Einstein, Chaplin y Galileo: ¿mentes extraordinarias o locos perfectos?

Nuestra época está gobernada por la racionalidad y la lógica, pero es hora de crear universos perfectos mediante la imaginación

Publicado originalmente en la Revista Diners N. 440, de noviembre de 2006.

El mundo de la racionalidad ha tenido momentos de esplendor cuando han surgido seres extraordinarios que las mentes comunes han llamado “esos locos”. Son numerosos los ejemplos de esos seres iluminados, locos perfectos. Pero la lista de los que me parecen de enmarcar y forman mi selección personal comienza con Homero, que en su ciega locura escribió un par de libros memorables que el olvido de los hombres —ese gorgojo de la memoria— no ha podido sepultar.

Luego de Homero vino un loco perfecto creado por el genio de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Don Quijote de la Mancha puede ser el personaje que encaja de manera exacta en el concepto del loco perfecto. Shakespeare también creó hombres cercanos a los de carne y hueso, animados de una locura que ha impulsado el espíritu de los hombres, por ejemplo Hamlet que en su locura se consagra al discernimiento sobre la verdad y la justicia.

Y contemporáneo a estos locos de ficción habitó la Tierra, para que el universo tomara un nuevo impulso, un loco perfecto llamado Galileo Galilei, que por su locura fue condenado, y solitario y ciego continuó descubriendo nuevas realidades, poniendo en duda, refutando y comprobando que no eran ciertas algunas verdades aceptadas durante más de veinte siglos.

Estos “locos”, que forman parte de la antigua historia, fueron reforzados por una nueva selección (mi selección preferida porque juega con la camiseta de nuestro tiempo). La inicia Federico Nietzsche, que puso en duda toda la tradición de la cultura griega y creó nuevas dudas para que las ideas tuvieran una renovación sin paralelo.

Su célebre frase “Dios ha muerto”, tan mal comprendida, llamó al orden a una civilización lanzada por el despeñadero de la falta de espíritu y la ausencia de la consideración estrictamente humana.

Y mientras Nietzsche jugaba por el ala izquierda, por la derecha hacía lo propio Sir Charles Chaplin, el noble genio de la ironía y la revelación de una realidad que logró poner ante nuestros ojos para ampliar la conciencia. Chaplin, el Garrincha de la cultura cinematográfica, con su perfecta locura consiguió hacernos comprender la locura de la mecanización, el infortunio afortunado de la era industrial.

Y jugando por el centro del campo llegó Albert Einstein, quien con su loca teoría de la relatividad transformó el universo del conocimiento que habían dejado Descartes y Newton en una concepción plana, para abrir el campo a nuevas dimensiones de las que la humanidad ha hecho buen y mal uso pero que inició las exploraciones de la física cuántica, a la que apenas nos estamos asomando y que nos permitirá avanzar hacia transformaciones de todos los campos en los que mentes brillantes descubrirán espacios insospechados, de infinita gratitud y bondad para la prosperidad y la felicidad de los hombres.

La época en que vivimos está asediada, gobernada por la racionalidad. Los principios de la lógica nos acosan de manera constante. Nos acosan y nos gobiernan. No hay duda de que esa parte de nosotros ha dado origen a hechos útiles y deslumbrantes en los dos o tres últimos siglos, Y que sería necio negar sus bondades: la ciencia y la tecnología.

Pero hemos llegado a los límites de esa inteligencia. Es ahora el tiempo para el desarrollo de la sensibilidad, para la construcción de los universos perfectos, creados por la inmensa potencialidad de la imaginación, la gratitud, la confianza, la convicción de la fortuna que nos habita.

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