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Lea las cartas más impactantes de la guerra de Irak

Desoladoras y desgarradoras cartas escriben a sus familiares los soldados de Estados Unidos que se juegan la vida en Irak. Por su carácter íntimo y personal, representan un radiografía descarnada de la tragedia que se vive en ese país, y de la paz de la postguerra.

Foto: Archivo Diners

Desoladoras y desgarradoras cartas escriben a sus familiares los soldados de Estados Unidos que se juegan la vida en Irak. Por su carácter íntimo y personal, representan un radiografía descarnada de la tragedia que se vive en ese país, y de la paz de la postguerra.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 403 octubre 2003

De estas cartas, en su mayor parte e-mails, algunas están firmada con nombre de pila y otras con una identificación genérica para proteger a sus autores.

Esto es una pesadilla
El soldado Chris a su hermana

«No nos dejan acercarnos a los niños. Llegamos a otra nueva ciudad que no te puedo decir. Había mucha gente pidiendo y muchas malas caras también. Le di a un niño de tres años algo de comer, y también a su hermana, que tenía unos seis. Me recordaron a ti y a mí. Esto es una pesadilla, quién sabe”.

En un punto desconocido de Irak, Junio de 2003

No hay sombra en el desierto, madre
Un sargento del Ejército a su madre

Yo los llamo calderos de mierda. Están ardiendo todo el día. El olor es insoportable, pero no tenemos otra forma de ir al baño. Llevamos semanas despertándonos con 43 grados, y normalmente la temperatura llega hasta 51 o más durante el día. No hay sombra en el desierto, madre.

Conseguí montar para nuestros hombres una tienda con unas tablillas de madera. Hemos desviado un canal de agua de la que reciben los prisioneros de guerra, y ahora por lo menos podemos ducharnos. Algunos de mis hombres tienen una piscina de plástico de esas para niños y la usan para refrescarse en agua, que en realidad está hirviendo al final del día. Ni siquiera pensaron en construir barracones para cubrirnos del sol”.

¿Vale la pena esto?
Un marine a un congresista

“La guerra es el infierno. Yo era un estudiante en Los Ángeles y tenía una vida. Vine aquí porque era mi deber, pero ya no sé lo que estoy haciendo. Nadie nos dijo que estaríamos a 45 grados en el desierto, nadie nos dijo que llevamos pesados uniformes que ni siquiera podíamos arrastrar, nadie nos dijo lo que realmente íbamos a hacer por aquí, asegurar los pozos de petróleo. He visto gente morir. He visto gente despedazada en trocitos y arrojada al desierto.
“Y yo me pregunto: ¿Vale esto la pena?

Samarra, abril de 2003

Mucha gente fue herida
El soldado Cody a su madre

“Sólo quiero que sepas que estoy bien, en caso de que ya hayas oído algo acerca de la situación por aquí. Una enorme bomba estalló a menos de un kilómetro, y durante cuatro horas seguidas explotaron sin parar y los misiles cayeron por todos lados. Daba mucho miedo, y mucha gente fue herida. Después no hubo una sola palabra sobre el tema, pero aquí nadie estaba jugando.

Probablemente saldrá en las noticias, pero sólo quería decirte que estoy bien y que todo ha acabado ahora. Cuéntaselo también a Sara en caso de que yo no pueda tener contacto con ella. Te quiero, y di a mis hermanos que se porten bien. Con amor”.

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Al norte de Bagdad, 9 de junio de 2003 Octubre de 2003

Mándame papel higiénico…
La soldado Rommie a su cuñada

Escuché algo sobre la emboscada esta mañana. Fue donde estaba mi unidad. Es donde estábamos antes de venir aquí, al campo Anaconda. Aquí o allí tengo que quemar nuestra mierda. Esto no ha terminado. La gente se ha creído eso de que se ha acabado, pero la guerra está todavía en plena acción.

Hoy he conocido a Arnold Schwarzenegger (no soy capaz de deletrear su nombre).Todo lo que dijo sonaba a que se lo habían escrito. Aquí nada cambia. Una comida al día y quemando la mierda. Tengo que decirte adiós. Mándame cuando puedas papel higiénico, tampones, comida/ Snacks, jabón para el cuerpo y la cara».

Bagdad, 4 de julio de 2003

Nadie debería tener tanto poder
El soldado Nick a su madre

“Nadie debería tener tanto poder, mamá, para hacerle esto a un país. No te preocupes. Conseguiré volver…de alguna manera…».
Bagdad, mayo de 2003

¿Dónde están las pruebas?
Carta abierta del soldado Tim Predmore

¿Cuál es nuestro propósito aquí? ¿Fue la invasión debida a armas de destrucción masiva como escuchamos a menudo? ¿Entonces, dónde están? ¿Invadimos el país para quitar a un líder y a su régimen por su relación con Osama Bin Laden? ¿Entonces dónde están las pruebas? ¿O es que nuestra incursión es para nuestro propio provecho económico? El petróleo de Irak puede ser refinado al costo más bajo del mundo. ¿Es sólo una coincidencia?

Hay una sola verdad, y es que los americanos están muriendo. Estimamos que hay entre diez y catorce ataques diarios contra nuestros hombres y mujeres cada día en Irak. Mientras que el recuento de cuerpos sigue creciendo, parece que no hay señal inmediata de final a la vista.

Hubo un tiempo en que creía que servía a una causa: ‘Mejorar y defender la Constitución de Estados Unidos’. Ahora ya no lo creo. He perdido mi convicción, mi determinación, y ya no puedo justificar mi servicio por lo que creo que son medias verdades o claras mentiras.

Mi tiempo ya ha pasado, como el de muchos otros junto a los que sirvo. Todos nosotros hemos estado al borde de la muerte aquí, sin razón ni justificación. ¿Cuántos más tienen que morir? ¿Cuántas lágrimas más tienen que ser derramadas antes que América se despierte y demande el regreso de hombres y mujeres cuyo trabajo es protegerlos a ellos y no a los intereses de su líder?».

Mosul, 24 de agosto de 2003

Las cosas están histéricas
Un soldado a su mujer

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“Babe: Tenemos muchas unidades en Irak, ya cerca de Bagdad, y el resto de nosotros debe partir dentro de un par de días. No sé qué e-mail o teléfono tendré después que nos marchemos. Las cosas están completamente histéricas por aquí y he tardado toda la noche y toda la mañana en descargar el email.

«Apruebo todo lo que hagas. Pude enviar un paquete con un par de rollos de película ayer. Dicen que tardará un par de semanas en llegar. Intenté durante horas llamarte anoche, pero simplemente no funcionó. Es muy difícil que los teléfonos respondan. Perdóname, me puse realmente triste anoche dando vueltas y vueltas después de intentar toneladas de veces llamarte. Te echo mucho, mucho, de menos.

“Estoy orgulloso de ti y de las chicas [sus gatos]. Diles a los árboles que sigan creciendo. Te quiero muchísimo. Tu amante esposo.
«P.D. Arrasa en los finales, Babe. P.S. Bis. Tú eres mi mejor amiga. Te quiero».

En la frontera de Kuwait, 17 de abril de 2003

Ya no nos sentimos héroes
Isaac Kindblade, soldado de la Tercera de Infantería

Se ha dicho mucho sobre nuestra desmoralización. Es una realidad por todos lados. Hace mucho calor, llevamos aquí mucho tiempo, es peligroso, no hemos tenido ningún verdadero descanso en meses y no sabemos cuándo volveremos a casa.

Cuando la guerra acababa de terminar, éramos liberadores y la gente nos amaba. Ahora somos una fuerza de ocupación ante sus ojos. Ya no nos sentimos héroes. Estamos haciéndolo lo mejor que podemos, intentando que este lugar recupere su vida, de modo que podamos regresar a casa, hacer amigos entre la población y tratar de llevar paz y estabilidad.

“También es un problema de nuestro ejército. Nuestros tanques Abraham, nuestros helicópteros Apache nuestros ordenadores, satélites, y todo lo demás: es un equipo muy bueno, pero esencialmente inútil en las operaciones de paz. Depende de los soldados sobre el terreno armados con M-16, pero con pocas palabras de árabe.

La labor es peligrosa y las condiciones aterradoras. Los soldados son atacados, heridos cada día. El compromiso cojea cada vez más. Somos demasiado pocos. Estamos cansados. Ya no podemos más.

“El Presidente dijo: Que vengan. Los generales dicen que no necesitamos más tropas. Claro, ellos no están aquí. Se necesitaría un grupo de Superman para hacer lo que nos están pidiendo. Tal vez la gente en casa cree que lo somos. Tengo veinte años y no puedo evitar pensar que servir en una guerra es un rito de iniciación con el que mi generación se está ganando un lugar en los libros de Historia».

Bagdad, 5 de agosto 2003

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