Portada: Marlon Moreno se la juega en Los Ángeles

Desde Los Ángeles, donde está radicado, el actor caleño habló sobre empezar de cero a los cincuenta, perder el orgullo, la soledad, su terquedad, ser papá a distancia y el asado con Al Pacino.

Para entender la realidad de Marlon Moreno hay que mirar las dos caras de una misma moneda. Por un lado tiene agente, mánager, publicista, asistente y hasta abogado, un andamiaje propio de las grandes estrellas de Hollywood. “Cuando llegas a Los Ángeles debes armar un equipo de profesionales si quieres tener la más mínima oportunidad de trabajar en la industria”, explica al otro lado de la cámara del computador con su inconfundible acento caleño. Es cálido, amable y no tiene apuro. A pesar de que no es muy dado a dar entrevistas –por temor a agotar a la gente–, parece disfrutar la oportunidad de conversar y repasar lo sucedido desde que decidió darle un vuelco a su vida y dejar su zona de confort para probar suerte en Hollywood.

Ahí aparece la otra cara de la moneda, en la que se despoja de la etiqueta de actor exitoso y muestra su lado más vulnerable, sus luchas e inseguridades, así como su tesón y determinación. “Dicen que cuando a uno le va bien es perseverante, cuando a uno le va mal es terco. Yo soy terco y perseverante”, añade con ironía. Sería injusto decir que las cosas no van por buen camino, pero fantasioso e inexacto asegurar que ha sido fácil. “Ha sido una historia muy dura, pero bonita a la vez”, reflexiona, antes de hacer un recuento de cómo llegó a la decisión de jugársela toda e irse a la Meca del cine.

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Uno de los sueños del actor caleño es regresar a su ciudad natal a pasar sus años dorados y “devolverle a la vida y a Cali todo lo bonito que me ha dado”.

Todo comenzó hace dos años, cuando terminó el rodaje de Corazón de León, un remake de una comedia romántica argentina, en la que interpreta a León Sanabria, un arquitecto de 1,36 metros de estatura, que conquista a una exitosa abogada. Poco antes había terminado de grabar El Capo 3, la tercera temporada de una exitosa serie en la que dio vida a Pedro Pablo León Jaramillo, un narcotraficante que surge de la nada para convertirse en uno de los hombres más ricos y poderosos del país. Este protagónico le mereció halagadoras reseñas por parte de la crítica especializada, el cariño del público a nivel internacional y altísimos ratings para RCN. Sin embargo, sorpresivamente su contrato de exclusividad con Fox Telecolombia fue cancelado.

“Me quedé sin trabajo. Inicialmente lo tomé con calma, me dediqué a pintar tanto las paredes del apartamento como cuadros –que aún no está preparado para mostrar–. Pero pasaron tres meses y empecé a tener episodios de angustia y ansiedad”, confiesa abiertamente este hombre a quien, por lo general, hemos visto interpretando a tipos rudos y avasalladores, que no dejan a nadie ver sus debilidades. Aquí ese bagaje se desvanece y detrás de la armadura de sus personajes surge el ser humano que duda y tiene problemas como los demás.

Su entonces compañera –hoy su esposa–, la actriz cubana Laura Pujol, le sugirió viajar a Los Ángeles. “Yo venía trabajando con un mánager acá desde 2013, y Laura me alentó para que viniera a ver qué posibilidades de trabajo había”. Vine por una semana y no regresé. “Lo más difícil fue llamarla y decirle: ‘Me tengo que quedar’”. Desde entonces han tenido que conformarse con una relación a distancia. Pero era la única forma de probar si había forma de abrirse camino en uno de los campos más competitivos del mundo e internacionalizar su carrera. Así inició un proceso lento y exigente, de introspección y autodescubrimiento.

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El actor cuenta que su padre no le puso Marlon porque Marlon Brando fuera su ídolo, sino porque quería ponerle un nombre que empezara por M que no fuera Mario o Marco.

“A medida que fueron pasando los días y las reuniones con los grandes ejecutivos, todas esas expectativas se fueron perdiendo. Lo único que fue quedando fue mi ser, mi esencia. Empecé a darme cuenta de qué estoy hecho”, dice con sinceridad, como reafirmando su decisión. Se apoya en su fortaleza interior y en el convencimiento de que está haciendo lo correcto, así esto implique tomar el camino más difícil. Y no es iluso. Sabe que está en desventaja.

“Lo tengo clarísimo. La edad pesa mucho, no tengo 20 ni 30 años, no estoy para estar empezando. Por otra parte, el porcentaje latino en la industria es mínimo –está alrededor del dos por ciento–. Es más complicado para nosotros”, y resalta que casos exitosos, como el de la actriz barranquillera Sofía Vergara, suelen ser la excepción a la regla. “Acá uno encuentra personas de todas partes del mundo, que después de un tiempo deciden devolverse a su país, porque es complicado salir adelante. Todo esto comienza a caerte como una gota de agua en la cabeza. Empiezas a pensar que no lo vas a lograr… Una cosa es lo que uno cree cuando está en su país teniendo éxito y otra cuando se baja de esa montaña y dice wow, esta sí está alta”, reflexiona con una sonrisa desafiante.

TIERRA DE OPORTUNIDADES
“Creo que hoy en día lo que menos tengo es orgullo. La vida me cambió muchísimo, y me he ido despojando de un lastre bastante grande”. Esto no significa que no se encuentre satisfecho de lo que está haciendo, ni determinado a lograrlo, por el contrario, siente que es fiel a sí mismo. “Todos los días me pregunto: ¿Qué es lo que quiero de mi vida, qué tipo de historias quiero contar?”. Y aunque las respuestas a veces lo eluden o pueden variar, su búsqueda se ha convertido en el motor de su día a día y uno de los mayores alicientes para perseverar en lo que muchos podrían denominar una aventura quijotesca.

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Butterflies, una historia de amor completamente rodad en inglés se estrenará en octubre.

No se desmotiva, ni se apresura a hacer proyectos que no vayan con su filosofía. Para él, la calidad de la producción, la historia y el equipo son fundamentales. “Entre septiembre de 2014 y mayo de 2015 trabajé dos días en un cortometraje que se llama Tatooed Love –donde interpreta al dueño de un club nocturno para caballeros– y que está en proceso de convertirse en serie”. Luego llegaron los meses del verano, una temporada de silencio absoluto en Hollywood. Tiempo en el que se concentró en mejorar su inglés. “Le dedico 16 horas diarias, soy disciplinado e incansable. Cuando llegué estaba en un diez por ciento”. Ya ha hecho tres películas completamente rodadas en este idioma.

A finales de 2015, junto al director colombiano Juan Zapata –a quien Moreno conoció en el Festival de Gramado en Brasil, cuando presentó la película Cazando luciérnagas, de Roberto Flores– empezó a rodar Butterflies, una historia de amor en la que interpreta a un fotógrafo. “Es un tema de reflexión sobre una mujer que está en sus cuarenta y cómo son las relaciones en esa etapa de la vida”. Este largometraje, que se estrenará en octubre, participó en el Marché du Film en la pasada edición del Festival de Cannes.

Simultáneamente lo eligieron para participar en la película noruega Handle with care, del director Arild Andresen, en la que interpreta a un taxista en Bogotá, que se convierte en el guía de un padre que después de la muerte de su esposa llega a Colombia para buscar a la madre biológica de su hijo adoptado. “Somos el país que más niños le hemos dado en adopción a Noruega, y en torno a esta temática empiezan a tejerse una serie de tragedias que parece que no lo son”.

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Cazando Luciérnagas, uno de sus mejores papeles.

Se refiere a la típica conclusión a la que se llega en estos países, donde de antemano se deduce que para un niño que no tiene posibilidades en su tierra, es mucho mejor que se lo lleven al otro lado del mundo. “Y esta historia muestra eso, que ni allá es tan el cielo ni acá es tan el infierno”.

De las cosas que más le gustaron de este proyecto, fue la oportunidad de trabajar con el actor noruego Kristoffer Joner, quien apareció en The Revenant, al lado de Leonardo DiCaprio. “Es uno de los mejores en su país, y nos entendimos muy bien en el set y fuera de él. La primera vez que nos vimos me advirtió que hacía lo posible para que todo saliera bien en sus tomas, pero que si había que repetirlas varias veces, no tenía problema”, recuerda Moreno, quien inmediatamente se sintió identificado con él, pues tiene la misma disciplina y rigor. Por cuenta de esto, se ha ganado la fama de ser malgeniado e impaciente en el set.

“Sí, se ha dicho eso y más de mí. Lo único que puedo decir es que en cada producción, cada toma, cada momento, trato de dar lo mejor. Me esfuerzo por hacer los personajes de una manera entregada, queriendo contar una historia. Para lograrlo, debo concentrarme, no soy tan talentoso, las escenas y emociones no surgen naturalmente, hay que estudiarlas y trabajarlas. Por eso cuando estoy frente a la cámara solo puedo pensar en eso, y cada vez que hay que repetir una toma, lo veo como una oportunidad para perfeccionarla”. Explica que es serio, exigente y respetuoso con el tiempo de los demás, y que eso podría malinterpretarse como una actitud distante y sobrada. “Pero es todo lo contrario, no quiero defraudar a nadie. Quienes me conocen y han trabajado conmigo, saben que cuando se deja de grabar me relajo, converso y me intereso por lo que pasa con mis compañeros”.

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Protagonizar El Capo le mereció reconocimiento internacional.

LAS LECCIONES APRENDIDAS
Si profesionalmente este cambio es un reto constante, personalmente ha sido un sacrificio no solo para él, sino para su familia. Marlon, quien a finales de 2014 se casó con la actriz Laura Pujol, tiene cuatro hijos de relaciones anteriores: Brian, Gabriela, Samuel y Luna. Siempre ha sido un papá dedicado y presente. “Estar lejos de las personas que quiero es lo más difícil y doloroso. Los extraño muchísimo. Pero gracias a la tecnología, podemos hablar varias veces al día por Skype o Facetime”.

Sabe que no es la situación ideal para una familia, pero también lo ve como una oportunidad para darles ejemplo de lucha. “A veces llego al punto de las lágrimas y ellos me consuelan. Me dicen que están orgullosos, que me admiran y me valoran, y saben que estoy persiguiendo un sueño. Creo que lo que estoy dando es honestidad”. Por otra parte, su esposa está adelantando todos los trámites para poder viajar a acompañarlo.

Estar lejos de los suyos le ha servido para cultivar amistades que lo han enriquecido. “La celebración de mis cincuenta años fue maravillosa. Aunque no estuve con mi familia, las personas nuevas en mi vida me hicieron sentir muy especial, y por eso les estoy muy agradecido”. Estas experiencias le han permitido ver la realidad desde otra perspectiva. “Creo que este proceso me ha enseñado cuál es mi misión en la vida y lo que me hace feliz, que es sencillamente entender que quiero ayudar, y ser parte de algo más grande. Si tengo la posibilidad de darle una mano a alguien voy a hacerlo”. Tiene claro que no espera que le den nada. “Creo que uno cosecha lo que siembra. Yo estoy dando, y quiero compartir con mi colegas y quienes me rodean lo poco o lo mucho que he podido lograr. Antes quería llegar a la cima del Everest, hoy sigo queriendo llegar, la única diferencia es que antes quería hacerlo solo”.

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Su interpretación como criminal en Perro come perro es uno de los grandes aciertos del filme.

Está convencido de que tomó la mejor decisión y se encuentra tranquilo porque siente que no tiene que probarle nada a nadie. Su trabajo está empezando a dar frutos, y hay varios proyectos en marcha, uno de ellos en Colombia. Entre tanto, Marlon Moreno ha hecho de Los Ángeles su hogar. Hace unos meses tuvo la oportunidad de conocer a Al Pacino, uno de los actores que más admira. “De repente llegó a un asado en el que yo estaba, saludó amablemente a todos y se unió al grupo donde yo estaba escuchando los cuentos de un italiano. Ninguno de los dos pudimos hablar, simplemente me dediqué a observarlo. Con el tiempo he aprendido que esta es también una forma de conocer a la gente”.

Aunque el camino no ha sido fácil, algo en su energía y actitud parece indicar que lo mejor está por venir. Después de todo, se halla en la ciudad donde los sueños se hacen realidad, y él está dispuesto a lograrlo.

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