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Niñas sin miedo: empoderamiento femenino en bicicleta

Montar una bicicleta puede ser más que solo pedalear y transportarse. En la Fundación Niñas Sin Miedo, en Soacha, resulta un vehículo que habla sobre cultivar el autoconocimiento, el empoderamiento y el amor propio en un entorno hostil.

Foto: Camilo Cerag

Montar una bicicleta puede ser más que solo pedalear y transportarse. En la Fundación Niñas Sin Miedo, en Soacha, resulta un vehículo que habla sobre cultivar el autoconocimiento, el empoderamiento y el amor propio en un entorno hostil.

Una bicicleta puede cambiar el destino de una niña. Y ocurre así: una mañana de sábado, entre la niebla que enfría las casas de la Ciudadela Sucre, en Soacha, aparecen sonrientes las Niñas sin Miedo. Algunas son nuevas, pero la mayoría de ellas lleva un par de años asistiendo a esta cita semanal con la bici y más exactamente, con el poder personal que se obtiene al aprender algo nuevo.

Este encuentro transformador ocurre todas las semanas en el Centro de Empoderamiento de la fundación Niñas sin Miedo, creada hace tres años por Natalia Espitia, una publicista que desde hacía mucho tiempo buscaba la forma de dejar el asombro y la pasividad frente a las cifras de abuso sexual y embarazo adolescente para pasar a la acción.

“Ya había trabajado en otras organizaciones con algunas comunidades de Soacha y sabía de las necesidades de sus habitantes y especialmente de sus niñas. También sufrí un intento de abuso sexual en las calles de Buenos Aires cuando era estudiante. Eso me había dejado muy temerosa. Todo esto se sumó a una experiencia en el mundo corporativo en el que trabajaba como publicista. Un día, mi jefe, al ver lo nerviosa que me ponía cuando le entregaba un informe, me preguntó: ‘¿tu sabes montar en bicicleta?’ Yo quedé completamente desconcertada pensando, ¿pero qué tiene que ver una cosa con la otra?”.

Tiene todo que ver. Natalia decidió, a los 27 años, aprender a montar en bicicleta y no sólo superó sus temores sino que aprendió una nueva forma de relacionarse con su cuerpo y con la ciudad. Además, encontró la respuesta a esa antigua inquietud de hacer algo útil por mujeres en situación vulnerable.

¿Por qué no juntar el dominio de la bicicleta con la educación en derechos de las niñas? Al investigar sobre su idea, Natalia encontró a Lotus Pedals, una organización en Camboya que proporciona bicicletas a las niñas para que puedan ir a la escuela y así minimizar las posibilidades de que alguien las ataque en el camino. También descubrió que en Estados Unidas la fundación Little Bellas ofrece una experiencia de empoderamiento femenino a través del ciclo-montañismo competitivo para niñas.

Con la idea, Natalia se acercó a las mujeres líderes de Soacha, a quienes admiraba por su resiliencia y actitud emprendedora. Así fue como se lanzó a pedalear su idea, creó Niñas sin Miedo y desde entonces, ha trabajado con un promedio de 40 niñas cada sábado y dos tardes a la semana para aprender a montar en bicicleta y asistir a los módulos educativos.

Vea tambien: ¿Por qué las mujeres se disculpan más que los hombres y qué tiene que ver con el empoderamiento?

El objetivo principal de todas las actividades es lograr que niñas que crecen en un entorno con alta incidencia de violencia de género y embarazo adolescente, se enteren y se adueñen de sus derechos para que tengan las herramientas necesarias para tomar las decisiones importantes de su vida.

Todo empieza por algo tan simple y tan complejo a la vez como es aprender a montar en bicicleta, porque lograr el equilibrio sobre dos ruedas es mucho más que eso: fortalece la autoestima, aumenta la seguridad, ofrece la oportunidad de ejercer el auto-cuidado y hace que valoremos nuestro propio cuerpo.

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¡Listas para rodar!

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Camila Santamaría tiene 8 años y es una de las niñas sin miedo. En esta mañana helada y oscura su sonrisa es un pequeño sol que irradia confianza. Con su impecable sudadera rosada y su pelo atado en dos colitas responde que aquí ha aprendido varios poderes. “Por ejemplo, el poder del yo sí puedo porque antes yo no podía entender el inglés y pensaba, ‘es que no puedo y no puedo’. Pero después empecé a usar el poder del yo sí puedo ¡y funciona!”.

Luz Mery Pérez, la gestora local de la fundación y madre de una de las niñas asistentes al programa, es también una de las beneficiadas en esta localidad. “Mi hija Mariana viene feliz. Pienso que le ha servido en muchos sentidos: para tener más disciplina, para motivarse por el estudio y sobre todo, para sentirse más segura de sí misma, aquí les refuerzan el quererse a sí mismas tal y como son”.

El otro pilar de este programa son los voluntarios. Para Sandra Gómez, una de las voluntarias, venir a Niñas sin Miedo es como verse en un espejo. “Fui una de estas niñas, crecí en un ambiente muy parecido a este y estoy aquí porque quiero aportar lo que sé como maestra pero también porque quiero aprender de ellas y de esta iniciativa para replicarla con mis estudiantes”.

Sandra es profesora del distrito en un colegio de Bosa donde enseña ciencias naturales y educación ambiental a jóvenes a partir de octavo grado. En su colegio, junto a otros cuatro profesores han creado las Bici-clases, con las cuales han integrado el uso de la bicicleta al currículo y sabe de sus buenos efectos.

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“Una vez en clase de historia llevamos a los estudiantes desde el colegio hasta la Embajada de Cuba en el norte de la ciudad. ¡Fueron cuatro horas de pedalear de ida y otras dos de regreso! A través de esos ejercicios, los estudiantes se han ido apropiando de la ciudad, pues muchos antes ni siquiera habían ido al centro de Bogotá”.

El primer voluntario hombre que apareció en la fundación fue Nicolás Coyer, padre de tres hijos. La menor es una niña. Nicolás es traductor, nació en Francia pero vive en Colombia hace varios años.

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El camino es lo de menos 🙂 #NiñasSinMiedo

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“Desde que fui padre de una niña me empecé a abrir al tema de cómo es ser mujer en este mundo. Siempre quise aprender más y cuando conocí la fundación sentí que era el lugar para hacerlo. Yo llegué a Soacha para hacer mi aporte pero uno es apenas una chispa, los verdaderos agentes de cambio son las niñas: ellas son fuertes, tienen una gran fuerza interior”, dice Nicolás quien reconoce que a partir de esta experiencia aprendió mucho sobre educación sexual.

“Antes era el típico papá que no sabía qué responder ante una pregunta sobre sexualidad. Ahora puedo hablar tranquilamente del cuidado del cuerpo con mi hija y también con mis hijos sobre la responsabilidad que tenemos como hombres para que haya una verdadera igualdad de género”.

Termina una mañana más en Niñas sin Miedo. Esta vez trabajan en un círculo de sororidad. “Soro qué? soroli, soroni, solori…” Las lenguas se enredan tratando de pronunciar la palabra que define hermandad y apoyo entre mujeres. Pero a medida que las niñas tejen entre todas una red con ayuda de una cuerda y un aro que simboliza esta unión, desde las más pequeñas hasta las mayores van descifrando de qué se trata esto de estar reunidas, hablar de lo que sienten y contar con el apoyo de todas.

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Marzo
05 / 2019

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