Bibliotecas que sobreviven contra todos los pronósticos

A través de los años han sobrevivido al abandono, la persecución nazi, religiosa y se convierten en un símbolo de resistencia.

La localidad de Darayya, ubicada en Damasco, la capital de Siria, sufre desde 2012 los horrores de la guerra. Se calcula que la población -antes de 25.000- se redujo a un estimado entre 4.000 y 8.000. Solo hasta el pasado mes de junio un convoy de ayuda humanitaria de la ONU y Media Luna Roja pudo entregar una dotación de comida, harina y medicamentos. La primera ayuda que reciben desde que empezó la guerra.

Sitiada, destruida y sin una solución a la vista, los habitantes de Darayya se tuvieron que acostumbrar a esquivar balas. La disputa del territorio entre el ejército de Bashar Al Assad y el Ejército Libre Sirio hicieron que los habitantes de la ciudad tuvieran que adecuar su estilo de vida con un solo propósito: sobrevivir. Por eso, cuando la prioridad es salvar la vida, otros aspectos, como la educación, se dejan a un lado; sin embargo, un admirable grupo de personas se arriesga por ir a edificios destruidos para rescatar libros y llevarlos a un sótano que se volvió biblioteca para continuar estudiando.

La biblioteca subterránea de Darayya cuenta con más de 14.000 libros sobre cualquier tema. “Vimos que era vital crear una biblioteca para continuar nuestra educación. La pusimos en el sótano para evitar que fuera destruida por bombardeos como muchos otros edificios aquí”, le dijo a la BBC Anas Ahmad, uno de los fundadores.

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Los rescatistas de libros los buscan en hogares bombardeados. Se escabullen sigilosos entre los escombros para no ser confundidos con enemigos y evadir a los francotiradores. “Tenemos que ser extremadamente cuidadosos porque a veces nos siguen, anticipando nuestro siguiente paso”, dijo Ahmad.

Los lectores de la biblioteca son niños y soldados del Ejército Libre Sirio, también médicos y profesores. La ubicación exacta permanece desconocida. No hay otra manera de protegerla. “Realmente tiene un lugar especial en nuestros corazones. Cada vez que hay un bombardeo cerca de la biblioteca, rezamos por ella”, contó a la BBC Omar Abu Anas, ex estudiante de ingeniería que ahora pelea contra el gobierno de Al Assad. “Los libros nos motivan a seguir adelante. Leemos sobre cómo en el pasado todos le dieron la espalda a una nación en particular, pero aún así esta nación salió adelante”, finaliza.

Bajo tierra no es el único lugar en el que los libros se han salvado, y de paso, han salvado la imaginación de quienes leen. Durante la Segunda Guerra Mundial, en el campo de concentración de Auschwitz funcionó el barracón 31, un bloque que conformaban únicamente niños y algunas de sus madres. Este pabellón era el que utilizaban los nazis para mostrarle a la misiones de verificación internacional el “cuidado” que estaban teniendo con los hijos de los presos.

En este barracón había una niña llamada Dita Kraus, quien fue deportada con su familia desde República Checa. Ella era la encargada de cuidar algo que no tenía que existir en el contexto de un campo de concentración: libros. Se trataba de una colección de tan solo 8 ejemplares: un atlas, un tratado sobre geometría, Breve historia del mundo (de H.G. Wells), gramática rusa, una novela francesa, Nuevos caminos de la terapia psicoanálitica (Freud), otra novela rusa y una checa.

Dita debía esconder los libros de los guardias de la SS; incluso, una vez los tenía bajo su ropa y estuvo a punto de ser descubierta. Su historia la registró el escritor español Antoni G. Iturbe, en un fantástico libro titulado “La bibliotecaria de Auschwitz”, en el que además de la historia de los libros, cuenta detalles escabrosos de los campos de concentración.

Otras improvisadas bibliotecas se escondieron durante cientos de años entre los muros de las casas de Aragón, en Zaragoza. Durante las últimas décadas del siglo XV y comienzos del XVI, los Reyes Católicos de España, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, llevaron a cabo algo que luego se conoció como Pragmática de conversión forzosa, que consistía, básicamente, en convertir al cristianismo a todo aquel que creyera en otra religión.

Quienes se rehusaran al adoctrinamiento religioso recibían sanciones, condenas y se amenazaba con la expulsión. Los musulmanes de la región que se convertían al cristianismo recibieron el nombre de moriscos, y ellos fueron los primeros perseguidos, pues aunque se declararan cristianos, seguían practicando sus tradiciones religiosas.

Así que el decreto de las Cortes de Monzón, promulgado en Valencia en mayo de 1528 les prohibió explícitamente hablar en su lengua nativa, llevar a cabo matrimonios según su religión, y en general los vetaba de cualquier demostración de costumbres distintas a las cristianas.

Entonces, en un afán por salvaguardar sus textos de la persecución cristiana, los moriscos escondieron sus libros sagrados y de literatura árabe entre los muros de sus casas. Permanecieron cientos de años resguardados y poco a poco, con las demoliciones y reformas estructurales de las viviendas, tanto de Aragón como de Valencia, fueron apareciendo, algunos gastados, otros intactos.

Juan Carlos Villaverde Amieva, fundador del seminario de Estudios Árabo-Románicos de la Universidad de Oviedo, en España, recopila algunos de los descubrimientos de estos textos en una investigación titulada “Los manuscritos aljamiado-moriscos: hallazgos, colecciones, inventarios y otras noticias”.

Uno de los textos se halló en 1719, y junto a él se encontró una nota que explicaba su inverosímil descubrimiento entre las paredes:

“Mui señor mio: estando de casualidad en el lugar de Ricla, que dista ocho leguas de esta ciudad y es del estado del Marqués de Camarasa, un amigo mio halló en casa de un eclesiástico el adjunto libro, y le aseguró que no ha mucho tiempo que éste con otros algunos de los mismos caracteres se abían descubierto derribando un pilar de una casa, en el centro de él, en el hueco que formaban unas tejas arto crecidas, envueltos en un paño de lino y con muchas piedras de sal, que hicieron juicio las abian puesto para defender los libros de la humedad; los caracteres de este libro no hai quien los entienda en Zaragoza y porque en Madrid no faltará quien los lea los remito á V. S. por si contiene alguna cosa digna de memoria, que merezca estar en la librería del Rey nuestro Señor, y en este caso se podrían dar las providencias convenientes para que se recojan los demas libros que con este se allaron”. Página 95.

Estas tres historias revelan el poder y el interés que despierta la literatura aún en las más inhumanas condiciones. Se presenta como luz de esperanza y ha servido tanto para combatientes en guerra, prisioneros y gente perseguida hasta el interior de su casa.

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