Geoff Dyer: El anti-turista

El escritor inglés Geoff Dyer, invitado por el British Council al Hay Festival, le contó a Diners cómo construye su mirada de viajero y cuáles son sus destinos recurrentes y soñados.

Aunque Geoff Dyer le hace honor al legado explorador de los ingleses, sus aventuras no se limitan a los lugares. Escribe con la misma fascinación sobre una escena de una película, un fotógrafo o la historia del jazz. Con siete libros de no ficción y cuatro novelas, y por su habilidad para mezclar géneros, es uno de los pioneros de lo que se conoce en inglés como literatura de espacios intermedios.

En Arenas Blancas, su último libro, Dyer salta de retratos íntimos de paisajes y reseñas de obras de arte al aire libre a los enamoramientos de compañeros de viaje y las enfermedades inesperadas. Los relatos honran las fascinaciones temporales que generan los lugares y también las desilusiones. Al contar las anécdotas, los lectores participan de una forma de viajar que da cuenta de cómo las expectativas cambian y se están negociando constantemente. Su mirada llena de humor y escepticismo, no alaba con veneración, admira con sencillez.

Dyer asistió al Hay Festival como parte de la delegación del British Council y conversó con nosotros sobre su manera de experimentar la cotidianidad y escribir sobre lo que pasa y lo que no pasa en los viajes.

En Arenas Blancas describe con frecuencia esos espacios entre lo que ofrecen los lugares y lo que las personas traen consigo; los relatos se vuelven más íntimos y algunos son muy personales, ¿cómo ha cambiado su proceso de escritura de estas experiencias en el tiempo?
“Lo que me sorprende es que cuando era joven me sentía mucho más seguro, tenía un montón de seguridad y confianza en mi mismo y podía ir a cualquier lugar, investigar sobre cualquier tema. Me sentía muy confiado al escribir. Pienso en el libro que escribí sobre el jazz. Fui a Nueva York, un inglés, blanco, a escribir sobre música estadounidense y mayoritariamente negra, y lo hice con una confianza absoluta, que ciertamente no tendría en este momento. Cuando era joven, tenía mucho que decir sobre muchas cosas, tanto que nunca parecía suficiente, ya no es así. Es algo que ha pasado. No sé porqué. Tal vez, tiene que ver con que antes cuando estaba interesado en algo había un par de libros sobre el tema, pero ahora, lo puedo buscar en internet y ahí ya está. Ya no hay tanto que aprender”.

En los relatos describe cómo las expectativas insatisfechas se transforman, ¿esto pasa cuando está todavía en los lugares, o posteriormente, cuando escribe y revisa los hechos?
“Depende. Puede ser como en ese relato, Ciudad Prohibida, cuando fui a Beijing, no para escribir sobre eso, ni para escribir sobre China, de hecho nunca tuve deseos de ir a China, me daba susto. Pero fui, porque dije, bueno pues de todos modos puedo ir, y después, fue super obvio que había sido estúpido el no querer ir. Porque China es apasionante, viniendo de una ciudad antigua como Londres, uno verdaderamente ve lo que se dice -que China es el futuro-, en una ciudad como Shanghai que es fantástica y fascinante. En esa ocasión sentí que había algo sobre lo que escribir apenas llegué. En otros casos, reflexiono después y creo que entre más tiempo lo dejo, quizá haya más elementos de ficción”.

¿Cuál ha sido su viaje de trabajo más memorable recientemente y por qué?
No he escrito sobre un lugar o sobre ir a un lugar desde el viaje que hice a Islandia, en el verano pasado. Y fue increíble. Me pasaba que cada vez que veía una fotografía de un paisaje era de Islandia. Es hermoso. Es caro, es como lo que usualmente pensábamos de Tokio en los ochenta. Por eso, ¡es crucial ir a Islandia de trabajo! Estaba super emocionado y fue fantástico. Fue grandioso, sentí ‘ojalá hubiéramos venido por diez días, no cuatro’ y hay tanto todavía por ver. Y tuvimos mucha suerte con el clima, estuvo maravilloso.

En lo personal, ¿a qué lugares le gustaría ir?
Me encanta ir al sudeste asiático, he estado en muchos lugares, Camboya, Laos, y nunca he estado en Myanmar, porque cuando estaba en esa parte del mundo, todavía había un boicot. He querido ir a Buenos Aires por mucho tiempo. Ahora vivo en Los Ángeles, pero llegar a Argentina desde Londres era siempre un camino largo. La distancia es tal que te hace sentir, “Las Malvinas de verdad que sí le pertenecen a Argentina”.

Siento que estoy más cerca a Argentina ahora, pero Argentina sigue estando en una ubicación algo inconveniente para todo en el mundo. Y si me preguntas por qué quisiera ir a Buenos Aires, no sé, a veces leo un par de cosas o me encuentro un par de fotos y me da curiosidad, todos dicen que Buenos Aires es fantástico.

¿Siente algún tipo de presión al visitar lugares como Birmania o Israel, con situaciones políticas de conflicto, lo considera cuando está tomando la decisión de ir?
Cuando estábamos en el sudeste asiático, había está cosa de no ir a Birmania, pero la gente que sí fue, decía que le abrió los ojos y que había maneras de asegurarse de que el estado no recibiera todo el dinero. Así que no sé.

No fui a Sudafrica cuando existía el boicot y después de eso, sí fui y es espectacular. Varía, yo igual sí apoyo los boicots. Pero, por lo general voy a todos lados, porque para cuando me muera quiero haber ido a todas partes. La única vez que yo personalmente boicoteé fue cuando me invitaron a Arabia Saudita, yo no quiero ir a este lugar donde la opresión de las mujeres es estúpida y absurda, y después pensé, debí haber ido, sólo para saber cómo es. Porque ocasionalmente me han dicho “no es como lo describe la gente en occidente”, y yo hubiera podido hablar sobre Arabia Saudita con un poco más de autoridad.

¿A qué lugares le gusta regresar?
Cuando me encanta un lugar, siempre quiero volver y quiero ir a menudo. En una época mi esposa y yo íbamos a Utah todo el tiempo, al Parque Zion, que es increíble. Y la última vez que fuimos, pensé, de pronto hemos hecho esto con mucha frecuencia. De igual manera cuando vivimos en Roma, siempre íbamos a la Villa Adriana, que es fantástica. Y la ultima vez que estuvimos, nuestros amigos italianos dijeron, no volvemos a hacer esto nunca.

Lo mismo pasó con Burning Man, fuimos de más. Aunque es una combinación de sentimientos, sentir que de verdad me gusta un lugar y sentir que hay mucho más para ver, y es típico que lo siga visitando hasta que sienta completamente que no hay nada nuevo para aprender, e incluso en esa ultima visita ver el lado deteriorado de un lugar. Igual, habiendo dicho esto, es probable que volvamos a Utah. El oeste de Estados Unidos también es muy bello. A menudo nuestra experiencia era similar, los días eran geniales, manejábamos, disfrutábamos de los paisajes y las noches eran horribles, quedarse en un motel desagradable y comer comida espantosa, destruye un poco el alma. Pero descubrimos que si uno investiga de antemano a dónde ir, hay lugares excelentes para pasar la noche con buena comida.


¿Qué es lo primero que hace cuando llega a un lugar?

Soy un animal de costumbres en donde quiera que esté. Vivo la misma vida aquí que vivo en otra parte. Estoy tan apegado a mis hábitos que siempre tengo una idea de los cafés que me gustan y siempre busco ese tipo de cosa. A un nivel casi desagradable, en donde quiera que esté, idealmente siempre estoy buscado el Williamsburg de ese lugar. Busco un café bonito, con excelente café… y bueno, todos nos quejamos de la gentrificación, pero la verdad es que a todos nos gusta un cierto nivel de gentrificación.

Cuando yo estaba viviendo en Williamsburg tenía el nivel perfecto para mi, la gente más joven me decía “debiste haber vivido acá hace 8 años cuando era más cool” pero la verdad es que a mi edad, no quiero estar lidiando con vendedores de drogas y todo eso. La razón por la que pongo el ejemplo de Williamsburg es porque hay muchas cosas de buena calidad y todavía quedan lugares destartalados y por arreglar. Yo vivo en Venice Beach donde nada puede tener éxito que sea cool porque es súper caro. Lo que pasa es que alguien viene con un concepto y lo implanta, no es algo que nazca orgánicamente del lugar.

El otro día, un amigo me dijo con tristeza que estamos solo a dos tiendas de tener una sucursal de Prada, y aunque para algunos eso significa que lo logramos, para nosotros es una señal de que ya es hora de irse. Todos tenemos un sentido de lo que nos encaja. Por lo general no me preocupa la seguridad, porque en mi experiencia el mundo ha sido un lugar muy seguro, especialmente después de que pase siete semanas en Johannesburgo, un lugar tan inseguro que no se puede vivir normalmente, y de ahí derecho a Singapur. Es horrible vivir en un lugar como Johannesburgo, las precauciones que hay que tener a diario tienen consecuencias en la psiquis, pero generalmente el mundo es sorprendentemente seguro.

¿Tiene hábitos en la escritura también? ¿En las maneras de tomar notas?
Depende, cuando voy a un lugar de trabajo, tengo que tomar notas, y estoy súper pendiente de mirar a mi alrededor y de notar cosas, pero encuentro que esto es un esfuerzo, tratar de notar algo, en otras circunstancias voy por ahí de mi manera habitual y si siento que algo tiene el potencial de ser una historia o un texto, entonces pongo más atención.

Depende. Por ejemplo, fui Sarajevo a dar una charla y estaba súper emocionado, porque yo había escrito sobre la Primera Guerra Mundial y estaba muy interesado en Yugoslavia, tenia mucha ilusión, terminé yendo al lugar donde le dispararon a Francisco Fernando y no pasó nada. En términos de vibración, no sentí nada, y creo que ni tomé una sola nota en Sarajevo. Si digo que fue decepcionante, no me refiero a la ciudad, me refiero a que estaba decepcionado de mí mismo. Porque lo único que podía pensar era, “qué horror, todavía dejan fumar dentro de los cafés”.

El turismo de extranjeros en Colombia creció 16% el año pasado, ¿Qué recomienda para que el crecimiento sea sostenible y que se pueda recomendar los destinos sin que se promueva un turismo depredador?
Si tuviera recomendaciones, sería ministro de turismo, así que no tengo sugerencias específicas, pero lo que sí se es que todo el mundo sabe que es una calle de un solo sentido, en la que no se puede volver. Las etapas anteriores al desarrollo se van para siempre. Recuerdo una isla a la que iba con frecuencia en Tailandia, para mi era perfecta, me encantaba, y un camino se volvió una carretera, y luego un club, y después, si deciden, ups se ha desarrollado mucho, es un punto de no retorno, no es posible volver y la velocidad con la que los lugares se arruinan es extraordinaria.

Aunque hay beneficios económicos instantáneos y obvios, uno no se puede dejar tentar por eso, porque el precio que uno paga es muy alto y la velocidad con la que un lugar puede perder todo lo que lo hizo atractivo en un principio es alarmante. Estaba en el supermercado comprando agua ayer, algo ya de por si malo pero lo estaba haciendo, y es curioso, porque una cosa pequeñita como una bolsa de plástico, en California donde yo vivo ya casi ni existen, son puras bolsas de tela, la estaban repartiendo en este supermercado como si fuera un símbolo de riqueza.

Y aunque es algo pequeño, (¿a quién le importa una bolsa?) en todos los lugares que he estado el plástico es una verdadera amenaza. Si vas a India, el Ganges está saturado. Ese tipo de cosas. Hay un montón que aprender de las lecciones de países que han experimentado un boom económico. En India u otros lugares en el hemisferio sur, donde el tráfico es caos… ellos se comieron el cuento de que el carro es un símbolo de éxito individual y riqueza, y en poco tiempo, se dieron cuenta que el carro era un símbolo de congestión, tráfico y estar enojado. Y todos terminan quejándose. En Los Ángeles el tráfico es terrible y lo que ha pasado es que ha mejorado la vida de barrio, porque no se puede ir a ninguna parte, y creo que ha pasado lo mismo en Sao Pablo. No estoy diciendo nada único.

¿Cuál es su próximo proyecto?
Mi próximo proyecto es un libro sobre el fotógrafo Garry Winogrand, que de alguna manera es lo opuesto a un libro de viajes, pero para mi, es un viaje al mundo de esta persona.

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