SUSCRIBIRME
INICIO//Actualidad//Crónicas//Dos ejemplos de súper mamás

Dos ejemplos de súper mamás

Hay mujeres que estiran sus brazos para acoger en ellos a decenas de niños que aunque no hayan crecido en sus vientres, necesitan su cuidado. Ellas logran convertir el amor materno en una expresión mayor, capaz de cambiar la vida de otros.

Foto: Archivo Diners

Hay mujeres que estiran sus brazos para acoger en ellos a decenas de niños que aunque no hayan crecido en sus vientres, necesitan su cuidado. Ellas logran convertir el amor materno en una expresión mayor, capaz de cambiar la vida de otros.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 494 de mayo 2011

Los barrios Santa Cecilia y 20 de Junio, en Sincelejo, no difieren mucho de otras zonas marginadas del país. En el día, el asfixiante calor costeño se mezcla con la algarabía de los niños que deambulan descalzos por sus calles o juegan con balones de trapo.

Y de noche, cuando la inseguridad y la venta y consumo de drogas tensan el ambiente, tres o cuatro familias se juntan en una pequeña habitación para descansar.

Pero, en medio de la pobreza y la desesperanza, existe en esos sectores un lugar cuyos olores hechizan todos los días a centenares de niños: los comedores comunitarios creados por Ruth Isaac Náder, donde humean desde las once de la mañana más de 750 platos de comida.

Hace más de diez años Ruth no se imaginó que su idea ayudaría a tantos niños. A diario se reunía en La Casona, su restaurante, con un grupo de amigas y preparaban unos cincuenta desayunos para repartirlos en las escuelas de la zona. Pero, para ella, esa labor era sólo un paliativo, un intento por compartir con otros lo que brindaba a sus cuatro hijos: Alfredo, María Claudia, Carlos Alberto y Anna Karina.

Cada mañana repetían la faena. Compraban los víveres, picaban aliños y verduras, troceaban la carne y mezclaban todos los ingredientes en unas enormes cacerolas de arroz o lentejas. Luego cargaban las rebosantes ollas en sus carros y arrancaban rumbo a las escuelas.

Los niños anhelaban ese momento del día en que recibían, quizás, el único alimento que probarían durante toda la jornada. Así que se apresuraban a buscar cualquier cosa que sirviera de recipiente: una lata, una bolsa usada, una vasija rota, un platico… o juntaban sus manos para recibir una ración.

“Nos recibían avalanchas de estudiantes empujándose y gritando: ‘Seño, deme a mí que tengo hambre, no he comido nada’, ‘Ay, seño, regáleme un poquito más pa’ llevarles a mis hermanos y a mi mamá que está enferma’”, cuenta Ruth.

Vea tambien: Cinco aplicaciones que no le pueden faltar a un ciclista

Así pasaron dos años. Pero Ruth se dio cuenta de que no era suficiente; aunque trataba de hacer cada vez más y más comida, nunca alcanzaba para repartirla entre todos los pequeños.

Decidió crear entonces, en 2001, la fundación Amor, Alegría y Paz, que, además de ofrecer almuerzos, realiza jornadas de salud y, en Navidad, reparte miles de juguetes a los habitantes de la capital sucrense.

Un reto de por vida

A casi mil kilómetros de Sincelejo, en el barrio La Patria de Bogotá, se encuentra el Hogar de Verónica, de la fundación Eudes.

Desde la calle no hay forma de reconocerlo; no se observan carteles, no hay anuncios. Sólo la inscripción con el número de la vivienda, la 87-35. “Quiero que los niños tengan una vida normal, que no sientan que viven en una fundación”, explica Gladys Peña, la fundadora de esta casa hogar que acoge a veintiún pequeños portadores de VIH, cuyos padres han fallecido o no pueden hacerse cargo de ellos.

Gladys es una mujer trigueña, de labios rojos y sonrientes. Su oficina está repleta de juguetes, medicinas y ropa, y está empapelada de fotografías y cartas de sus “hijos”. “Mamá Gladys, te amo y te llevo en mi corazón”, se lee en una de las hojas adheridas a
su puerta.

Hasta hace unos años ella se encargaba de todo. Conseguía las donaciones, alimentaba a los niños, los bañaba, les cambiaba los pañales, los ayudaba con las tareas, los llevaba al colegio y acudía a las consultas médicas y a las reuniones de padres. Ahora cuenta con un par de personas que la ayudan, pero sigue trabajando de lunes a lunes, doce horas al día. “Yo vivo feliz acá. No puedo estar en mi casa porque me hacen falta los niños”, dice.

En su voz se advierte una mezcla de orgullo y nostalgia. Aunque se desvive porque estén felices, le gustaría que tuvieran más cercanía con sus padres, tíos o abuelos. “Es muy doloroso no conocer una familia completa”, reflexiona mientras observa una de las fotos que flotan en su escritorio.

Vea tambien: La ruta de los vinilos en Bogotá: seis tiendas para desempolvar el tocadiscos

El hogar de Verónica fue una consecuencia casi ineludible de la labor que inició, a mediados de los años ochenta, el padre Bernardo Vergara, de la comunidad El Minuto de Dios. El religioso, en vista de que los enfermos con VIH no tenían adónde ir, improvisó un albergue llamado El Tonel, en el barrio La Patria.

Cuando los pacientes empezaron a tener hijos, se hizo necesario conformar un espacio donde pudieran crecer. Así que Gladys, licenciada en preescolar, renunció a su trabajo en un colegio e inauguró el hogar en diciembre de 1994.

Ya han pasado 17 años desde entonces. Gladys reconoce que “ha habido muchas piedras en el camino”. Al principio sentía miedo de enfermarse. Los vecinos le repetían que no tocara a los enfermos, que no compartiera con ellos los cubiertos ni el pocillo del café y que, mucho menos, los besara en las mejillas.

Luego vino el rechazo. “En el colegio las maestras los regañaban, los pellizcaban, me los tenían en la puerta cuando llegaba a buscarlos. Y cuando íbamos caminando la gente les decía ‘ahí van los niños que tienen sida’. Fue un proceso muy cruel, me partía el alma”, narra conmovida.

Hoy ruega a Dios que le dé vida y salud para terminar de criarlos. “Me angustia preguntarme qué será de mis chiquitos si me pasa algo; han vivido muchos abandonos y no quisiera dejarlos solos. Las madres nos volvemos locas al ver que nos vamos a morir y
los niños quedarán desamparados”.

INSCRÍBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL

Ver términos y condiciones.
Abril
18 / 2019

Send this to a friend