Tres colombianas que con creatividad logran cambio social

Diners eligió a tres jóvenes creativas que por medio de su trabajo se comprometen con el cambio social. Es la nueva generación de mujeres que, con acciones concretas, buscan vivir en un país mejor.

Por las venas de las mujeres de la generación millennial definitivamente corre sangre de emprendedoras. Su ADN no solo las hace querer ser sus propias jefas o, en su defecto, tener control sobre sus decisiones laborales, sino también construir proyectos originales, creativos y muy novedosos que, además, tengan impacto social.

Así son tres mujeres que Diners escogió en el mes de la mujer para rendirles un homenaje a todas aquellas emprendedoras que no piensan solo en hacer dinero a través de su trabajo, sino que buscan impactar, de alguna manera, a comunidades, sociedades o a otras mujeres. Y en esta era digital, aceptaron posar para el lente de un iPhone Xs Max.

MARÍA CAMILA CURIEL

Bumanguesa de nacimiento, vivió la infancia y adolescencia en su ciudad natal, pero hizo su carrera en Bogotá, en la Universidad de los Andes, donde estudió Diseño para la Innovación Social, una profesión incipiente en Colombia, pero con la que María Camila ha construido proyectos novedosos.

El año pasado terminó la universidad y para ese momento ya su cabeza estaba creando. “Hace tres años fuimos con mi mejor amiga a ver ballenas en Nuquí y nos enamoramos de la comida, del terreno, de su gente. Empezamos a trabajar en un proyecto en Coquí (Chocó), que busca potencializar todos los saberes locales”. Así, de la mano de la fundación Organizmo se pusieron en la tarea de construir un museo de saberes locales, como una plataforma de intercambio de estos conocimientos.

“Es un proyecto de innovación social con el que buscamos brindarle a la comunidad las herramientas para que desde sus saberes pueda buscar una forma de sustento y rescatarlos, porque se han ido perdiendo”. Pesca artesanal, gastronomía y agricultura, danza y música, plantas medicinales y artesanías forman parte de esos saberes que se transmiten de generación en generación, pero que “en la actualidad han ido desapareciendo por la falta de oportunidades para los jóvenes de la región. Queremos que los niños los aprendan para que estos saberes no mueran”, dice María Camila, quien con tan solo 24 años ya tiene muy clara su vocación social.

Pero esto no es lo único que hace; además de trabajar como modelo gracias a que una amiga diseñadora la llamó alguna vez para unas fotos de su marca, también cuenta con un emprendimiento relacionado con el consumo responsable. Se trata de una marca de belleza llamada Casa Ciclo, un negocio en el que vende productos para el cuidado corporal y cuya filosofía es generar poco desperdicio. “Son productos naturales que no contaminan el agua ni el cuerpo y que hago con proveedores locales para reducir la huella de carbono en el transporte”. Explica que usa muchos productos para el pelo, y eso la llevó a cuestionarse sobre el consumo consciente y sostenible, porque siempre debe botar los envases. “En Chocó uno se da cuenta de toda la basura y el plástico que llega al mar y sentí que debía hacer algo”.

ESTEFANÍA DÁVILA

Después de estudiar Mercadeo y Comunicación de Moda empezó a pensar en una marca propia. Al principio la relacionaba con telas, pero gracias a una idea de su esposo, quien no encontraba medias con buenos diseños en Colombia, comenzó a trabajar en este proyecto. Así nació Loopzu, una marca de medias y productos de tejidos de punto unisex, cuya estética se ha convertido en toda una propuesta gráfica, con un ADN muy claro.

En 2014 se fue a Madrid para adelantar una maestría en Gestión y Dirección de Productos de Moda en el IED. “Quería encontrar la manera de crecer mi marca y empecé a hacer suéteres con la misma filosofía”, asegura Estefanía.

Pero después de terminar la tesis quiso un proyecto que incluyera responsabilidad social. “Desde el inicio, uno de los propósitos era lograr impacto social con Loopzu. Como barranquillera, me he dado cuenta de que las ciudades en la costa siempre han sido las más vulnerables y desiguales del país. Tuve la oportunidad de conocer la fundación Sonrisas con Futuro gracias a La Toya Montoya y me sentí identificada con su labor de mejorar la vida de los niños más vulnerables en Santa Marta y de darles la oportunidad de acceder a los sistemas educativos del país”. De esta manera, invitaron al artista argentino Luciano Denver a diseñar una colección de camisetas inspiradas en el Caribe colombiano llamada Vida Caribe. “Cada camiseta representa un lugar diferente, una historia contada por medio de una palabra o de una imagen llena de color y vida, influenciada por indígenas, piratas o por el mismo lenguaje de un pueblo”, explica. Con las ventas de estas camisetas ayudaron a la fundación y específicamente a los indígenas de la Sierra Nevada en Katanzama. Y, según dice, este es apenas el inicio de un proyecto que reúne moda, arte y compromiso social.

LAURA LAURENS

Tras diez años de trayectoria con la marca que lleva su nombre, a esta diseñadora le encanta transgredir e ir más allá con sus creaciones. Por esto, durante 2018 trabajó en un proyecto en el que involucró el trabajo artesanal de una comunidad transexual de indígenas emberá chamí de Antioquia.

“Hace ya un buen tiempo que trabajamos con minorías sociales. Cuando empezamos con la comunidad emberá chamí, a través del trabajo artesanal y del tejido en chaquira, buscábamos que su labor fuera sostenible económicamente”. El proyecto se hizo en el resguardo Karmata Rúa, del suroeste antioqueño, en una comunidad de 2.700 miembros. “Trabajé con quince miembros transgénero de esa comunidad, que las ha beneficiado y les ha dado voz y voto”, dice Laura, quien en su ya reconocida vanguardia hizo una colección en cocreación con las indígenas.

Y gracias a este proyecto la diseñadora fue seleccionada por el British Fashion Council para participar en una muestra de diseño emergente de varias partes del mundo: el Fashion Showcase, que se realizó en febrero de este año en el Somerset House, en el marco de la London Fashion Week. Laura fue seleccionada entre creadores de todo el mundo y viajó con dos indígenas a Londres para presentarse, con la firme convicción de que ella no podía ser la vocera de nadie, porque las mujeres emberá tenían su propia voz. “Mostramos el proceso más que el producto. Realizamos piezas artísticas en vivo, donde hacíamos drapeado con chaquiras y piezas a partir de otras piezas, que eran una especie de armaduras con un significado muy especial. Todo esto se documentó a través de la colección. Era clave que ellas estuvieran allá porque teníamos que hacer un diálogo de culturas y que mostraran su cosmovisión”.

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