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“La política se hace de emociones”: Entrevista con León Valencia

La paz en Colombia y las estrategias y emociones que forman el ambiente político. De esto habla León Valencia en su libro publicado en la pasada Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Foto: Cortesía Pares

La paz en Colombia y las estrategias y emociones que forman el ambiente político. De esto habla León Valencia en su libro publicado en la pasada Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Encontrar alguien con quien hablar de política sin insultos, agresiones, pasiones desbordadas y posiciones radicales, en el actual contexto, es una suerte. Sobre todo después de las pasadas elecciones, cuando las palabras polarización, extremos, derecha e izquierda guiaron los debates.

Entrar a las redes sociales era un sufrimiento. No había forma de escapar a los ataques de un lado y del otro. Incluso hoy, cuando el país vive una serie de situaciones que siguen despertando posiciones tan opuestas, es difícil reconocer una voz que eluda el comentario basado en el principio de “yo tengo la razón”, que se sustente en los hechos, los datos, y que tenga la cualidad de escuchar.

Por eso León Valencia puede hablar con quien sea, desde senadores de derecha, hasta ex dirigentes guerrilleros. Incluso puede construir puentes entre ellos.

En la pasada edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, este analista político lanzó El regreso del uribismo, una mezcla de crónica, reportaje e informe en el que documenta un pasado relativamente reciente de la política nacional.

Desde el piso 16 de la torre KLM, en el barrio La Macarena, de Bogotá, sede de Pares (la fundación que dirige), conversamos con él sobre el proceso de elaboración del libro, los retos a los que se enfrenta el país en seguridad, paz, y cómo el regreso del uribismo ha cambiado las cosas en los últimos meses.

El libro lo terminó en marzo para que alcanzara a salir en la feria del libro, en abril, ¿cuándo lo comenzó?

Desde agosto pasado. Cuando ganó Iván Duque había muchos interrogantes: ¿A dónde va? ¿Será una repetición del gobierno del presidente Uribe? ¿Va a ser un traidor? ¿Va a serle fiel? ¿Qué va a hacer con Estados Unidos? ¿Cómo va a enfrentar el caso de Venezuela? Pensé que había que hacer este libro para responder estas preguntas, y para eso tenía que dejar pasar los primeros tres meses y verlo actuar, después necesitaba analizar el contexto de cómo había llegado al poder. Fue un trabajo muy detallado de investigación, una inmersión total en los discursos, con entrevistas con los actores políticos. Es un libro bastante documentado.

Usted se entrevistó con fuentes de todo el espectro político, ¿cómo lo recibieron?

En general, y siempre me ha sorprendido, la gente es muy generosa conmigo. He tenido a los más diversos actores políticos. Incluso al uribismo. A veces, como hay tanta controversia, uno cree que no lo van a aceptar. Tampoco he sido un periodista en el sentido clásico, sino más un analista y alguien que hace opinión.

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En el libro cuenta la anécdota de cuando Juan Manuel Santos le propuso unificar las posiciones de algunos líderes de centro y de izquierda para que lo apoyaran en la segunda vuelta del 2014 contra Óscar Iván Zuluaga. Entonces usted organizó una cena con Claudia y Clara López, Antonio Navarro, Ángela María Robledo y otros líderes. ¿Por qué aceptó esa tarea?

Era una situación nueva en Colombia. En ese momento Juan Manuel Santos se dio cuenta de que tenía que hacer una interlocución política, que no era lo usual, porque acá las élites políticas siempre han trabajado juntas, se conocen mucho, Daniel Samper Pizano decía que son 50 familias las que conservan el poder en Colombia, incluso, cuando se habla del gobierno de Duque, hoy, el 80 % vive en Rosales. Pero la gente de la izquierda es nueva, se necesitaba una interlocución.

Me utilizaron a mí y lo hice con gusto por la paz. Lo nuevo en el debate en las élites políticas, y lo que causa la división es el tema de seguridad y paz, porque en general Colombia ha tenido una estabilidad grande ya que las élites tienen un pensamiento único en lo económico y en lo social. Esta vez tenían que darle la mano a la izquierda. Los cité en un ambiente tranquilo para que se tomara una decisión tranquila. De hecho, la reunión fue especial pero no accedieron a participar en el gobierno, que era el propósito de Santos, que tuvieran ministerios reconociéndoles que le ayudaron a ganar la presidencia. No se pudo pero hice la gestión. Acá quedó probada la habilidad de Juan Manuel Santos como estratega, que la primera elección la ganó de manos de Álvaro Uribe y la derecha; y la segunda, de manos de la izquierda.

¿Entonces las alianzas se manejan así? ¿En reuniones privadas, íntimas, y no en los pasillos o despachos del Congreso?

Sí, muchas se hacen así. Ahora está ocurriendo un fenómeno muy extraño. En este momento se está gestando una gran alianza política a través de WhatsApp, gracias a un chat llamado Defendamos La Paz, a través de él se toman decisiones que se llevan al Congreso, de ahí salió la discusión que terminó en las objeciones a la JEP, fue allí donde se tomaron las decisiones mayoritarias de las posiciones.

¿Por qué iniciar el libro con el discurso de Ernesto Macías en la posesión de Duque el 7 de agosto, si dice que el uribismo no regresó ese día sino desde que Álvaro Uribe se declaró en oposición a Juan Manuel Santos?

Los escritores tomamos decisiones sobre cómo enganchar a los lectores. He escrito novelas, cuentos, ficción, y me importa mucho eso, y pensando en cómo iniciarlo di con ese momento. El día de la posesión fue surrealista por una mezcla de hechos de la naturaleza y de la política.

Agosto es un mes de verano en Bogotá, de sol y vientos recios para elevar cometas, de días blancos, hermosos. El siete de agosto fue oscuro, lluvioso, con vientos fuertísimos, el día anterior la plaza se llenó de abejas, y que pasara todo eso, para mí como escritor, fue muy afortunado.

Además, el discurso de Macías fue tan extraño, ninguna posesión se hace así, en donde el protagonista sea el presidente del Congreso. Los expresidentes no estaban juntos, Uribe estaba en la plaza al lado de su partido, de su esposa y los otros estaban aguantando frío en otra tarima, se veía que no estaban cómodos. También se rompieron las banderas y una gran pantalla de televisión, eso influye en las decisiones políticas. Hoy lo vemos en la distancia de los expresidentes con el gobierno. La política también se hace de emociones y eso está pintado en el arranque del libro.

El discurso de Macías lo planteó como una semilla de pesimismo, ¿cómo va esa semilla? ¿creció, es más fuerte, murió?

¡Ha crecido! A una posesión se va con una actitud de victoria, de felicidad, hablándole a un país con esperanza, diciendo que vamos para adelante. Pero vino con una fuerza negativa hacia la situación del país, y las palabras hacen la política. Es el mensaje lo que transforma y mueve a los hombres. Esa carga de negatividad se ha esparcido por el país, el pesimismo es muy grande, hay crisis institucionales sucesivas, Duque tiene baja popularidad en las encuestas y todo esto tiene que ver con los discursos de poder que se han hecho.

Usted menciona hechos como los del día de la posesión y otros tantos que por sus detalles, juego de emociones y giros, parecen ficción, ¿sintió que por momentos, más que un ejercicio de documentación y análisis, lo que escribía estaba más cercano al guion de una serie como House Of Cards?

La realidad tiene eso, y la dificultad para el escritor es poder captar ciertos detalles, lograr trenzar las historias sin que expresen una narración lineal, porque la realidad es de altibajos. Por ejemplo, ¡nadie creía que el Sí (en el plebiscito), iba a perder! Conversé con Francisco Santos, quien en su momento estaba en el corazón del uribismo y me dijo: “León, si nos va muy bien a los del No, sacaremos 40 % o 45 %”.

Las emociones de los del Sí eran muy grandes, ¿quién iba a rechazar un acuerdo de paz? Hubo dos firmas, se desarmaron las Farc, una guerrilla de 50 años, eso llevó a Santos a hacer ese pulso con el uribismo y decir: con esta derrota lo enterramos definitivamente y ganamos las elecciones de 2018.

Yo veo esa curva en las emociones del país y trato de ponerlas así como ocurrieron, decir cómo va un asunto en determinada dirección y cómo termina de manera tan distinta, entre otras cosas, para que el lector logre cerrar los ojos y recordar que así fue como pasó. Fue un día tristísimo, y luego, el señor Santos, con la derrota de su vida en la espalda, sale y llama con una tranquilidad enorme al país y al uribismo para pactar otro acuerdo. Ahí creo que fue el gran error de Uribe, que se le metió en el tema y legitimó el acuerdo al meterse en la negociación. Cuando ya se salió quedó muy mal, y él se dio cuenta, pero ya el proceso de paz quedó refrendado por él.

Corrupción, violencia, guerra, narcotráfico… el libro aborda temas que podrían ser, más bien, un inventario de males de Colombia que pareciera no tener fin. ¿Cómo hacer para no perder la esperanza?

Lo que ha vivido Colombia en los últimos años hace pensar que aún continuamos en el siglo XX y que los males de esa época nos siguen acosando. Teníamos la esperanza, y aún la tengo, de que pasemos al siglo XXI, pero el país se resiste a eso, incluso los medios y la misma estructura política.

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Creo que la decisión, o el hecho más importante de Duque desde que fue elegido ha sido el encuentro con los 4 grandes de la tecnología en el mundo, eso no tuvo cubrimiento, el gran cubrimiento mediático fue el día en el que se intentó llevarle ayuda humanitaria a Venezuela. Hace pocos días recordé una frase de Noah Harari, en el Hay Festival de hace tres años, cuando le preguntó al público: ¿en dónde creen que se toman las decisiones más importantes del mundo? ¿En Washington o en Silicon Valley? Lo recordé porque si el país mirara hacia delante tendría que ver hacia allá. Ni él se preocupó por hacer el cubrimiento que necesitaba, ni los medios.

La figura de los leños prendidos, para decir que un tema sigue siendo importante e incluso peligroso si no se le presta atención, es reiterativa en el libro, como que en cualquier momento esos leños prenden el bosque, ¿tiene esa sensación?

El proceso de paz con las Farc fue importante porque había un incendio que se comenzó a apagar, y eso se refleja en los indicadores que están en el libro, que describen toda la estadística de violencia que se redujo al mínimo en 2017.

El presidente Duque tenía que tomar la decisión de si echarles agua o gasolina, y la tristeza que me da es que les está echando gasolina. Otro leño prendido: el ELN, al que le está echando gasolina, porque no negoció con ellos (y uno pensaría, no lo hizo porque los iba a golpear, pero no les ha hecho nada), el ELN está creciendo, las disidencias de las Farc están creciendo, también la inseguridad jurídica, toda esta discusión sobre la paz crea pesimismo sobre ex combatientes que se van al narcotráfico a engrosar grupos ilegales.

¿Hay algún leño que se esté apagando?

Fíjese que no veo, encendió más la pelea con Venezuela, incluso con Estados Unidos, con quien se había logrado una relación tranquila, menos ligada al narcotráfico, y Duque se ha ido a agradar y lo que le responden es: Puede ser un buen muchacho pero no ha hecho nada.

Otra figura que aparece en el libro es la del péndulo, que, según explica, en Colombia se ha movido entre la paz a través del diálogo, y la paz a través de una victoria militar, ¿usted cómo haría para mover el péndulo a la vía del diálogo?

Es muy difícil que este gobierno vuelva a retomar el tema de paz negociada porque decidió echar marcha hacia atrás. En noviembre, cuando salieron las encuestas, no tenía coalición de gobierno y pensó que el discurso de seguridad y paz por la vía militar le daba más resultado, como le había sucedido a Uribe sus gobiernos. No sé si tenga la posibilidad de, a mitad de gobierno, retomarlo, los sectores políticos en los cuales se sustenta no lo acompañan en eso. El Centro Democrático está fundado en las ideas de seguridad y confrontación. Duque está preso y ya no es solo un tema de voluntad presidencial.

Al finalizar proyecta tres posibles escenarios del gobierno de Duque, en el que le va tan bien que deja todo listo para que llegue un precandidato del Centro Democrático a las otras elecciones; otro donde a duras penas termina su mandato; y uno más en el que da un paso al costado. ¿A cuál le apuesta?

A Duque le va a quedar difícil terminar el gobierno. La crisis institucional que dejó el debate de la no extradición de Santrich resultó en proponer una constituyente que apoyaron algunos parlamentarios del Centro Democrático, como José Obdulio Gaviria. Se sabe que hoy en día, aparte de ser negativo convocar una constituyente, el país ha cambiado mucho, el triunfo de Duque se debió a que lo apoyaron el Partido Liberal, Cambio Radical y La U ¿por qué se le agregaron? Por miedo a Petro. Pero la realidad política después de eso Petro es uno más en la oposición, y que estas fuerzan están rehaciendo su propio camino, otra vez Vargas Lleras está siendo protagónico en la oposición, y las fuerzas políticas se dispersaron.

Lo que veo es que los escenarios no son buenos para Duque porque no tiene liderazgo para convocar a la opinión. Fíjese la renuncia del fiscal, es una campanada muy grande, la segunda persona con más poder es el fiscal, renunció en un pulso con los organismos judiciales.

Y en ese ejercicio de predicción, ¿veía venir la renuncia del fiscal?

Sí. Hacer un libro sobre actualidad política para un analista es un riesgo enorme, porque o no dice nada interesante o se arriesga a decir cosas que la vida le va cobrar, pero cuando a uno le salen las cosas como las escribe, es la felicidad completa. Todo lo que pinto en el libro, el pulso del fiscal con las cortes, especialmente con la JEP, y que haya tenido que elegir un fiscal ad doc para el caso más importante (Odebrecht), hizo que se fuera quedando sin aire.

¿Y lo veía venir por estas razones?

No, cualquiera hubiera podido ser un detonante. Él es una persona con carácter, es inteligente pero está metido en cosas indebidas pero casi todos los gobiernos lo han llamado para ocupar un puesto importante. Al perder estos pulsos quiso dar un paso al costado creando una posición heroica y atacando a un enemigo fácil: el narcotráfico y las Farc, tenía a Estados Unidos como paraguas y al Centro Democrático, el partido de gobierno, al lado, fue una jugada bastante audaz, astuta, porque sale como un héroe por enfrentarme a unas decisiones que son impopulares, como no extraditar a Santrich, el fiscal fue muy astuto. Ahora, la astucia, que es una de las maneras de la inteligencia le sirve para todo esto, pero está ante un país que no traga entero, ya el país no es tan bobo.

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Mayo
24 / 2019

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