Roberto Bolaño, un artista del mundo flotante

Roberto Bolaño es un escritor de renombre universal, nació en chile en 1953 y murió en Barcelona en 2003 y durante mucho tiempo sobrevivió como vigilante nocturno, camarero, lavaplatos, basuriego y estibador. Diners lo invita a hacer un repaso por su carrera.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 438 de septiembre de 2006

Ningún escritor latinoamericano reciente ha despertado tanto interés como Roberto Bolaño. Los lectores, los escritores y la crítica se han venido ocupando de su obra con una pasión cercana al fanatismo.

La editorial Acantilado acaba de reeditar su primera novela, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, Premio Ámbito Literario de Narrativa 1984, escrita a cuatro manos con el autor barcelonés Antoni García Porta.

Esta reedición contiene un par de novedades: en la parte final, un cuento titulado Diario de bar; y en la parte inicial, a manera de prólogo, unas palabras de García Porta para aclarar algunos interrogantes, por ejemplo éste: ¿Cómo se lleva a cabo un proceso de escritura a cuatro manos?

“Cuando todavía en vida de Bolaño había que responder a la pregunta, la situación era igualmente azarosa porque nunca daba la misma respuesta. Tengo muy mala memoria, pero es difícil que se me olvide de qué manera escribimos la novela, a distancia, el ya en Gerona y yo en Barcelona. La respuesta más habitual de Bolaño a esa pregunta era que primero uno escribía un capítulo y luego el otro el siguiente, y así hasta el final, dando por zanjado el asunto sin más información”.

A Bolaño, sin embargo, le gustaba revelar el secreto a su manera. Entonces decía que García Porta había escrito un primer borrador y él se había encargado de terminarlo: “Nos divertimos mucho escribiéndola, sobre todo yo.

Fue una época en que trabajaba en una tienda y por las noches dormía allí mismo. No tenía televisión, no tenía radio, no tenía nada, y me ponía a escribir”.

Antes de llegar a esas noches de desvelo artístico, la existencia de Bolaño se caracterizó por un estilo de vida errante; el típico ciudadano que se siente extranjero e incómodo en cualquier lugar, incluso en su propia casa.

LAS CAUSAS PERDIDAS

Roberto Bolaño nació en Santiago de Chile en 1953 y falleció en Barcelona en 2003. Antes de trasladarse con su familia a México, vivió en varios pueblos del sur de Chile: “Una zona verdaderamente bonita, pero muy melancólica, con una tasa de suicidios altísima y donde la infancia tal vez sea el único instante de vida verdadera, aunque procuramos olvidarlo nada más empezamos la pubertad”, señalaba en una entrevista para Radio Francia Internacional.

Bolaño aterrizó en México a los quince años. Ahí permaneció cerca de una década en lo que fue una de las experiencias vitales que marcaron sus libros: en México, entre otras cosas, Bolaño abandonó el colegio, se hizo poeta y trotskista y comenzó a vivir del periodismo.

En medio de ese aprendizaje regresó a Santiago “a hacer la revolución”. Estalló el golpe militar que derrocó a Salvador Allende, y Bolaño cayó prisionero. Un par de compañeros que había conocido a los quince años y que ahora eran policías lo dejaron en libertad tras ocho días de prisión. Bolaño volvió a ellos en el cuento Detectives que forma parte de Llamadas telefónicas.

Luego regresó a México e ingresó en la vanguardia infrarrealista junto con Mario Santiago, Bruno Montané y otros poetas. Esa etapa la recreó más tarde en todo su esplendor y miseria en Los detectives salvajes, su libro más famoso.

En una comunicación vía e-mail, Montané (Felipe Müller en Los detectives salvajes) cuenta que “el Bolaño de hace treinta años fue básicamente el mismo que nos dejó aquí tirados hace tres años”.

Y a la hora de hablar sobre el infrarrealismo comenta: “Salvo ciertas bellas y chistosas pataletas de furor y pasión adolescente de entonces (rutilantes resplandecientes, quizá fosforescentes -en honor de la cacofonía-), los infrarrealistas fueron Mario Santiago y Roberto”.

Juan Villoro también conoció a Bolaño en México en 1975 en la premiación de la revista Punto de Partida, Villoro había participado en cuento y Bolaño en poesía.”La diferencia grande con el Roberto que encontré años después es que se habla alejado de muchas de sus pasiones literarias de juventud pero conservaba el carisma, la fuerza expresiva, el deseo de decir cosas descriptivas, el sentido del humor.

Había perdido también el ánimo de irrumpir en una lectura e insultar a Octavio Paz, y otras cosas que hicieron los infrarrealistas en México”. En el año en que murió Mario Santiago (Ulises Lima en Los detectives salvajes), Villoro escribió un obituario.

Bolaño lo llamó desde Blanes –en una de esas llamadas que duraban horas y en las que se le iba una buena suma de dinero- para preguntarle cómo habían sido los últimos años de Santiago, uno de sus mejores amigos y uno de los últimos latinoamericanos, junto con Julio Cortázar, que supieron quién era Jacques Vaché.

Con el tiempo, Bolaño se embarcó rumbo a Europa. En un principio la idea era ir a Suecia, pero a la postre se instaló en España donde su madre vivía enferma desde hacía dos años. “Barcelona en 1977 era una verdadera belleza, una ciudad en movimiento con una atmósfera de júbilo y de que todo era posible.

Se confundía la política con la fiesta, con una gran liberación sexual, un deseo de hacer cosas que probablemente era artificial, no me hago muchas ilusiones al respecto, pero que artificial o verdadero, era tremendamente seductor”, comentaba en una entrevista a la revista Lateral.

Durante muchos años Bolaño sobrevivió ejerciendo diversos oficios: lavaplatos, camarero, vigilante nocturno, basuriego, descargador de barcos, vendimiador.

Tras su muerte, García Porta escribió lo siguiente en un artículo publicado en El País de Madrid: “Bolaño vivió por y para la literatura, su literatura, la que él quería y que en los últimos años le ha dado renombre universal. Nuestra amistad comenzó con ella.

Escribimos a cuatro manos y todavía dos días antes de su muerte no sabíamos muy bien quien de los dos era el discípulo de Morrison y cuál el fanático Joyce”.

Esa novela, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce -el título proviene de un poema de Mario Santiago: Consejos de un discípulo de Marx a un fanático de Heidegger-, cuenta las desventuras de Ángel Ros, un muchacho enamorado de una delincuente y de la literatura y de la música de Morrison.

Por supuesto en esa historia de carácter policiaco aparecían ya los elementos que prefiguraban la obra posterior de Bolaño, autor que se dio el lujo de escribir libros como Estrella distante, Amuleto, Nocturno de Chile y ese monstruo que vino a ser Los detectives salvajes.

Como si lo anterior no fuera suficiente, Bolaño también escribió una novela de más de mil páginas titulada 2666, que no se sabe muy bien que es: quizás el año en que el mundo estallará de una vez por todas, si es que el mundo -ese mundo paralelo al de Bolaño- no estalla en un día de estos. Imaginación nuclear no nos hará de faltar.

Artículos Relacionados

  • Galería: Estas son las películas más influyentes de la historia
  • Así fue el concierto de Roger Waters en Bogotá
  • Estas son las fotos más desgarradoras de vida salvaje en 2018
  • “La ciclovía es la playa de los bogotanos”

Send this to a friend