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¿Cuál es la verdadera historia de la falda escocesa?

La tela sirve para hacer uniformes de colegio, tapizar busetas o confeccionar bufandas. Su diseño es mucho más que un capricho. Y nadie ha logrado igualar la calidad de las telas hechas en Escocia. ¿De dónde viene esta tradición tan antigua como ese país?

Foto: The Simpsons

La tela sirve para hacer uniformes de colegio, tapizar busetas o confeccionar bufandas. Su diseño es mucho más que un capricho. Y nadie ha logrado igualar la calidad de las telas hechas en Escocia. ¿De dónde viene esta tradición tan antigua como ese país?

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 248 noviembre 1990

En Colombia hay hombres que visten de falda, contradiciendo la costumbre de que son ellos los que llevan los pantalones. Esa misma falda ha sido copiada para muchos uniformes de colegialas. Además, la usan todas las mujeres en el país, pues se considera que les luce a las flacas, a las gordas, a las altas y a las bajitas. Se trata de una pieza elegante y «vestidora».

Esos «atrevidos» hombres de falda son los escoceses radicados aquí. En su tierra en el norte de Gran Bretaña aquella constituye, más que parte del vestuario femenino, una prenda para caballeros. Y desde niños, Héctor Low y Johnny Welch, jóvenes escoceses profesores de inglés en el Consejo Británico en Bogotá, recuerdan cómo los vestían con sus faldas kilt, como realmente se llaman a veces para ir al colegio, y siempre para asistir a eventos importantes o celebrar la Navidad y el final del año.

Al cumplir los 17 años, Low vistió la falda que su papá empleó para ir a la guerra, la del Black Watch, uno de los regimientos más antiguos de Escocia. Actualmente tiene en su tierra natal, una con el diseño de la familia de su mamá, del clan de los Mowat. Welsh vive en Colombia hace cinco años. La última vez que vistió la falda fue para el matrimonio de uno de sus amigos de Londres en 1988. Cuando asiste a un evento importante en su país, tiene que recurrir a prestar una falda de uno de los miembros de su familia, porque no tiene una propia, y no puede usar ninguna otra: la falda es un símbolo nacional, pero a la vez, un símbolo familiar importantísimo.

Alan Doig, contador escocés de la firma KPMG en Bogotá, viaja con su falda a todas partes y la luce orgulloso cada vez que lo invitan a una reunión de «corbata negra» Doig nació en Kirkcaldi, lugar no perteneciente a las altas montañas de su país donde se inició el uso de esta falda para hombres. La última falda de Alan Doig fue confeccionada en 1987 en uno de los tantos almacenes especializados, en Falkirk, entre Glasgow y Edimburgo (las dos ciudades más importantes de Escocia). Se usaron ocho yardas de tela escocesa (lo de cuatro faldas sencillas para mujer) escogida de acuerdo con el color y al diseño exclusivos de su clan, el de los Drummond. Pagó en ese entonces, por estas y el saco compañero, 364 libras esterlinas, más de 330 mil pesos al cambio de hoy.

Alan Doig está casado con Victoria Arenas, una boyacense que asegura no haberse impresionado jamás de ver a su marido con falda. Sin embargo comenta cómo, una de sus amigas durante una fiesta “ya con tragos», advierte, insistía en levantar la falda de su esposo para ver qué tenía debajo (la falda se lleva como el pantalón, sin enagua, encima de un calzoncillo corriente.

Otro hecho curioso para Doig, se le presentó al salir de una fiesta, fue cuando pinchó en una calle de Bogotá. Aterido de frío tuvo que cambiar la llanta, mientras los que pasaban por allí en sus carros le colocaban las luces plenas para observarlo.

En la celebración anual en Colombia del Caledonian Ball (tradición de las altas montañas y día de San Andrés, patrono de Escocia, el 3 de noviembre), es cuando se ven más hombres de falda. El año pasado asistieron seis escoceses con sus faldas puestas a la fiesta que en los últimos años ha organizado el Bogotá Sport Club para todos sus socios.

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El inglés Brian Chart, expresidente del club, comenta que él nunca se pondría una falda escocesa, no por pena sino por respeto. «Es una tradición escocesa, y solo ellos tienen derecho a usarla». A pesar de esto, en grandes almacenes de Londres, como Harrods, las venden en telas que, estrictamente hablando, solo podrían llevar los miembros de un determinado grupo familiar escocés, e incluso que únicamente podrían vestir los miembros de la familia Real Británica.

La vestimenta completa incluye, además de la falda, un cinturón ancho de chapa metálica, un pequeño bolso, generalmente de crin de caballo (sporran) del tipo de las «limosneras» del medioevo, zapatos con medias a la rodilla, y ligas, en las que se ajusta una pequeña daga. Este atuendo puede ser llevado con una camisa corriente, corbata o corbatín, y cualquier zapato de amarrar, según la ocasión; y complementarse con una boina o cachucha imprescindible para las famosas bandas de gaiteros y los militares.

La falda prensada, casi en su totalidad, es la pieza más importante del vestuario escocés; deja planos los dos extremos, que no van cocidos sino agarrados por dos pequeñas correas en la parte de arriba y un gancho en la parte de abajo.

Escocesa de Escocia

La tela de la falda escocesa de Escocia procede de un diseño antiquísimo y se relaciona comúnmente con los clanes. Existen muchos libros sobre el tema. El primero, el escrito en 1842 por dos hermanos, John y Charlie, y que según dicen fue recibido con tal entusiasmo que los escoceses empezaron a buscar el antiguo tartán de su clan.

Los clanes formaron parte de la organización escocesa hasta hace unos 250 años. La gente vivía en comunidades que obedecían a su propio jefe. Había clanes en las Highlands y en las Lowlands (altas y bajas tierras) que difieren entre sí por su idioma, estilo de vida y hasta actitudes.

En la parte alta, donde aún se encuentran los habitantes más tradicionales, se ven todavía hombres que usan la falda todos los días. Son hombres de edad, presbiterianos que trabajan los días de fiestas religiosas, y que se comunican en gaélico en lugar de inglés.

Gladys Gorovitz, licenciada en Derecho Internacional, crítica de arte y profesora de Historia del Traje en la Universidad de los Andes, le ha seguido las huellas a la falda escocesa. En 1974 visitó las fábricas más famosas de Escocia, situadas en Pitlochry, un pueblo de tan solo cinco mil habitantes -en donde se encuentra la destilería de whisky más pequeña-, y en las poblaciones de Borders, regiones conocidas también por la cría de ovejas. Gladys tiene una colección de tres faldas escocesas que no son de Escocia sino de España, Italia y Francia. La más parecida a la original es la española de color gris aunque se podría creer que lo serían las otras dos, que tienen colores más conocidos en Colombia, con predominancia del rojo y el azul.

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Su opinión con respecto a la calidad y variedad de esta tela de cuadros (el tartán) es la de que no hay punto de comparación entre las fabricadas dentro y fuera de Escocia.
“Se ha tratado de imitarla, sin llegar a lograrlo», dice. Esto se debe a que la calidad de la lana y las mezclas de fibras sintéticas y acrílicas hacen superior la tela escocesa de Escocia, que es de pura lana y mejor tejida. Añade que en los modelos de otros países, poco importan los patrones tradicionales escoceses definidos más por cuadros que por líneas o franjas entrecruzadas, y que la riqueza tonal del escocés no supera ningún país del mundo.

Tan variada y tan rica resulta la tela escocesa, que la falda escocesa típica no es una sola sino que son muchas, y de variadísimos colores y diseños. Y un escocés jamás se pone una falda de una tela escocesa que no sea fabricada en su país.

Líos de faldas

La primera vez que se recuerde haber visto a un hombre con falda en territorio colombiano, fue durante las guerras de independencia, cuando soldados escoceses se unieron a los ejércitos libertadores. Antes, sólo los indígenas, con sus túnicas y mantos, habían usado algo que pudiera parecérsele a esa prenda.

Los hombres colombianos nunca han usado falda, y menos de cuadros, porque lo que habría podido convertirse en costumbre, comenzó a ser mirado con malos ojos desde la aparición de los españoles que jamás llegaron a usarla. Ellos no querían meterse en esos líos. Tanto es así, que para el siglo XVII cuando en gran cantidad de países de Europa, sobre todo del norte, se impuso el Rhingrave (falda que dejaba entrever en la rodilla un calzón ajustado), los españoles, junto con los italianos, se empecinaron en no ponérsela.

En el mundo solo existe otro país en donde se ven hombres de falda: Grecia. Los guardias griegos la usan con un diseño parecido en los prenses, pero más corta. La medida de la falda escocesa para hombres (el kilt) es arriba de la rodilla, y se toma estando en esa posición, de manera que la tela roce el piso. De resto, las mujeres son quienes llevan las faldas. Y esas faldas, a diferencia de la del hombre escocés, cambian su medida de acuerdo con la moda.

En Colombia y en el mundo, pues, son los escoceses los únicos hombres que viajan con su falda entre la maleta. Pero se trata de hombres que, a pesar de su falda, siguen siendo caballeros de tiempo completo.

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Mayo
08 / 2019

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