¿De qué se trata la Cábala y cómo se practica en Colombia?

María Isabel Nieto, directora de Asuntos de Gobierno de Bavaria y exviceministra del Interior, asegura que la cábala no es ni una secta ni una moda, sino el camino para encontrar respuestas desde la espiritualidad.

La casa de María Isabel Nieto podría ser una galería de arte. Obras de Botero, Grau y Barrera de aquella época en la que sus nombres no figuraban entre los más conocidos. Es un legado de sus padres. Ahora ella misma colecciona los trabajos de jóvenes artistas que tengan historias por contar.

El arte y la espiritualidad son algunas de las facetas menos conocidas de María Isabel. Ha sido edil, concejal, viceministra del Interior y cuando estaba buscando financiación para lanzarse al Senado en el 2010 se quedó en Bavaria como directora de Asuntos de Gobierno e Industria. Rasgos finos, pestañas largas. Ropa holgada y liviana que no oculta su esbelta silueta. En la mano izquierda tiene un hilo rojo: “Es para protegerme y también para acordarme de la capacidad de herir con la palabra”.

Llama la atención una biblioteca que ocupa una habitación entera. “Y solo es una parte”, dice. En el corazón de los anaqueles hay una hilera de gruesos lomos, veintitrés en total. Se trata del zóhar que la maestra Batsheva Zimerman, una de las autoridades de cábala o kabbalah en el mundo, le regaló a María Isabel cuando empezó a ser una de las estudiantes más comprometidas. El zóhar es para los cabalistas lo que la Biblia para los cristianos.

Esto no significa que sea una religión. “Yo sigo siendo católica, voy a misa, creo en Jesús y en la Virgen.”, aclara. Lo explica porque a veces la estigmatizan y piensan que está en un grupo esotérico. Es, más bien, un complemento espiritual que le ha servido para quitarse una venda, aplastar el ego y ser más consciente de todo.

“La cábala es una tecnología para el alma, una sabiduría milenaria que contiene unos principios universales en el que convergen todas las religiones. No es mágica: todo es explicable”. La llama tecnología porque la ve como una serie de procesos para aprovechar mejor las situaciones y resolver los problemas.

Cuando María Isabel Nieto fue concejal de Bogotá, entre 2004 y 2006, sintió que estaba en un lugar denso. “El ambiente político es de traiciones, no de lealtad. Estaba agobiada por esas energías tan negativas y reactivas”. Además, necesitaba un camino que le ayudara a darle un sentido a cada cosa que hacía. “No es que estuviera deprimida o sin un norte, sino que buscaba una herramienta para entender ese ambiente, manejarlo, protegerme”.

Un amigo le propuso que fuera a una clase de cábala. “Antes de esa primera vez tenía miedo de que fuera más religioso que espiritual, que fuera en contraposición de mi religión. Es difícil quitarse de encima la tradición de las culpas. No quería caer en el fanatismo y tenía miedo de que la gente me clasificara dentro de una secta”. De hecho, saber que Madonna era una de las practicantes más famosas de la cábala la hacía pensar que era light. “Pero me di cuenta de que tenía una profundidad infinita y que Jesús había sido cabalista”.

El poder de la cábala, de Jehudá Berg, y Ser como Dios, de Michael Berg, fueron los libros con los que empezó a quitarse la venda, como ella dice. También recibió un par de visitas de Batsheva Zimerman en su propia casa. Cuando le regaló el zóhar hasta el esposo de María Isabel resultó estudiando cábala. “Hoy en día es más juicioso que yo con las clases”. Sus hijos, de 14 y 16 años, se interesan, pero no son practicantes. “Tratamos de no imponerles nada, les enseñamos nuestros principios, pero no los enmarcamos dentro de la cábala”.

Le gusta ir una vez a la semana a la sede: “Leo dos pasajes del zóhar y me dan orientaciones prácticas sobre la vida y cómo ser mejor persona. Es importante aplicar lo de la clase. No hay niveles, cada clase te recarga. Es tan profundo como quieras hacerlo”.
Recuerda cuando en el 2006 llegó al Viceministerio del Interior: “Tenía que lidiar con gente amenazada de muerte y los problemas más serios del país. En ese momento la cábala fue la paz y tranquilidad que necesitaba para pensar claramente y tomar las mejores decisiones”. De hecho, tenía una relación difícil con el entonces ministro Fabio Valencia y se le ocurrió regalarle un zóhar.

“La sola presencia del libro es positiva, genera en esa persona sentimientos de luz”. Él nunca le dijo nada, ni se hizo cabalista, pero el ambiente sí mejoró.

Hoy en día, cuando vuelve a sentir algo negativo a su alrededor, carga un par de tomos del zóhar en su bolso o los pone en su oficina. “Con sólo pasar los ojos sobre las letras en arameo ya estoy recibiendo parte de esa tecnología. Lo entiendo como un libro sagrado, espiritual. Hay oraciones para todo: para viajar, comer o lavarse las manos. Le presto más atención a los principios que puedo aplicar día a día que a los rituales”.

En las dos festividades judías más importantes del año, el Pésaj, en Semana Santa, y el Rosha Shaná, el año nuevo espiritual judío, María Isabel aprovecha para viajar a la sede de Cábala en Los Ángeles, Estados Unidos, donde se reúne con cabalistas de todo el mundo bajo la guía de Yehudá Berg, una de las máximas autoridades de esta corriente. Se trata de tres días de recarga espiritual, conferencias y meditar sobre pasajes del zóhar. En el ritual de la cena los alimentos simbolizan algo: “Uno de mis favoritos es el rábano picante. Al principio pica y luego se siente dulce. Es como la vida: el secreto está en encontrarle lo dulce a los problemas”.

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