Categorías: Arte y libros

Entre arte y ciencia: la historia se vuelve a escribir en la Bienal de Arte de Venecia

La curadora de la Bienal de Arte de Venecia, Cecilia Alemani, explica las imágenes que evocan el título de la edición 59 del encuentro internacional del arte contemporáneo, Leche de sueño (Milk of Dreams). Se trata de un libro surrealista de la artista Leonora Carrington (1917–2011) que describe un mundo mágico en el cual la vida toma diferentes formas, según la imaginación.

Este año, la intención de la bienal es admirar las creaciones de artistas en búsqueda de sentido frente a la historia y el mundo natural. De allí que las obras e instalaciones destaquen la búsqueda de los artistas por hablar de temas trascendentales como la relaciones del hombre con la naturaleza y su entorno. Además de la construcción de relaciones complejas entre los países vecinos y las colonias. 

La feminidad en el arte

Es el caso del pabellón histórico de los Países Bajos. Allí se presenta una obra de Estonia llamada Orchidelirium, de las artistas Kristina Norman y Bita Razavi. La obra tiene tres niveles de lectura sobre el colonialismo y la construcción de las relaciones europeas en torno a la botánica tropical y los recursos naturales. 

El proyecto empieza con el estudio del autor romántico de Estonia, Andres Saal (1861-1931), quien se casó con la artista de botánica Emilie Rosalie Saal (1871-1954). Entre 1899 y 1920, la pareja se fue a trabajar para el gobierno holandés, que en esa época gobernaba la isla.

Equipo artístico junto a la curadora Maria Arusoo. Foto Denes Farkas / CCA Estonia.

Simultáneamente, Emilie Rosalie comenzó su colección de plantas tropicales, en las que se encontraban varias especies de orquídeas originarias de Java. Publicó también un libro sobre las plantas de la isla.

La feminidad, como en el resto de la bienal, es presentada desde su punto de vista emancipado. Durante el siglo XIX, las orquídeas fueron percibidas como un símbolo de lujo. En Europa, las mujeres contrataban cazadores de estas flores maravillosas.

Emilie Saal y Andres Saal en su mansión en Java en 1910. Cortesía del Museo de Literatura de Estonia, Tartu.

Su representación en el mundo es para Norman el símbolo “del poder europeo y la mirada del imperialismo sobre la naturaleza tropical”. La casa de la hacienda se convierte en una metáfora del poder colonial así como sus invernaderos. Java cuenta con un gran número de especies de orquídeas en vida silvestre y, gracias al trabajo de Emilie Rosalie Saal, se conocen en el mundo. 

Vea también: Color y concreto en las nuevas exposiciones de la galería El Museo

Obras de arte en conversación

La crítica que las dos artistas articulan en su instalación es un eco de sus propias búsquedas identitarias. Kristina Norman y Bita Razavi crean paralelos entre las mujeres de Java y sus propias historias, las de Estonia y la de Irán.

La artista Kristina Norman, nacida en Tallin, se interesa particularmente en este juego de papeles y se convierte en una portavoz de su propia identidad creando tres videos: Shelter, Rip-off y Thirst. En Thirst, por ejemplo, se cuestiona el cultivo industrial de las orquídeas ornamentales en Holanda, que son muy populares en Estonia. Al comprar la especie phalaenopsis javanica en Estonia los consumidores no se dan cuenta de que sus recursos naturales están en juego. Esto se debe a que el sustrato y turba excavados masivamente en el país y transportados hasta Holanda para la producción de las orquídeas en los invernaderos vuelve a crear el triángulo Asia-Holanda-Estonia. 

Emilie Rosalie Saal, Orquídea de bambú. Cortesía de Corina L. Apóstol.

Por otro lado, la iraní Bita Razavi crea una escultura híbrida. Esta combinación entre imprenta y criatura mitológica y ancestral, propia de Estonia, un Kratt, se ubica en el centro del pabellón. Razavi modifica el resultado final de los dibujos de Emilie Rosalie borrando de los originales todos los nombres científicos y dejando únicamente la imagen de la planta sobre un fondo blanco en las reproducciones de la instalación para significar la voluntad de los científicos europeos de borrar el conocimiento local. Ella ve en su propia cultura la fuerza de las mujeres para llevar combates por sus identidades. 

La relación de los artistas con su entorno y  pasado

En esta bienal, la geografía y el cambio de ejes cuestionan nuestras representaciones geográficas del mundo. La obra Corrección del catalán Ignasi Aballí, en el pabellón español, viene a cuestionar, por ejemplo, la arquitectura misma del pabellón. Al hacerlo, el artista propone en su tradición conceptual y minimalista, un desplazamiento de diez grados del edificio inicial. De esta manera lo alinea al de sus vecinos: Bélgica y Países Bajos. En el ejercicio, los muros originales son dejados en el mismo estado y del mismo blanco. Mientras que los agregados para corregir los del interior son pintados de un gris-azulado. 

Corrección (2022) Ignasi Aballí. Foto Claudio Franzini. Cortesía de AECID

Poco importa si algunos metros se pierden, lo interesante aquí es el ejercicio de recorrer un espacio reinterpretado y pensando en el sentido del verbo “corregir”. El artista afirma que “en su versión amable tiene que ver con borrar, cambiar o reparar”. Pero una corrección de una manera más severa puede indicar una reprobación, para “enmendar, enderezar o reprochar”. En todo caso, para corregir un error de base a través de una reflexión profunda y sutil tal como la obra de Aballí. 

En sí, la obra desborda el Giardini, ya que el artista, crítico del turismo de masa, propone una colección de seis libros en los que se pueden leer sus contemplaciones sobre la ciudad y su laguna. Titulada Venecia, la serie está compuesta por: Mapa, Horizontales, Inventario, Casi, Historias, Panorama y Paisajes, (Ed. El Caniche, 2022, Madrid).

Corrección (2022) Ignasi Aballí. Foto Claudio Franzini. Cortesía de AECID

En Mapa se despliega una hoja blanca en la que se señalan los seis puntos al interior de una silueta, sin costas ni bordes, delineando la trayectoria imaginaria que insinúa la ciudad. Las leyendas en las que se indican aproximadamente  las direcciones de los diferentes lugares en los que los visitantes interesados por este juego de pistas podrán encontrar (o no) el resto de la colección. 

Vea también: Un recorrido por la Bienal de Arte de Venecia en tres actos

Alrededor de la Bienal

Dos obras presentadas en la exposición colectiva Uncombed, Unforeseen, Unconstrained, organizada por Parasol Unit, una fundación para el arte contemporáneo cuya vocación es hablar de temas que impactan globalmente al mundo, captaron mi atención en la bienal. Por un lado, la del suizo Julian Charrière que de cierta forma estudia una arqueología tanto del pasado como del futuro. Con su instalación Not All Who Wander Are Lost (2019) cuestiona la extracción en forma industrial de los recursos naturales de la tierra. Simbólicamente las cuatro piedras glaciares, que él mismo ha perforado con un taladro metálico y cilíndrico varias veces, cuestiona la capacidad de la tierra a soportar extracciones sin fin. 

Not All Who Wander Are Lost, Julian Charrière. Foto Francesco Allegretto.

Por otro lado, la película de animación en computador Wildfire (MeditationOn Fire) (2019-22) de David Claerbout, proyectada en una pantalla de 4m x 5m con la ayuda de dos proyectores sincronizados, nos lleva de vuelta al tema de los ciclos de la vida. Si bien la obra se termina con un incendio devastador y un gran silencio, la animación vuelve a su punto inicial al cabo de 24 minutos. En esta, el bosque alpino de tonos de verdes irradia de esperanza la sala de proyección y se oyen de nuevo los pájaros cantar.

Así como en el pabellón belga, Francis Alÿs escogió presentar una obra The Nature of the Game, que consiste en una serie de videos proyectados sobre pantallas de grandes formatos donde se ven niños del mundo entero riendo y jugando. Esto nos recuerda que frente a imágenes apocalípticas, la vida encuentra siempre una grieta por la cual filtrarse en búsqueda de  la luz.

En estas obras es interesante ver que el encuentro de culturas se sitúa entre una narrativa geográfica, temporal y en el marco de la protección de la naturaleza. Directa o indirectamente, los artistas de la bienal nos llevan a cuestionarnos sobre nuestro propio comportamiento frente al mundo.

* Claudia Isabel Navas. Fundadora de Cultura Orquídea, una vision del arte, la naturaleza y el bienestar. www.cultura-orquidea.com

Lea también: Las nuevas latitudes de la galería Mor Charpentier

Adrian Osorio

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