El poder de los abrazos en la era digital

Diners conversó con el argentino Andy Stalman, escritor de HumanOffOn, un libro que habla sobre el impacto de la era digital en nuestras vidas.

Un libro sobre tecnología cuyo primer capítulo trata de los abrazos. ¿Por qué?, ¿qué tienen que ver?, ¿qué aporta el abrazo en la era digital? Cada capítulo es, además, una letra del abecedario: Balón, Cambio, Duda, Educación. Y así hasta la Z. A su autor, Andy Stalman, le gustan los juegos de las palabras. No por nada es conocido como Mr Branding. Durante años se ha dedicado a construir marcas y él es una marca.

HumanOffOn, su libro que ya va por la cuarta edición, más que de tecnología, en realidad es sobre el impacto de la era digital en nuestras vidas, de cómo recuperar la humanidad en medio de las dimensiones Offline y Online que se fundieron en una sola.

“Llevamos ya treinta años con internet, 14 con Facebook, 7 con Twitter y hemos prestado toda la atención del mundo a las nuevas tecnologías, a la nube, al big data… ¿En qué lugar entra lo humano en esta discusión? Va a haber un renacer necesario de lo humano. Hemos abandonado nuestra conciencia, nuestra alma y nuestras emociones”, dice Stalman.
Por eso propone abrazar al menos 48 segundos cada día, 8 abrazos de 6 segundos.

Suena extraño e incluso incómodo que alguien nos recuerde que hemos dejado de hacer algo tan básico, pero cuando proporciona cifras de lo conectados que estamos a nuestros smartphones, adquiere sentido: chequeamos el móvil al menos 230 veces al día, y Facebook, Messenger y WhatsApp gestionan 60 mil millones de mensajes cada día.

“Si destinamos una media de treinta horas por semana a consultar y revisar correos electrónicos, usemos al menos 48 segundos al día para abrazar. Abrazar define al ser humano”, propone este argentino, que ha sido director de marketing de Lacoste, de Aeropuertos Argentina 2000, y cofundador de Totem Branding, entre muchas otras marcas.
Stalman habló con Diners desde un aeropuerto en islas Canarias, mientras esperaba un avión para llegar a su casa a desconectarse un poco:


Andy Stalman es conocido como Mr. Branding y recientemente publicó la cuarta edición de HumanOffOn. Foto: cortesía Andy Stalman.

Usted habla de una sociedad Smartphone-céntrica y propone pasar a una humanocéntrica, ¿cómo es eso?
Creo que la próxima era es la de las emociones, en la que podríamos evolucionar del Smartphone-centrismo a una sociedad humanocéntrica. Todo lo que se pueda automatizar se va a automatizar y digitalizar. Todo, excepto las emociones humanas. Por eso, hay que conectarnos de nuevo con lo humano, con la empatía, con todo aquello que las máquinas no pueden ni nos van a ofrecer. La sociedad está muy ocupada: corre, trabaja, tuitea, y muy poca gente se hace preguntas. En el libro intento clarificar las claves para atravesar esta era digital de la manera más exitosa y humana posible.

¿Qué es lo más preocupante de esa sociedad Smartphone-céntrica de hoy?
Es una mezcla de cosas: la aceptación del statu quo sin rebelión; el sentir que la mayoría de la sociedad forma parte de un gran rebaño, que sigue lo mismo sin preguntarse si está bien o está mal; el hecho de que los likes son como el flautista de Hamelín, que nos hipnotiza y nos lleva donde quiere, manipulando y reprogramando nuestros cerebros. Me preocupa también que las inquietudes para mejorar nuestro futuro estén en grupos muy reducidos y la gran mayoría siga siendo, de alguna manera, presa de la coyuntura sin ningún tipo de inquietud respecto de eso.

Entonces ¿internet nos ha vuelto más tontos o más inteligentes?
Ni lo uno ni lo otro. Lo que digo que nos ha provocado es tal aluvión de información y de oportunidades y redes, que de alguna manera nos hemos alienado y anestesiado. Sin embargo, lo que nos ha aportado es mucho más positivo que negativo. Ha cambiado por completo los conceptos antiguos de tiempo y espacio, por ejemplo. Hoy el espacio no existe porque todo está conectado, cerca, al lado de uno; y el tiempo no existe, todo es ahora. Nos ha permitido que tengan voz quienes antes no la tenían; tener un acceso a la información que era impensado; ha abierto unas oportunidades increíbles. Pero también resulta que es muy cómodo echarles la culpa de todo a internet y a las tecnologías. Es más fácil echar culpas que hacernos cargo.

Muchos proponen desconectarse como solución. Usted no, ¿por qué?
No se trata de ser más off que online, sino de lograr un equilibrio, ahí está el verdadero desafío. No hay que olvidar que un 44 por ciento de la población mundial no tiene internet. Es cierto que lo online se nos ha salido un poco de las manos y seguramente pesa más lo virtual que lo analógico en todo lo que hacemos, consumimos y compartimos. Conforme avanzamos en esta sociedad más conectada con más dispositivos y con cobertura, no concebimos nuestra vida sin internet. De hecho, se nos ha convertido en algo tan importante como el oxígeno. Sin embargo, en muchos ámbitos todavía hay espacios analógicos que son muy importantes y lo mejor es que son gratuitos: las miradas, los abrazos, los besos, las charlas de café, los encuentros con amigos. Espacios analógicos plenos de humanidad, que debemos resguardar como un tesoro.

Pero con las señales que hay en el entorno, ¿qué tanto optimismo es posible? ¿Puede la tecnología suprimir las interacciones sociales?
Por un lado soy un optimista realista. Por otro, el futuro no depende de los alienígenas sino de lo que decidamos o no construir, de nosotros. No podemos decidir si el futuro es malísimo, dependerá de si aceptamos el statu quo como norma; si permitimos que no haya privacidad, que las corporaciones controlen todo, que en vez de ser personas seamos algoritmos y que lo único que valga sea estar conectados. Creo que es muy importante abrazar el progreso y vivir las innovaciones con apertura mental, pero sin perder de vista qué nos estamos jugando y de qué manera. No soy apocalíptico ni tampoco vivo en un tupperware, estoy convencido de que la inteligencia artificial puede ser una bendición, pero hay que estarse preguntando qué pasa con la inteligencia humana.

¿Cómo pueden ayudarnos interacciones como los abrazos?
Uno de mis propósitos es humanizar el mundo de las marcas, porque la mayoría de las personas se define en función de las que elige o sigue. El abrazo es la metáfora de lo que un buen branding es para una marca: abrazar al cliente, hacerlo sentir especial, relevante e importante. Pero en una perspectiva más amplia, algunos estudios indican que cuando recibes abrazos de seis segundos cada uno, generan un impacto químico en tu cerebro que agrega entre dos y tres veces más oxitocina. Además, uno de los significados que tiene la palabra abrazo es “molécula de la humanidad” y entonces esta dosis extra de oxitocina nos hace ser más generosos y más confiados. En este mundo de guerras comerciales, de diferenciaciones y de ideologías, lo importante es el encuentro, y nada más poderoso como metáfora de humanidad y civilización que un buen abrazo.

En el libro dice que los likes son los abrazos virtuales. ¿Es posible compararlos? y, ¿cómo no confundirlos con necesidad de aceptación, como ocurre en redes sociales?
Estudios neurocientíficos indican que una cierta cantidad de actividad digital en redes sociales genera una cantidad de oxitocina parecida a la de los otros abrazos, con lo cual, en cierta medida, la actividad digital puede ser sana. El problema es que nadie sabe manejar todo su tiempo digital y se pasa de vuelta. También hay gente que no entiende qué es un abrazo analógico, porque nunca se lo han dado y siente miedo o porque algunas generaciones operan prácticamente escondidas detrás de una pantalla y se escudan en la seguridad que les da.

También dice que puede ser más feliz quien participa en redes sociales que quien se priva de ellas. ¿Qué pasa, entonces, con estudios que indican todo lo contrario y hablan de soledad?
La soledad nos está matando y es uno de los grandes problemas de la sociedad moderna, junto con la ansiedad. Numerosas enfermedades mentales tienen que ver con la transición de una era a otra y el aluvión tecnológico que no hemos sabido manejar todavía. Hoy por hoy, mucha gente en las redes sociales se siente cerca de gente que está lejos, pero a la vez se aleja de la que tiene más cerca, lo cual es una contradicción en sí misma.

Otro de sus conceptos es el de “chupete electrónico”. ¿Cómo podemos los adultos lograr un equilibrio en la forma en que se introduce a los niños en el mundo online?
Creo que la palabra es conciencia. Despertar una conciencia implica no solo dejar un mejor mundo a nuestros hijos, sino también dejar mejores hijos a nuestro mundo. Significa que se educa con el ejemplo, porque los chicos nos observan todo el día conectados y nos copian. Entonces, la única manera como podemos transformar ese futuro es trabajar en darles dosis de conciencia para permitirles que tengan espacios analógicos. De otra forma, estos hijos digitales se van a manejar muy bien con una pantalla, pero se van a quedar desbordados cuando no haya una de por medio.

¿Cómo podemos dar la vuelta a este tipo de sociedad, concentrada en los celulares?
Primero, entender que hay que volver a potenciar lo humano. Igual que hace siglos el ser humano trataba de diferenciarse de los animales, hoy el desafío es diferenciarse de la máquina o de los robots. No se trata de que los niños aprendan a crear robots sino a diferenciarse de ellos. Por eso, además de los abrazos hay que recuperar las habilidades sociales, todos aquellos territorios humanos como la creatividad, la curiosidad, el pensamiento crítico, la capacidad de duda. La clave es que mientras la tecnología ayude a mejorar nuestra vida, nosotros como humanos podamos evolucionar nuestra especie.

Menciona la importancia del pensamiento crítico. ¿Cómo cultivarlo cuando abunda la desinformación?
Somos parte de un proceso de manipulación sin precedentes, con tecnologías que nos programan, grandes grupos mediáticos que buscan un clic más que la verdad. A eso se suma que la gente pone un like sin ir a una fuente, sin leer, sin detenerse. Va todo tan rápido que la comodidad es un territorio peligroso. Hay que exigir responsabilidad a los medios de comunicación, a los padres para que se comprometan y, muy importante, que en las escuelas se les enseñe a los niños con programas que vayan más allá de la memoria. La transformación digital sencilla comparada con la transformación humana. Por eso es más fácil cambiar de Smartphone cada año que cambiar de actitud.

¿Podría describir cómo sería esa sociedad humanocéntrica?
Una sociedad que tiene el componente tecnológico a nuestro servicio y no al revés, para que nos simplifique la vida, trabajemos menos y leamos más. Me encantaría que la nueva religión sea el amor, la nueva ideología sean los abrazos, que en la Constitución esté la confianza y busquemos el bien común y no solo el individual. Algunos me llaman loco y otros, utopista, pero creo que hay que trabajar por construir ese mundo mejor.

¿Realmente tenemos autonomía para hacerlo en medio de algoritmos y empresas que, como dice, nos manipulan?
La manipulación no nace con la tecnología. Nadie nos obliga a estar conectados. La manipulación existe desde que existe el poder, mucho antes de internet. En el momento en que tomemos consciencia de que nos manipulan podemos, insisto, rebelarnos. Eso implica tomar decisiones que pueden no ser cómodas, pero sí necesarias. Antes no nos enterábamos de que nos manipulaban, no sabíamos que nos estaban programando ni que podíamos tener voz, con lo cual hay que ser optimistas pero realistas. HumanOffOn no cambia el mundo, pero sí busca cambiar a las personas que pueden hacerlo.

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