecimiento la semana pasada del maestro Rafael Puyana, rescatamos de nuestro archivo este perfil que publicó Revista Diners en 1971.

Con motivo del fallecimiento la semana pasada del maestro Rafael Puyana, rescatamos de nuestro archivo este perfil que publicó Revista Diners en 1971.

Una vez más, a finales del año, Rafael Puyana regresó a Colombia, a su ambiente hogareño, al mismo cuarto de su infancia, a practicar en el clavicímbalo que su familia cuida con veneración y que preside uno de los principales salones de la casa de Bogotá. Después de un año entero de continuos conciertos, cursos sobre música antigua y trabajos de investigación, de viajes a lo largo y ancho de Europa y EE. UU., el artista retorna a su patria con ilusiones de descansar. “El ritmo de vida de nuestro país me permite preparar nuevos proyectos. Aquí todavía se puede pensar, reflexionar, meditar”, declaró a poco de su llegada.

Sin embargo, en esta ocasión Puyana cumplió un intenso programa de trabajo que fue una delicia para los amantes de la música, pero que a él no le dejó un minuto de descanso. Puyana llegó al país acompañado por otros dos famosos intérpretes, el flautista francés Maxence Larrieu y Jordi Savall, un joven músico catalán dedicado a la viola de gamba, un instrumento cuyo auge corresponde aproximadamente a la misma época del clavicímbalo en la historia de la música. Previamente se había programado una temporada de conciertos que constituyó un verdadero acontecimiento por su calidad e importancia, la cual comenzó en la sala Luis Angel Arango y terminó en el Colón, después de pasar por las salas de Medellín y Cali, con ocasión del Festival de la Cultura.

Así, el público colombiano tuvo el privilegio de escuchar el ciclo completo de las Sonatas de Bach para flauta acompañada, cuya grabación –por el mismo trío- mereció hace dos años el Grand Prix du Disque en Francia. Puyana ofreció además un recital en la casa de San Carlos ante el presidente, su familia y un grupo de invitados especiales. Todo esto sin contar un curso sobre música antigua dictado a los alumnos del Conversatorio de la Universidad Nacional de Bogotá.

“…YO NO SE DE MUSICA…”

Cada nuevo viaje de Rafael Puyana al país es un testimonio del avance en el proceso de la rigurosa formación estética en que el artista está empeñado y que prosigue sin pausa. Su cabeza hierve de proyectos y su modo de vida es el un trabajador infatigable que cuando no está absorto en el estudio está elaborando planes o a bordo del avión o del automóvil que lo lleva al lugar de su próximo concierto. Sus familiares y amigos en Bogotá encuentran siempre en Rafael la misma afabilidad sonriente, la voz suave pero firme en sus convicciones y la mirada penetrante que a veces se hace un poco nostálgica. Pero como sucede en estos casos, no acaban de acostumbrarse a que el compañero de juegos o el amigo de infancia se haya convertido en plena juventud, en un personaje de deslumbrante prestigio en el ámbito internacional de la música, que se pasea con familiaridad por las más difíciles salas de concierto del mundo y cuya talla como ejecutante y conocedor del clavicímbalo probablemente no tiene ningún equivalente en la actualidad. Príncipe de los virtuosos del clavicímbalo, lo ha llamado entre otros elogios la crítica de Londres, la misma que en los primeros años dudó del derecho que puede asistir a un suramericano para tocar música del Renacimiento y hoy lo aclama y lo solicita con la misma asiduidad que el resto de las principales salas de Europa.

Lo cierto es que Rafael Puyana es dueño de una impresionante personalidad multifacética, que le permite moverse con soltura por diversos campos culturales. Hace dos años, un periódico bogotano publicó una entrevista en la cual se había convenido hablar de todo, menos de música, estética, política y sociología, que demostraron su vivo interés por todos los aspectos de la realidad que lo rodea. Habló sobre la llegada del hombre a la Luna, sobre el progreso de la tecnología, el problema del artista en el mundo moderno, las dificultades del arte en América latina, la música rock, el fenómeno hippie y la sociedad de consumo. En aquella oportunidad, Puyana comenzó por decir: “Yo no sé de música”. Más adelante aclaraba: “La música obliga a un perpetuo aprendizaje. Hay mucha gente que cree saber de música, pero son muy pocos quienes en realidad saben. Para hacer música hay que saber de música. Lo contrario sería como hacer literatura sin saber gramática o sin saber leer o escribir”

Vea también: "Deje de buscar frases motivacionales para madurar emocionalmente"

UNA CARRERA EN POS DE LA PERFECCION

Aunque parezca obvia, la frase no lo es. Por el contrario, se trata de una verdad profunda que enmarca la ardua labor que se ha propuesto Rafael Puyana y que le ha dado renombre de joven erudito, al igual que de intérprete cuyo rigor y precisión son inigualables.

Quien pretenda acercarse siquiera a la índole de esta labor, tiene que descartar toda idea tradicional sobre la imagen de un intérprete musical. Antes que la imagen de un genio o un artista intocable y temperamental que ha alcanzado una envidiable maestría en el dominio de un instrumento, Rafael Puyana prefiere considerarse como un trabajador en el terreno de la cultura, dedicado a una producción concreta, a la producción de la música para el clavicímbalo, (*) en especial hasta la época de Bach. En consecuencia, ya no bastan las horas consagradas al ejercicio y a la práctica del instrumento, al empeño de conseguir una habilidad digital lindante con la perfección. La perfección que persigue Puyana rebasa ampliamente la pura técnica exterior y convencional para internarse en los predios de la ciencia de la estética musical y de la historia de la música.

Actualmente, el interés del clavicimbalista está concentrado en hallar la técnica exacta y precisa que requieren la música antigua y barroca para su fiel y adecuada ejecución. Sus investigaciones minuciosas, que le han llevado largas horas, días, semanas o meses sumido en manuscritos conservados en la Biblioteca Nacional de París o Nueva o Nueva York en el British Museum de Londres entre otros lugares, le han revelado que la música de épocas pasadas ha sido interpretada en los tiempos modernos con modalidades extrañas a su propia índole, ligadas más bien a los hábitos de la época de cada ejecutante. Las investigaciones han puesto en claro que la digitación que inclusive empleaba Bach, era enteramente distinta a la moderna – no se usaba, po ejemplo, el pulgar de la mano derecha. Esta técnica causa naturalmente ciertas alteraciones de cadencia, que hacen que la interpretación a la manera moderna, modifique la propia estructura rítmica de la música y la haga falsa y equívoca. Cuando se escudriñan textos y tratados se descubre que existías ciertas modalidades de interpretación no explícitas que caracterizaban decisivamente el estilo de cada momento, de cada sociedad o de cada compositor, que podían aludir a la ornamentación o a los acentos específicos de cada obra.

En este orden de ideas, Puyana ha logrado darle un insólito sentido de autenticidad a la música de su predilección y los conocedores más perspicaces de Europa y EE. UU. Han aplaudido asombrados su talento y sus logros. Así, por ejemplo, el primer movimiento de la Sonata en La Mayor BWV 1032 que existe en forma fragmentaria, ha sido reconstruido por él de manera absolutamente irreprochable. Aparte de sus estudios exhaustivos de la obra de Bach y otros contemporáneos, Puyana es considerado como un experto en música española a partir de Falla, pasando por Herrando o Soler en el siglo XVIII, hasta autores del siglo XVI como Pujol, Correa de Araújo o Antonio de Cabezón. El mismo escribe las notas introductorias o explicativas, lo mismo en las carátulas de sus discos que en los programas de los conciertos, lo cual revela un afán de rigor y exactitud siempre presente a lo largo de su obra.

Cuando alguien lo interroga, sobre los orígenes de esta afición fervorosa por la música antigua, Puyana se queda pensativo. Por fin responde: “Ante todo está la atracción que ejerce Bach, que sin duda es una cumbre, un imán necesario para todo músico. Creo que si el arte de cada época suele reaccionar contra lo inmediatamente anterior, nuestro rechazo va dirigido al siglo XIX, a Wagner y a todo lo que le circunda. Buscamos hacia atrás en el tiempo, encontramos a Bach y a Scarlatti y a los de más, y el deseo de seguir es irreprimible. Es difícil detenerse. De ahí se llega a la primera polifonía y por fin a los gregorianos. Y entonces comienza un vértigo ante el misterio de lo desconocido, ese temblor que precede a lo insondable de la noche de los tiempos… Sospecho que es preciso detenerse, frenar esa obsesión de encontrar las fuentes, la clave del misterio…”

UNA CABEZA LLENA DE MUSICA

Por lo pronto, pese al cansancio y a la fatiga, es probable que Rafael Puyana vuelva a Colombia para sus vacaciones a mediados del año. El programa de trabajo es intenso y se reparte al igual que en los últimos años, entre el asedio de los conciertos y las grabaciones de discos con las casas más afamadas del mundo. Esto además de los cursos e investigaciones que constituyen una parte esencial de la labor que no puede soslayarse en ningún momento.

Así, para este año proyecta en los primeros meses, la grabación de un ciclo de sonatas del Siglo XVIII para clavicímbalo, con viola de gamba y guitarra, acompañado por Jordi Saval y John Williams. En el mes de febrero, una gira de conciertos en Francia en compañía de Maxence Larrieu. En marzo, conciertos y grabaciones de las Partitas de Bach en Londres. En abril, grabación de un nuevo disco en Parías. En mayo y junio, giras por Suecia e Italia. Como todos los años, dará luego un curso de música antigua en la Universidad de Santiago de Compostela, que en agosto se repetirá en el Dartington Hall de Inglaterra. En el mismo mes, tendrá lugar un concierto con las Sonatas para violín y cémbalo de Bach, en Londres, en compañía del argentino Alberto Lys.

Tanta intensidad, que parece casi inverosímil, hace pensar que fama, es para Rafael Puyana una palabra incomprensible. El sólo entiende el significado de un trabajo ininterrumpido, profundo y riguroso, que no se permite la menor concesión a la facilidad. Eso es, hoy por hoy, Rafael Puyana : una cabeza plena de ideas y de música, y una manos aladas “que en determinados momentos uno puede creer que son más de dos”, como escribió hace unos meses un notable y maravillado crítico londinense.

¡Quiero recibir el newsletter!

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL

Ver términos y condiciones.
Marzo
04 / 2013

Send this to a friend