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Estos fueron los primeros alemanes en Colombia

Desde la Conquista los germanos que llegaron al país hicieron aportes decisivos a la industria, la aviación, la ciencia y la cultura. El libro Presencia alemana en Colombia traza un magnífico recuento de esa fructífera aventura teutona.

Foto: Archivo Diners

Desde la Conquista los germanos que llegaron al país hicieron aportes decisivos a la industria, la aviación, la ciencia y la cultura. El libro Presencia alemana en Colombia traza un magnífico recuento de esa fructífera aventura teutona.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 287 de febrero 1994

La presencia de los alemanes en Colombia tiene tanto de épica como de lírica, o mejor, semeja una especie de viaje sentimental al estilo del romanticismo clásico. El libro Presencia alemana en Colombia, editado por Mayr & Cabal, cuenta la historia del encuentro del sentimiento de la naturaleza con la naturaleza misma. Para los alemanes «el corazón verde de América» era propicio para su identificación con esta tierra misteriosa y perdida, inspiradora de aventuras y mitos.

Así empezó la loca empresa de Alfinger en busca de El Dorado, en la cual él acabó, en una exploración del interior de la Nueva Granada, atravesado por una flecha envenenada que le pasó la garganta.

El mito americano encendió la imaginación de un pueblo de románticos fascinados por combinar su propia mitología con la invención de un continente encantado. Bellamente asevera Germán Arciniegas que «no estaba muy despistado Víctor von Hagen cuando decía que el mito de El Dorado era más una invención alemana que
un producto de los sacerdotes americanos».

UNA RÁFAGA DE VIAJES Y VIAJEROS

Desde el prólogo de este precioso volumen se anuncia una «ráfaga de viajes» emprendidos desde el Viejo Continente por alemanes que trajeron consigo en diferentes épocas «romanticismo, conocimiento, experiencia y ciencia». Estos pioneros germanos, financiados con dineros de las casas de los Welser y los Fugger, con ideas y trabajo emprendieron proyectos definitivos para el desarrollo de Colombia. Estéticamente pareciera, según un atento observador de nuestra historia, que América hubiera sido descubierta por los alemanes.

Contrario al tipo clásico de conquista que nos deparó el imperio español, los propósitos germánicos estaban unidos alrededor de «un fuerte deseo expedicionario por descubrir,
organizar y crear un mundo nuevo en sus manos». Llegados a una tierra sin Renacimiento ni Reforma ni Ilustración, los alemanes intentaron trasladar su modelo de sometimiento racional de la naturaleza a las mentes mágicas de los pobladores americanos.

Humboldt, Elbers y Lengerke forman la trilogía de viajeros alemanes legendarios que encontraron una segunda patria entre nosotros, como dijo de sí mismo, en memorable ocasión, el primer sabio berlinés.

Fue éste, Alejandro de Humboldt, quien participó al lado de otro sabio, el andaluz José Celestino Mutis, en la fundación de los estudios de ciencias naturales en la Nueva Granada. Pero más que consagrar con sus esfuerzos la empresa científica de la Expedición Botánica, Humboldt fue un visionario del destino de América, aunque nunca se atribuyó «la gloria de ser un profeta de la revolución».

Los otros dos forjadores de sueños visionarios se adelantaron a la transferencia de la revolución industrial europea y construyeron una infraestructura vial por escarpadas breñas y sinuosos ríos.

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Elbers y Lengerke fueron autores de proyectos delirantes al explorar las vetas mineras y surcar las arterias fluviales como pioneros de la navegación a vapor por el Magdalena. En el caso ejemplar de Juan Bernardo Elbers, fue él «quien creyó en el futuro del río como ningún colombiano jamás lo hizo».

LAS GRANDES EMPRESAS

A diferencia de otras culturas, los alemanes no vinieron a encubrir ni a sojuzgar nuestra cultura sino que intentaron fusionarse con la cultura existente en el continente.

Además de la navegación y la minería, estos intrépidos conquistadores crearon la segunda empresa de navegación aérea comercial más temprana del mundo y se adelantaron a la revolución de las comunicaciones por aire, tierra y agua en el territorio descubierto.

Sabido es que la Scadta fue la precursora de todas las empresas aéreas internacionales que inauguraron las rutas comerciales americanas y además incursionaron por primera vez en los cielos de un continente virgen. Esto es narrado como un cuento de aventuras fantásticas en el excelente trabajo de Alberto Farías, en el capítulo de la aviación colombiana.

Fritz Hammer y Wilhelm Schnurbusch, dos ex oficiales de marina, hicieron el milagro de mantener en el aire esos primitivos aviones en un medio tropical y hostil. Tras surcar
los cielos de su patria, estos aviones Junker superaron los altos y amenazantes picos de las montañas andinas y remontaron su vuelo hasta la Sabana de Bogotá, a donde arribaron el 11 de diciembre de 1920 sobrevolando el techo de la capital, siempre cubierto de niebla.

Pero además de las vías fluviales y aéreas, los alemanes horadaron el suelo de nuestra nación para arrancarles a sus vetas mineras toda la riqueza allí escondida. No eran aventureros ávidos de oro, como los primeros explotadores de nuestros yacimientos auríferos, sino ingenieros, capataces de minas, metalurgistas, médicos y hasta ministros religiosos integrados al ambiente y fusionados con su cultura.

Echaron raíces en el medio y gestaron un mestizaje étnico. Por último, mas no por ello menos importante, la empresa cervecera de los alemanes en Colombia forma parte del acervo cultural patrio.

Esta bebida alcohólica, la más antigua elaborada por el hombre, forma parte de la tradición germana, y aunque un inglés la introdujo en Bogotá a mediados del siglo pasado, fue don Christian Peter Clausen Fangel quien la industrializó en Floridablanca, Santander, hacia 1887.

Más allá de la empresa solitaria de don Samuel Sayer, ciudadano inglés venido a la capital, fueron los alemanes quienes dotaron de maquinarias frigoríficas y equipos de cocina y procesamiento a las llamadas cerveceras de Santander. Fue Bavaria la institución insignia que por más de un siglo afianzó el liderazgo alemán de esta rama entre nosotros.

EMPRESAS CULTURALES

Tres misiones alemanas integradas por importantes educadores e investigadores sajones se encargaron desde 1880 de formar y capacitar personal docente e implantar los métodos pedagógicos constitutivos de la revolución educativa del sistema escolar colombiano.

Nuestras Escuelas Normales y la misma Universidad Pedagógica Nacional deben su gestión y desarrollo al poderoso concurso de estos embajadores de la cultura germánica.

Profunda huella dejaron entre nosotros personajes como doña Franziska Radke, fundadora de la Universidad Pedagógica. En el presente siglo recibimos además el influjo de notables académicos como Ernest Gühl, Konrad T. Preuss y Hans Rother, cuyas ideas iluminaron las disciplinas humanísticas de su especialidad. Artistas como Leopold Richter
y críticos como Ernest Volkenning honraron nuestras letras e irradiaron cultura genuina.

RELACIONES Y CONCLUSIONES

Este libro concluye con una serie de artículos dedicados a las relaciones bilaterales entre nuestros Estados y comunidades nacionales. Tras un período de transición causado por el receso de relaciones con el Gobierno nazi, de nuevo la tradición de comienzos de la colonización fue retomada por los últimos emisarios de la cultura alemana.

Se nota un giro en el peso de las relaciones comerciales y financieras, que pasan a ocupar el papel de vanguardia como corresponde a los signos de una era marcada por la cultura científico- técnica. Desaparece el vuelo romántico de los pioneros de la Conquista, y son funcionarios de distinta condición y calificación técnica quienes ocupan su lugar.

Fundaciones de distinta procedencia como la Konrad Adenauer, e institutos de una nueva cultura como el Goethe, son ahora los representantes de la cooperación alemana en nuestro país. «El tiempo como lo dice la prologuista-contado desde la Conquista, ha especializado a cada uno en su oficio, en algún lugar del país”.

Ese tiempo ha hecho cambiar móviles de quienes hoy se desplazan a hacer cultura material o espiritual a estas tierras americanas. Sea cual fuere su motivación, lo único cierto es que la tierra que ahora conquistan ya ha sido conquistada una y otra vez por hombres a quienes es muy difícil emular y que forman parte de nuestro patrimonio. Ellos forjaron nuestra idea de «Crear un pueblo libre en un suelo libre».

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Junio
10 / 2019

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