“Ahora profeso el islam”

Margarita Rodríguez es una periodista colombo-venezolana que un día decidió adoptar las enseñanzas de Mahoma. Su relación directa con Dios la convenció de dar el paso.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 501 de diciembre 2011

Nací en Bogotá pero crecí en Caracas en el seno de una familia muy católica y practicante, y pasé por todos los ritos que debe tener una crianza cristiana: el bautizo, la primera comunión y hasta la confirmación. Estudié periodismo y siempre supe que quería trabajar en la BBC, en Londres. Por eso, en 2002 empaqué mis maletas y me fui a vivir a Inglaterra.

Empecé tomando cursos de inglés y los primeros amigos que hice eran musulmanes. En Caracas jamás había tratado con nadie de esta religión. Mi imagen del Islam estaba relacionada con movimientos extremistas. Eso es lo bueno que tiene Londres: le abre a uno los ojos a todo tipo de culturas con las que nunca ha tenido contacto, y despierta la mente.

En 2003 empecé a estudiar una maestría en la Universidad de Westminster. Ahí también mis amistades fueron, en su mayoría, musulmanas. Me enamoré de un chico musulmán que me prestó literatura sobre el tema y me regaló una edición del Corán en español.

Gracias a esta relación y a mis amigos aprendí a ver este mundo como algo mucho más amplio y diverso que lo que presentaban los medios. Profesar el Islam no es lo mismo para un somalí que para un marroquí o para un iraní. Tenía amigas musulmanas que usaban velo, otras que no, amigos que tomaban alcohol y unos más que no lo hacían.

Leyendo sobre Mahoma encontré las enseñanzas de un profeta que yo desconocía, y fue entonces cuando empecé a sentir que debía convertirme. Sentía que me estaba llegando un mensaje que no podía ignorar: a Dios no le gusta que haya intermediarios entre Él y nosotros. Él quiere que tengamos una relación directa, y eso fue lo que me convenció.

Fui con mi novio a una mezquita y, en un ritual que se llama Shahada, declaré en voz alta que creo que existe un solo Dios, y Mahoma fue su último profeta. Entender que Mahoma
es un profeta de Dios es muy importante porque demuestra la cercanía que existe entre el Cristianismo y el Islam. Para el Islam, Jesucristo es un profeta y como tal es una figura muy respetada.

Fue así como a mi vida religiosa llegó un nuevo profeta, y ya no le rezo a Jesús ni a la Virgen María sino que hablo directamente con Dios. Eso sí, cumplo siempre el Ramadán, que consiste en treinta días de ayuno durante las horas en que hay luz solar y constituye un acto de espiritualidad y sumisión ante Dios.

En lo práctico, tampoco puedo decir que mi vida haya cambiado mucho. Aunque sé que según las enseñanzas de Mahoma es bueno rezar cinco veces al día, no siempre puedo hacerlo pues las obligaciones de mi trabajo como periodista no me lo permiten. Soy consciente de que vivo en una ciudad occidental, por lo que me permito cierta flexibilidad en la vida cotidiana.

Por otro lado, siempre fui mala para beber alcohol y no comía cerdo, así que dejarlos no significó ningún sacrificio para mí.

Mi familia no se escandalizó cuando les conté. Para mi papá lo más importante es hacer el bien por el bien mismo, sin importar la religión que se profese. Yo sigo sus enseñanzas: sé que mi deber es amar a Dios sobre todas las cosas. Aunque he ido varias veces a visitar a mi familia en Venezuela desde mi conversión, no he conocido el primer musulmán venezolano. Sin embargo, sé que en mi país hay una comunidad grandísima.

Estoy soltera. La relación con el chico musulmán que desencadenó mi conversión no prosperó. Aunque creo en que el amor puede venir en cualquier empaque espiritual, también tengo claro que quiero que mis hijos crezcan dentro de la fe musulmana. Prefiero encontrar un musulmán que comparta mis principios.

Hasta ahora no he conocido a la primera persona que se escandalice con mi conversión. Sin embargo, si llegara a conocer a alguien algún día le diría que el Islam es un mundo enorme, y que hay que ir más allá de la superficie para entenderlo. De hecho, la principal enseñanza que el arcángel Gabriel le dio a Mahoma es “Lee”.

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