¿Amigos por Tarifa?

Alquilar un amigo cuando no tenga con quién ir al cine, para recorrer una nueva ciudad o hasta para que desempeñe el rol consejero de una madre. Internet, la soledad y la búsqueda de afecto explican esta tendencia que crece en el mundo y que comienza en Colombia.

¿Le pagaría diez, treinta o cincuenta dólares por hora a un desconocido para que lo acompañe a cine? ¿Contemplaría hacerlo si no tiene con quién ir a una fiesta en la que seguramente todos sus amigos irán con alguien? ¿Le pagaría a alguien para que sea su amigo? Muchas personas en todo el mundo han respondido esas preguntas con un contundente: sí, lo haría.

La idea, que nació en Japón, se popularizó durante 2009 gracias a Rent a Friend, una plataforma web creada por Scott Rosenbaum, quien tomó el modelo nipón que atendía las necesidades de las familias monoparentales, en donde “si un niño tenía una actividad escolar a la que los padres tenían que asistir, era común que el padre soltero contratara a un ‘cónyuge’ para ir al evento. Si hubiera un divorcio, muerte o situación en la que uno de los padres no estaba disponible, se podría contratar a alguien que pretendiese ser ese miembro de la familia”, explica.

Actualmente más de seiscientas mil personas hacen parte de esa red que no pretende ser una plataforma para conseguir pareja. “No se trata de un sitio web donde puedes encontrar una cita o acompañante. Es estrictamente solo para la amistad”, se apresura a decirle a Diners Rosenbaum, y añade que las razones para alquilar un amigo pueden pasar desde ir a ver una película y cenar, hasta tener un compañero de gimnasio.

Una de las amigas de alquiler es Vicky*, que vive en Sídney y le contó al portal web news.com.au su historia. La primera vez que se alquiló fue para un bloguero de moda que le pidió que lo acompañara a una fiesta en el bar Ivy. Cuenta que ni siquiera se interesó en ella, solo quería que alguien estuviese a su lado para criticar los atuendos de los asistentes, no suena un plan muy emocionante, si se compara con lo que le propuso un hombre de cincuenta años.

Este personaje le dijo que se hiciera pasar por su novia el día que él iba a firmar los papeles del divorcio, que usara tacones y vistiera un blazer y unos jeans para dar una apariencia juvenil.

“Fue como una escena de película, incluso, luego fuimos a cine y a almorzar, él era una de esas personas con muchas cosas para contar, su ex, su hijo y sus tres matrimonios. Me sentí mal por él”, cuenta Vicky.

Rent a Friend también está disponible en Colombia. Si quiere hacer parte de esta comunidad debe crear un perfil y pagar 24,95 dólares por la membresía mensual, que le da acceso a los correos y números telefónicos de los demás amigos de alquiler. En Diners hicimos el ejercicio de contactar a algunas personas que aparecían disponibles para alquilarse en Bogotá. El primer intento fue con Lisa, que no respondió; luego Nathalie, quien se definía como “otra chica loca en este mundo, con gran imaginación para crear cualquier tipo de historia en segundos”. Pero después de cruzar un par de palabras, la conversación no dio ningún fruto, sugiriendo que tal vez ella no quería ser amiga de nadie por esos días.

Esta alternativa para conocer personas, popular en otros países, aún no es muy fuerte en Colombia, y así lo corroboró Andrea, “no me funcionó, a la gente le parece algo raro, o sospechoso. Me inscribí porque aparte de obtener un ingreso extra, que a nadie le cae mal, quería hacer una labor social. No sé por qué, pero tengo el ‘palito’ para que la gente se me acerque y me cuente sus cosas, unos más emotivos que otros. No sabes la cantidad de gente que necesita ser escuchada”, relata.

Para el profesor Bodie Graham, Ph. D. en Comunicación interpersonal, “existen múltiples definiciones de amistad. Antes de Facebook hubiéramos definido a un amigo como alguien con quien se tiene proximidad física, contacto ocasional; con quien te involucras en actividades y te revela información personal. Con el advenimiento de las redes sociales y la etiqueta específica de amigo de Facebook, el término se hizo más amplio. Mi propia definición de amigo es alguien que está a disposición cuando se necesita, que te brinda consuelo y afecto. Supongo que uno puede alquilar a una persona para cumplir estas funciones. No estoy seguro de que estos servicios ofrezcan amistades verdaderas; más bien, parecen ser un complemento en momentos en que uno no puede encontrar un amigo por estar demasiado ocupados”.

Otra lectura le da el doctor Edward Hoffman, con maestría en Psicología en la Universidad de Cornell. “Las personas se sienten solas y necesitan hablar, confiar y compartir sus sentimientos. Enviar y recibir mensajes de texto no es lo mismo que compartir una comida, un café o un té con alguien que está sentado a tu lado. Estoy convencido de que internet y el uso de teléfonos inteligentes han disminuido la capacidad de muchos jóvenes para formar y mantener amistades. La soledad parece estar aumentando”. Y no se equivoca, según un estudio realizado durante una década por el director del Centro Cognitivo y Social de Neurociencia de Chicago, John Cacioppo, una de cada tres personas se siente sola.

Amigos de alquiler para viajar

“Hola, quiero conocer lugares peligrosos”, le escribió un japonés a Hada Luz Angel, una actriz y presentadora brasileña que vive en Colombia desde 2009 y quien se alquila como amiga en Bogotá. “Seguramente quería hacer algún tipo de turismo en suburbios y lugares difíciles, marginales”, explica. Ella forma parte de los más de 2.200 amigos locales que se alquilan en noventa ciudades a través de la página web Rent a Local Friend, creada en 2012 por la también brasileña Alice Moura.

La idea surgió a partir del blog personal de Moura, en donde escribía sobre los lugares que visitaba en Londres mientras hacía un máster en Periodismo. Le comentaban todo tipo de dudas sobre la ciudad, le pedían recomendaciones y le decían que les gustaría conocer la capital inglesa como la viven los locales, no como la recorrería un turista. Ella fue la primera amiga local. “Allí comenzó todo, luego arranqué en Brasil a través de mis amigos más cercanos; de mi familia, tenía un primo en Lisboa y otro en Bali. La gente está buscando más experiencias auténticas, reales, conectarse con otros; hacer amistades de una forma inusual, no quieren sentirse más como turistas”, cuenta Moura.

Para ser un amigo local debe crear un perfil en donde cuente cuál es su profesión (en Bogotá, por ejemplo, algunos amigos locales son fotógrafos, periodistas o artistas), sus hobbies y la tarifa, que puede ser desde veinte hasta cientos de dólares por un día. Además, debe pagar una membresía de cien dólares. Luego presenta una entrevista por Skype en donde le evalúan qué tanto sabe sobre la ciudad, qué tan apasionado se siente por ella y cuánto tiene por contar. “Algunos amigos han presentado las pruebas y no los han aceptado porque son tímidos, muy callados; tienes que ser empático, contar cosas interesantes”, explica Hada Luz, que cobra 120 dólares.

Como sucede en cualquier viaje con amigos, la idea es que los planes que se elijan les gusten a todos, y acá sucede igual (solo que quien alquila también corre con los gastos de su amigo), por ejemplo, un estadounidense que trabajó durante años en un banco, contactó a Hada Luz y ella, que ama los conciertos, lo llevó a uno que ofrecía la orquesta Nueva Filarmonía, en el Teatro Colsubsidio. “Yo quería ir, se lo propuse y aceptó. Era amiga del director, así que luego de la presentación lo conduje al camerino a conocer a los músicos, quedó fascinado. Ese tipo de cosas no te las brinda un guía turístico tradicional”, añade.

El perfil de las personas que alquilan un amigo para hacer turismo es variopinto. Así como Hada Luz ha sido la amiga local del banquero y de una pareja de ochenta años durante varios días, también la han contactado otras personas que no tienen mucho tiempo para conocer la ciudad y quieren aprovecharlo al máximo.

Ese es el caso de Sandra Alexandrino, brasileña y profesora de español en Washington D.C., que en uno de sus viajes a Brasil tuvo que hacer escala de 24 horas en Bogotá. “Pensé que alquilar un amigo sería más seguro y divertido, hice el pago y Hada se puso en contacto conmigo. Me recogió a las 8:30 de la mañana. Comenzamos en el centro, en sitios históricos como La Candelaria, las iglesias coloniales y los museos del Oro y el de Botero. Luego fuimos a Monserrate. También me llevó a la Plaza de Bolívar, a la zona rosa y a Usaquén. Esta experiencia fue mucho mejor que tomar un recorrido en autobús, estaba personalizada según mis necesidades”.

Cuando necesitas a tu mamá, pero no a tu mamá

Sarah* no tiene una buena relación con su madre, cree que no puede contar con ella cuando necesita un consejo. Así que decidió contactar a Nina Keneally, una periodista y dramaturga que trabajó como productora teatral durante 35 años en escenarios artísticos como Broadway, y que ahora se alquila como mamá. “Fue fácil concertar una cita. Ella fue paciente, amable y formuló preguntas reflexivas. Hablamos sobre mi relación actual y los desafíos del trabajo. Me compartió algunas de sus experiencias y siempre preguntaba ‘¿puedo darle mi opinión sobre eso?’. Es genial que alguien te entienda realmente y pueda generar empatía con tu situación. Aunque desearía tener una mamá para hacer eso, Nina me dio lo que la mía no pudo: tiempo, amabilidad y un interés genuino en ayudarme a tomar una buena decisión”.

Nina Keneally nació hace 65 años en Pottsville, Pensilvania, y ahora vive en Brooklyn, Nueva York. Su historia como mamá de alquiler comenzó cuando descubrió que podría hacer negocio con la cantidad de consejos que les regalaba a los jóvenes con quienes practicaba yoga. En 2014 creó NeedAMom.com, la plataforma desde la cual presta sus servicios. “Siempre me impacta cuando tengo clientes que, por una razón u otra, están distanciados de sus propias madres, se sienten tristes y buscan algún tipo de contacto o validación maternal positiva. Me alegra ayudar con eso, al menos en pequeñas formas”, reconoce, y añade que la mayoría de sus clientes acuden a psiquiatras o terapeutas, como en el caso de Adrienne.

“Estaba deprimida y sola, además, el terapeuta que tenía en ese momento no me estaba ayudando o simplemente no nos estábamos conectando, parecía muy distante y desinteresado de los problemas que enfrentaba en ese momento… Entonces envié un correo a Need a Mom. Nina es una gran oyente, puedo contarle sobre la ‘perra’ del trabajo, quejarme de mi compañero de cuarto o hablarle sobre el tipo que nunca llamó. La he estado viendo durante casi dos años y todavía espero con interés nuestras reuniones semanales, creo que es porque siempre me siento mejor después de hablarle”, revela.

El deseo de alquilar un amigo, o una madre, en palabras del doctor en estudios de comunicación de la Universidad de West Virginia, Sean Horan, quien se enfoca en investigaciones sobre intercambio de afectos, se explica porque “como seres humanos tenemos tres necesidades: inclusión, afecto y el control. La gente puede usar esos servicios para satisfacer dichas necesidades. Un amigo de alquiler podría ofrecer inclusión y afecto verbal y no verbal. Una madre de alquiler podría satisfacer la necesidad de alguien de ser controlado”.

Las posibilidades que ofrece internet parecen brindar, gracias a esta tendencia, una alternativa para eludir la soledad y, de paso, ganar un poco de dinero. Hay quienes como Vicky, Hada Luz, Sarah o Adrienne encuentran una oportunidad para obtener retribución emocional y/o económica gracias a la compañía de otra persona; a otros les sigue pareciendo descabellado que la amistad se pueda monetizar. ¿Y usted? ¿Se alquilaría como amigo?

* Nombres cambiados por petición de las fuentes.

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