Reflexología: ¿los pies hablan?

Esta terapia de masajes promete aliviar todas las dolencias afectivas y físicas.

Publicado originalmente en la Revista Diners N. 329 , de agosto de 1997.

Ningún término más mal empleado, según los criterios de la Nueva Era, que “meter la pata”. Si las personas metieran más a menudo la pata, o por lo menos el en el consultorio de un experto reflexólogo, sus vidas, y sobre todo su salud, estarían mucho mejor.

En nuestra cultura, los pies están relegados a uno de los últimos grados de importancia corporal, y son una especie de mendigos del cuerpo que nos sirven para describir la brutalidad de nuestro físico. Pero la verdad es muy distinta. “Los pies hablan”, dice Clelia Minetti de Kaiser, kinesióloga y experta reflexóloga de la Universidad de Buenos Aires.

Y lo hacen con creces. Lo cierto es que, a la luz de la reflexología, nuestros pies son como el centro de información de nuestro cuerpo. Allí encontramos los datos necesarios para saber si una persona está estresada o si su hígado funciona bien, etc., y para corregir esos problemas.

Se trata de una técnica “hermana menor de la acupuntura”, que consiste en que, tomando como referencia los pies de una persona (también se puede utilizar en las manos o la cabeza), se masajea en sus puntos reflejos, lo cual produce un incremento general de la circulación del cuerpo y activan determinadas áreas con las que están conectados.

En términos resumidos se puede decir que está dividido en dos áreas de conexión: el pie a la parte superior de la planta tiene relación con los órganos del cuerpo que se encuentran de la cintura hacia arriba, y la parte inferior con los órganos que se ubican de la cintura hacia abajo.

A la vez, el pie derecho corresponde a la mitad derecha del cuerpo, y el izquierdo, a la izquierda. El resultado del masaje de compresión sobre algunos de esos puntos es que dispersa los cristales ácidos que se han depositado allí y que interfieren la circulación de la sangre y causan congestión.

Así la energía fluye a través del torrente sanguíneo, recuperándose el equilibrio básico para la vida y también para las emociones, que se integran armónicamente en el armazón corporal.

Por ejemplo, con un simple tacto en el talón ya se pueden empezar a establecer las condiciones del paciente. Si la piel de esa zona está fuerte, se puede deducir que la persona goza de una buena salud general, y por el contrario, si presenta cierta textura blanda, puede significar que la persona es hiperactiva y tiene altos índices de estrés.

El procedimiento

Aunque se pueden utilizar unas bolas grandes o pequeñas, que se colocan en la planta del pie para realizar movimientos circulares, lo normal más efectivo es aplicar el masaje (siempre circular) con los dedos, especialmente con el dedo pulgar de la mano, pues es el que más fuerza posee, al estar en una posición más flexible respecto de los demás, tiene mayor cobertura y poder.

Para iniciar la terapia es muy importante estar en una habitación limpia, bien ventilada, sin ruidos, asumir una buena posición (relajante) con cojines bajo la cabeza y las rodillas, y cubrir la persona con una manta no sintética, pues durante el tratamiento se pierde calor corporal.

Dependiendo del diagnóstico se aplican, en ocasiones, esencias de enebro para relajar, o melisa para los pacientes con insomnio. De igual manera, se utilizan esencias de aromaterapia para impregnar el ambiente con un propósito curativo o relajante determinado.

Normalmente los masajes se realizan, para empezar, dos veces en la semana, en sesiones de unos cincuenta minutos cada una, siempre con una preparación previa de relajación, y posteriormente una vez en la semana, cuando el alivio sea evidente, para afianzar el tratamiento.

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