El síndrome del impostor: una trampa emocional

Sabotear los logros personales, sentir culpa ante el reconocimiento o creer que el éxito ha sido cuestión de suerte son algunas de las características de este fenómeno.

Aunque parezca raro, hay quienes sufren cuando son ascendidos en su trabajo, reciben un reconocimiento público, ganan un premio o, incluso, si obtienen un aumento salarial. A muchos les pasa porque no se creen merecedores de estos logros, pues dudan de que ellos sean resultado de su propio esfuerzo. Esto es lo que desde hace algunas décadas se conoce como el síndrome del impostor. Según un estudio publicado en el International Journal of Behavioral Science, cerca del 70 % de la población alguna vez lo ha sufrido.

Albert Einstein, Kate Winslet, y Emma Watson son algunos de los que han reconocido sentirse como farsantes. Antes de morir Einstein confesó a un amigo que, “la exagerada estima que se le tiene al trabajo que he hecho en mi vida me hace sentir muy inquieto. Me siento inclinado a pensar en mí mismo como en un estafador involuntario”.

El concepto lo crearon las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes, en 1978, luego de analizar a un grupo de 150 mujeres durante cinco años. Encontraron que, a pesar de sus logros académicos y profesionales, muchas de ellas insistían en creer que no eran lo suficientemente brillantes y que habían engañado a quienes las veían así. Luego de este estudio, el concepto se ha extendido para explicar y tratar experiencias similares.

El fenómeno del impostor involucra sentimientos de duda intelectual que a menudo les ocurren a las personas al desafiar nuevos roles en su vida profesional o al alcanzarlos. Un estudio publicado por la editorial Springer Science Business Media encontró que este guardaba relación con el nivel de autoestima de una persona y su inestabilidad emocional: “los resultados indican que las personas con baja autoestima son más vulnerables a los sentimientos del impostor que las personas con autoestima alta y estable”.

La coach Aida Baida, autora del libro Cómo superar el síndrome del impostor, dijo en una entrevista para la BBC que hay circunstancias que potencian esta creencia, como las presiones y comparaciones familiares durante la infancia, las diferencias salariales y las percepciones desbordadas sobres el éxito y el fracaso. “Las personas que sufren el síndrome son muy exigentes consigo mismas y tienen una lista de requisitos prácticamente imposibles de llevar a cabo”.

Según Valerie Young, autora del libro The Secret Thoughts of Successful Women y experta en el tema, la mejor manera para dejar de sentirse de esa forma es no pensar así. Pero, ¿cómo evitar estos pensamientos? En una entrevista para Vice (Estados Unidos), la autora sostiene que para ello es importante hablar y reconocer el problema. También sugiere escribir sobre el proceso que hay detrás de cada meta alcanzada, pues esto puede ayudar a notar todo el esfuerzo que tomó llegar allí. Dejar de compararse con el resto, bajar los estándares del perfeccionismo también son otras de las recomendaciones para superarlo

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