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Cuatro países que pasaron de la nada a tenerlo todo

La historia de Taiwán, Corea del Sur, Hong Kong y Singapur constituye el paradigma mediante el cual las naciones del Tercer Mundo pueden transformar sus economías para pasar de la pobreza a la prosperidad, afirmó Richard Nixon en esta columna exclusiva para Diners.

Foto: Unsplash/ CC BY 0.0/ Taiwán

La historia de Taiwán, Corea del Sur, Hong Kong y Singapur constituye el paradigma mediante el cual las naciones del Tercer Mundo pueden transformar sus economías para pasar de la pobreza a la prosperidad, afirmó Richard Nixon en esta columna exclusiva para Diners.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 268 julio 1992

Cuando yo era vicepresidente, en 1953, viajé por el Asia no comunista e insistí en que no quería solamente reunirme con los dirigentes en sus espléndidas oficinas, sino también detenerme a examinar las condiciones de vida de los barrios más pobres.

Al ver su miseria niños con los estómagos hinchados, hombres desempleados que pasaban el tiempo en las cafeterías alcantarillas destapadas que hacían irrespirable el aire pude entender por qué esos suburbios eran terreno abonado para el comunismo. Incluso muchos de los líderes que conocí en ese momento veían en el comunismo un atajo atractivo para llegar a la prosperidad económica.

En 1985, cuando volví a visitar esos países, ya nadie seguía teniendo tales ilusiones. Con el colapso de la economía soviética, la atracción de la planificación centralizada se había desvanecido. Como modelo para el desarrollo político y económico, el comunismo soviético había sido lanzado al basurero de la historia.

SI NOS LAVAMOS LAS MANOS…

Pero la derrota del comunismo en el mundo subdesarrollado no significa la automática victoria de la libertad. En aquel viaje de 1953, yo visité más de una docena de naciones y colonias, incluyendo Indonesia, Malasia, Camboya, Laos, Vietnam, Singapur, Burma, Filipinas, Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Ceilán, India , Pakistán, Irán y Afganistán.

Algunas, como Vietnam y Afganistán, tomaron el rumbo fatal del comunismo. Otras, como India y Burma, se embarcaron en la sin salida del socialismo. Solo unas pocas, como Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong, se enrutaron por la senda de la libertad, adoptando una economía de mercado libre.

En las naciones en vías de desarrollo de África, Latinoamérica, Asia del Este y Asia del Sur las regiones que pueden ser definidas como el Hemisferio Sur el camino del desarrollo siguen plagado de obstáculos. Funcionarios oficiales corruptos, políticas y economías mal manejadas y estrategias de desarrollo desenfocadas, frenan las posibilidades de la gente talentosa y trabajadora de todos los continentes.

Estos problemas la mayoría de ellos auto impuestos han encerrado a esos países en un círculo vicioso de pobreza tan estrecho que parece que no tuviera escapatoria. Y sólo si trabajamos conjuntamente con ellos para la superación de semejantes obstáculos, podremos garantizar que el triunfo de la libertad en el Hemisferio Sur continúe tras el colapso del comunismo en el mundo entero.

Si nos lavamos las manos respecto de estos asuntos, el futuro se convertirá en la historia de dos mundos: uno rico y el otro pobre; uno que prospera gracias a la alta tecnología, otro que se rezaga en medio de plantas industriales obsoletas y una agricultura de subsistencia; uno satisfecho en medio de su confort y sus facilidades, y otro crecientemente resentido y hostil.

LIBERAR EL PODER CREATIVO

A los Estados Unidos, en medida mucho mayor que a los demás países desarrollados, les cabe la obligación de conocer cuáles son los caminos del éxito. Hace apenas cien años un instante en los términos de la historia de la humanidad éramos parte del mundo subdesarrollado, con un ingreso per cápita de 210 dólares.

De manera análoga, los logros de los «Cuatro Tigres de Asia» Taiwán, Corea del Sur, Hong Kong y Singapur deben constituir un ejemplo positivo de cómo los países menos desarrollados pueden llevar a cabo la transición de la pobreza a la prosperidad.

En el pasado, muchos de nuestros programas de ayuda han apuntado a la conciencia: a que se emplee el dinero en subsanar la pobreza del mundo o en prevenir la expansión del comunismo. Hoy en día debemos reorientar nuestro acercamiento al Hemisferio Sur aplicando las enseñanzas del exitoso desarrollo de los países del este de Asia recientemente industrializados.

Los «Cuatro Tigres de Asia» obtuvieron grandes logros porque sus gobiernos adoptaron políticas que desencadenaron el poder creativo de sus pueblos. Aunque esto parezca frívolo a primera vista, cualquiera que haya estudiado el mundo en vías de desarrollo sabe que la mayoría de sus gobiernos ha invertido tiempo y recursos enormes en debilitar la energía de sus gentes.

Los dirigentes de los «Cuatro Tigres de Asia» comprendieron que la más elemental de las motivaciones humanas-el deseo de mejorar la propia condición y la de nuestra familia es la fuente principal del crecimiento económico. La gente, sin importar su procedencia ni su educación, ha respondido a tales incentivos económicos elementales desde el albor de los tiempos en todos los rincones del mundo.

El primer paso adecuado para el despegue de los países en vías de desarrollo consistió en pasar por alto el consejo de los académicos occidentales, los cuales, como sinuosos vendedores de petróleo, impulsaron estrategias de desarrollo basadas en la sustitución de importaciones y en políticas estatistas. Los defensores de la sustitución de importaciones creían que el contacto económico con el mundo industrializado dificultaba el desarrollo.

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Por lo tanto abogaron por altos aranceles, barreras prohibitivas para la inversión multinacional, mayores subsidios a la industria y rígidas medidas en favor de los recursos propios por medio de la eliminación de importaciones donde fuera posible. Domésticamente, su premisa consistía en que el desarrollo económico no se generaba de manera natural, y por lo tanto era preciso adoptar programas que forzase a la mayor cantidad de gente a producir. Insistieron en que el Estado no solo debía proporcionar la infraestructura necesaria, sino también forjar estrategias industriales y movilizar usando la coacción si fuese necesario a las gentes apáticas.

Pues bien, los «Tigres» asiáticos rechazaron tales teorías y comprendieron que había otras claves para un exitoso desarrollo.

LAS CINCO ESTRATEGIAS

1. Basar el desarrollo en la fundación de mercados competitivos

Tal es la primera clave. Promover instituciones de libre mercado, de propiedad privada y precios flotantes, creando incentivos para que la gente produzca. Sólo mediante el derecho a la propiedad privada se puede forjar una férrea alianza entre el trabajo y la remuneración. Y sólo los precios basados en la oferta y la demanda en el mercado pueden guiar a los productores y consumidores que manejan una economía hacia una mayor eficiencia.

No obstante, en gran parte del mundo subdesarrollado los gobiernos minan constantemente la confianza en la inviolabilidad de la propiedad, nacionalizando industrias enteras, y constantemente se entrometen en la libertad de los precios con sus controles y subsidios.

Para poder llegar a ser un competidor económico inflexible es preciso dar la cara a una dura competencia económica. Quienes argumentan que los países en vías de desarrollo deben proteger sus industrias «aún niñas» por medio de aranceles hasta cuando maduren y sean productoras a escala mundial, no se dan cuenta de que, a menos que enfrenten la competencia internacional, tales empresas jamás aprenderán a caminar por sí solas.

Mientras muchos países subdesarrollados se ampararon contra los carteles domésticos y los monopolios tras de barreras proteccionistas, los «Tigres” asiáticos se lanzaron a la contienda en el mercado mundial y también se mantuvieron competitivas en el plano interno.

2. Invertir en el capital humano

Los dirigentes de los «Tigres de Asia» comprendieron que el factor crítico para el desarrollo era el capital humano. Aunque la abundancia de tierras y de recursos naturales contribuyó significativamente al desarrollo de los Estados Unidos, la clave para nuestro desarrollo fue la naturaleza emprendedora de la gente y el valor que le otorgaron a la educación.

Esto mismo se ha demostrado como válido para los cuatro países asiáticos de más próspero desarrollo. Cada uno ha invertido una elevada proporción de su Producto Nacional Bruto en educación (hasta un 4,4 por ciento en Singapur, por ejemplo), y han estimulado a su juventud a estudiar en el exterior.

Los cuatro países tienen índices de alfabetización por encima del promedio del mundo subdesarrollado, y en el caso de Taiwán y Corea del Sur igualan incluso las tasas occidentales.

3. Mantener bajos los impuestos oficiales

Aunque hoy muchos se burlan de sus teorías económicas, los «Cuatro Tigres» han inducido el nuevo enfoque de una importante verdad que mientras más se grave algo, menos se obtendrá de ello.

Si el gobierno determina impuestos elevados sobre los frutos del trabajo ingresos y utilidades habrá una menor actividad económica, tan seguro como que la noche sigue al día. Mientras muchos países del mundo subdesarrollado elevan los impuestos para tratar de obtener mayores ingresos, las naciones del Asia del Este que más se han desarrollado comprendieron que son los bajos impuestos los que producen un crecimiento elevado, el cual en últimas genera mayores ingresos gubernamentales, incluso en el renglón de impuestos.

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Puede decirse que aquellos países en vías de desarrollo que han fracasado trataron de obtener para sus gobiernos una tajada más grande del pastel, mientras los que sí tuvieron éxito se concentraron más bien en aumentar el tamaño del pastel.

4.Crear condiciones atractivas para la inversión extranjera

Mientras gran parte de los países despedía con cajas destempladas a las corporaciones multinacionales, aquellos que hoy ya son desarrollados les tendían la alfombra roja de bienvenida.

Estos últimos comprendieron que la inversión extranjera significaba nuevos empleos y que al atraer dicha inversión no estaban perdiendo el control del rumbo de sus economías, sino creando las premisas para un mejor futuro económico. Nunca nacionalizaron con arrogancia las empresas extranjeras, como tantos países subdesarrollados lo hicieron en los años sesenta y setenta; por el contrario, les permitieron obtener ganancias acordes con la libertad del mercado.

5. Hacer de las exportaciones el motor del crecimiento económico

Ya que pocos países del mundo subdesarrollado tienen la extensión necesaria para explotar cabalmente y a gran escala sus economías con técnicas modernas de producción, sólo pueden tener éxito si exportan a los mercados mundiales.

Desde comienzos de los años sesenta, los «Cuatro Tigres de Asia» adoptaron diversos tipos de estrategias exportadoras. En 1990 sus ganancias por este concepto representaron el 60 por ciento de su Producto Nacional Agregado. En Corea del Sur lo aumentaron en un 34 por ciento y en Taiwán en un 55 por ciento.

En Hong Kong y Singapur, gracias a su papel de puntos de distribución del comercio general de la región, el aumento llegó respectivamente al 135 por ciento y al 191 por ciento.

EL GRAN SECRETO: EL MERCADO

Estas lecciones, que constituyen las claves del éxito económico de los “Cuatro Tigres» asiáticos, no deben resultar alarmantes. En el enfrentamiento entre una estrategia basada en el control estatal con intervención en todos los aspectos de la vida económica, y una basada en la libertad de mercados, la iniciativa privada, y la competencia, esta última siempre prevalecerá. El colapso de la economía soviética comprobó esto de manera dramática.

Muchos observadores explican el éxito de estos cuatro países como producto de su tradición confuciana, la cual hace énfasis en una sólida ética del trabajo. Sin embargo, si bien la cultura incide en el desempeño económico, el verdadero secreto reside en la decisión de sus dirigentes de desencadenar las fuerzas del mercado.

Estas políticas no sólo tienen muy poco que ver con las filosofías orientales, sino que tampoco pertenecen exclusivamente a Asia. Si otros países liberan las grandes arterias del mercado, obtendrán un éxito igual al de los «Cuatro Tigres de Asia».

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