Así es un día de trabajo de una mujer con Síndrome de Down

Esta es una historia que destruye barreras y que abre el camino para las personas que tienen Síndrome de Down, a propósito de que hoy se celebra el día mundial.

Carolina Escobar lleva saco amarillo, pantalón negro, gafas, el pelo hacia un lado y un arreglo fucsia en las uñas que parece tener poco días. La mañana de ese martes, y como lo hace en todas cuando comienza su día laboral, se levanta, se baña, se viste, y se peina porque como cualquier otra mujer en sus plenos treinta y seis, le gusta ir a trabajar.

El conductor de siempre la espera, se sube al auto y a las 8:30 a.m. está lista en la recepción de la organización Best Buddies Colombia. Trabaja hasta las 12:30 pm y dependiendo del día varían los planes de sus tardes.

Le pregunto si le han hecho muchas entrevistas. “Muuuchas”, me dice con la u alargada, como queriendo decir que no le sorprende que esta sea una más. Su historia es conocida porque es una de las 617 personas con discapacidad intelectual que, gracias al programa de Oportunidad Laboral (OP), de Best Buddies Colombia y otras empresas, trabaja. “Llevo como 13 años” dice Carolina. “Me gusta mi trabajo. A mí me nace trabajar porque me ayuda a ser una persona autónoma”.

Un estudio de Best Buddies reveló que el 80 % de los colombianos con discapacidad, en edad de laborar, no trabaja. La razón no es su condición, sino por falta de oportunidades, porque hay miedos y mitos que pocos logran transgredir.

La fundación, creada por Anthony K.Shriver en Estados Unidos, llegó a Colombia en 2003 con el propósito de abrirle camino laboral a las personas con discapacidad intelectual en el país. Los primeros dos años iniciaron con un programa de voluntariado, hasta que en 2005, con la empresa Alkosto, crearon el programa de Oportunidad Laboral.

Sandra Caucali, coordinadora del programa en Bogotá, explica que todo se dio cuando un grupo de chicos asistió a un actividad que había programado Alkosto: “los directivos los vieron, se dieron cuenta de las capacidades y ahí empezó. Fue un ejercicio importante porque fueron ellos quienes se abrieron camino con sus habilidades. Es muy diferente si yo te digo que una persona con discapacidad tiene habilidades para leer, bailar, cantar, archivar o para hacer un cálculo mental a que tú lo veas. Entonces demostramos a través del día a día que sí se puede”.

Carolina es de las pioneras. Hizo parte del voluntariado y luego, cuando quiso trabajar, fue ella misma quien lo gestionó. “Mami, yo quiero trabajar con la fundación”, le dijo Carolina a Sonia Leguizamón, su madre. “Bueno, pues haz el proceso y llama y hazlo tú misma”, le respondió.

Llamó a Olga Lucía Lacouture, la directora de Best Buddies, y le dijo que ella ya no quería ser voluntaria. Le respondió que tenía que hacer el proceso, como todos los que quieren ser contratados. Carolina es la recepcionista de la fundación desde 2005.

Hace unos años, Carolina (izquierda) junto a dos amigos y el grupo Bacilos. Cortesía Best Buddies. 


Estos procesos aplican en todas las empresas aliadas a Best Buddies, que son 71 en todo el país. Pero ¿cómo deciden quién puede o no puede trabajar?

A Best Buddies llegan convocatorias de las empresas aliadas ofreciendo vacantes: para empacadores, cajeros, meseros, recepcionista, agentes de servicio. “Entonces, nosotros enviamos la convocatoria a todas las instituciones y ellos nos dicen quiénes pueden ser las personas: hacemos un proceso de entrevista, unas pruebas para determinar si cumple o no para las habilidad del cargo y de acuerdo a eso ya presentamos a los chicos a la empresa a entrevista y ellos ya definen” dice Caucali.

Después del contrato, Best Buddies asigna un preparador laboral que los acompaña en el proceso: “hacemos todo el acompañamiento social y laboral en temas de aprendizaje y ejecuciones pero también en el tema de socialización de interacción con el otro, porque hay muchos mitos alrededor de la discapacidad y lo que hacemos es romperlas. Hemos tenido casos exitosos en empresas en las que el acompañamiento de Best Buddies ya no resulta necesario”.

Carolina contesta las llamadas de personas con discapacidad que quieren unirse al programa, las redirecciona a quien corresponda, maneja el archivo, hace el listado del staff, registra los invitados del conversatorio de los jueves, se asegura de que el papel reciclaje llegue a las impresoras, y participa como nadie en las pausas activas: porque es lo que más le gusta.

El de Carolina no es un caso de las mujeres o de los hombres con discapacidad intelectual que son cabeza del hogar, pero ella sí representa a mujeres que se aseguran de luchar y mantener su independencia. Para Sonia Leguizamón “ha sido indispensable que desde pequeña, ella haya sido una persona autónoma. Aunque por su condición no logrará ser totalmente independiente, en este momento es autónoma en muchas cosas”.

Mientras explica las bondades de su vida laboral, Carolina sostiene su celular con la mano derecha. Mientras  su mirada va y vuelve al aparato, me dice que es para eso que trabaja: “me consignan mi plata y yo me compro mis cosas, mi celular, mi tableta, todas las compro con mi plata”.

Hay días en que, después de trabajar, Carolina se encuentra con su entrenador personal para hacer ejercicio. Otros días va a cine con sus amigas, o se ve con Carmenza, la mujer que desde hace años la ha acompañado en su proceso con la fundación. Algunos fines de semana duerme donde su amiga Juanita y sale a rumbear porque le encanta. Hace unos años dedicó muchas horas a la flauta, hasta llegar a grabar un disco. Tiene amigos en el trabajo y de la corporación Síndrome de Down. Tiene un novio que conoció ahí y el sueño de su vida es casarse y tener su hogar.

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