Cosas que los millennials comprábamos en la tienda y que casi no se consiguen

En un ejercicio de nostalgia pura, recordamos algunos de los productos que acompañaron la hora del descanso en el colegio de los que nacimos en la década de 1990.

Hoy es uno de esos días en los que me levanté nostálgico y, por fortuna, todos en la oficina coincidimos en eso. Pero no estamos deprimidos ni tristes por cosas que pasaron en nuestro pasado, tampoco por heridas que aún no cicatrizan, la realidad es que amanecimos recordando cosas que hicieron parte de nuestra niñez y ya no están ahí.

Todo comenzó, como con muchos recuerdos en estos días, por una publicación en alguna red social en la que preguntaban cuáles eran las cosas que uno podía comprar en una tienda y que ya no existen, y como somos un grupo de personas que no pasamos de los treinta años, a nuestra cabeza llegaron los recuerdos y los flashbacks de las loncheras que nos preparaba nuestra mamá.

¿Recuerda cuando le empacaban la lonchera para el jardín o el colegio? Seguramente era fanático de las galletas Comics, que estaban decoradas con los personajes de las películas de Disney de la época. Quasimodo, Pocahontas, Esmeralda, el capitán Smith, todos estaban dibujados en las galletas que además estaban rellenas de crema de chocolate o vainilla, que no hemos podido encontrar en otro lado. Si alguna empresa quiere encontrar un público fiel, cuente con nosotros: sería una buena idea revivir estas galletas.

Otros recordamos uno de los productos descontinuados de Alpina, el Applause, una de las bebidas favoritas de muchos niños de la época. ¿Por qué lo sacaron del mercado? No lo sabemos, pero estamos seguros de que si vuelve tendría mucho más público que el Yogo Yogo (se tenía que decir, y se dijo).

Los dulces también fueron claves en nuestra educación sentimental. ¿Recuerda las Motitas? Ese chicle grueso que si usted era capaz de meterse dos a la boca para soplar una bomba gigante, al otro día su mandíbula lo recordaría. No sabemos por qué el sabor a banano era el mejor. Misterios que nunca vamos a resolver.

Alguna vez los polvitos de sabores empacados en tubitos de plástico alargado con una etiqueta de Los Picapiedra en una de sus puntas, fueron los dulces favoritos en el recreo o el regalo que le traía algún familiar cuando volvía de un viaje a San Andrés. Esos y los chicles OUCH!, que venían en una latica empacados como si fueran unas curitas.

Las galletas en forma de animalitos de Noel eran obligatorias en las listas de mercado y los productos de Yoplait eran perfectos para acompañarlas. ¿Recuerda que para el desayuno a la leche le ponían Sustagen, Frescavena o Cal C Tose? Nada que hacer, a todos les ganó Milo y sigue siendo nuestro favorito.

El Chupi Plum, las mini gelatinas que terminaron prohibiendo por su alto riesgo de producir asfixia, Crazy Dips y muchas cosas se pueden quedar por fuera, también nos acordamos de los jugos Piti y de uno que otro ponquecito que no recordamos el nombre. Mientras escribo otras cosas llegan a nuestras cabezas pero mejor es dejarlo hasta aquí, no queremos seguir antojándonos y tener que aguantar.

PD: ¡Qué vuelvan las galletas Comics!

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