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Moderación: la clave para conseguir el equilibrio

La moderación en la vida diaria es algo complicado de alcanzar. Los suecos la persiguen y todo indica que es la clave de su felicidad. Consejos para comenzar el año e intentar aprender un poco de esta virtud.

Foto: Fabio Comparelli / Unsplash

La moderación en la vida diaria es algo complicado de alcanzar. Los suecos la persiguen y todo indica que es la clave de su felicidad. Consejos para comenzar el año e intentar aprender un poco de esta virtud.

El justo medio. Ni demasiado poco ni en exceso. Equilibrio. Estas son algunas de las palabras que definen lagom, una filosofía presente en la vida de los suecos y que tiene a la moderación como ancla central.

Se dice que sus raíces se remontan a la época de los vikingos, los encargados de transmitir la mentalidad de trabajar en equipo (la palabra es una abreviación de laget om, que significa ‘alrededor del equipo’). Cuando se sentaban al final del día, alrededor de la hoguera, todos tomaban de un cuerno una bebida especial a base de miel, y se esperaba que lo hicieran con moderación. Luego, los valores del luteranismo, como la templanza, también moldearon profundamente a la sociedad sueca, y en el siglo XVII, lagom era el plural de ‘ley’.

Ahora, en pleno siglo XXI, los suecos se sienten orgullosos de este legado e inconscientemente lo tienen presente en muchas de sus decisiones diarias: desde lo que comen hasta cómo gastan el dinero. En últimas, su búsqueda continua es el equilibrio entre los deseos y lo que en realidad necesitan. Y en un mundo marcado por los excesos, en todos los sentidos, esta puede ser una alternativa para vivir con mayor responsabilidad social y menos ansiedad y estrés, generados por la competencia de tener más.

Foto: Bekir Donmez / Unsplash

UNA DIETA EQUILIBRADA

Solo el 12,3 % de los suecos mayores de 15 años tiene sobrepeso, según revela el más reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde). “Lagom permite que nos ocupemos de nuestras necesidades y anhelos sin pecar por exceso ni por defecto. Es decir, nos empuja a tomar un trozo de chocolate, pero al mismo tiempo nos impide tomar varios”, afirma Lola A. Åkerström en su libro Lagom. El secreto sueco de la buena vida (Urano).

Lola A. Åkerström, La autora de este libro, ha vivido en tres continentes: África, América del Norte y Europa. Se dedica a escribir sobre diversas culturas explorando a través de las comidas, las tradiciones y el estilo de vida.


Comen cinco veces al día, pero en pocas cantidades, puesto que eso acelera su metabolismo. Su desayuno, por lo general, es muy simple y fácil de preparar. Pan, lonchas de jamón y un tazón de yogur o leche agria fermentada con cereales o frutas. Toman medias nueves y onces; el almuerzo incluye carbohidratos, vegetales y proteínas (jamás comen enfrente de un computador o en el escritorio). Su cena es un poco más austera.

En general, llevan una dieta realista, sin restricciones estrictas y sin presiones innecesarias. Y tienen presente que es importante comer de manera sostenible y local. Consumen muchos frutos del bosque, verduras y legumbres de temporada, que aportan potasio y son bajos en sodio; cereales integrales y más pescados grasos ricos en omega 3, que carne, aunque cuando la consumen eligen la de mejor calidad, y utilizan pocos condimentos. Recientemente, la Organización Mundial de la Salud la destacó como una dieta muy saludable, comparable a la mediterránea.

Vea tambien: ¿Por qué recomiendan que su comida luzca como un arcoiris?

Sin embargo, no se privan de comer sus rollos de canela. Según el Instituto Sueco, en promedio, cada sueco come 316 rollos al año. Es uno de sus momentos favoritos del día, lo llaman fika, y constituye una pausa de descanso que suelen acompañar con un café (ni muy fuerte ni muy suave, y si es con leche, elegirán la semidescremada) en medio de su jornada laboral. Un pequeño placer que los hace felices.

Conservan algunos hábitos, como reservar el sábado para comer dulces. La medida surgió a finales de los cincuenta, cuando el Consejo Médico Sueco restringió el consumo de azúcar a ese día, como una campaña para prevenir las caries en los niños. Desde entonces, la tradición se mantiene y los infantes comen dulces, pero no compulsivamente. De igual forma, los viernes suelen permitirse algunos antojos de más y compran comida rápida, como pizza o hamburguesa, para compartir en casa, con los amigos o la familia.

Con el licor su comportamiento es similar. Toman poco y no hasta emborracharse o perder el control. Decenas de estudios demuestran los aspectos positivos de beber con moderación. Uno, realizado por la Universidad de Cambridge, sugiere que hacerlo ayuda a reducir los riesgos coronarios, y otro, efectuado por la Universidad de Alberta, asegura que una copa de vino tinto, cada 48 horas, es la medida justa para obtener beneficios como regular la circulación y mejorar la fuerza muscular, gracias a un antioxidante llamado resveratrol.

Foto: Shane Rounce/ Unsplash


LO IMPORTANTE ES LA REGULARIDAD

Los suecos tienen una estrecha relación con la naturaleza. Por esta razón suelen hacer ejercicio al aire libre y no tanto en los gimnasios; no lo ven como una obligación, sino como una oportunidad para disfrutar y conectarse consigo mismos, porque desde niños les inculcan a salir, llueva o haga sol. Se enfocan más en la regularidad del ejercicio que en su intensidad e incluyen hábitos saludables como ir al trabajo en bicicleta o subir las escaleras a pie. La Federación Sueca de Deportes afirma que el 45 % hace ejercicio tres veces a la semana, mientras la Ocde indica que el 81 % de los ciudadanos es saludable.

HABLAR MENOS, ESCUCHAR MÁS

Según la escritora Lola A. Åkerström, el código de conducta de los suecos se basa en el consenso, la neutralidad y la no confrontación.

En las reuniones de amigos, por ejemplo, todos participan de la conversación, no se habla de los méritos y logros personales ni de obviedades, y hay largos silencios, incómodos para los extranjeros, pero placenteros para los suecos.

En el trabajo suelen realizar muchas reuniones hasta que todo el equipo esté de acuerdo en un proyecto; no existen jerarquías muy marcadas y es vital aprender a decir no para no comprometer el tiempo con labores adicionales, que no se podrían cumplir a cabalidad. Como el objetivo es ser eficientes, la planeación resulta vital y constituye una manera ideal de minimizar gastos en tiempo, recursos y energía. Y, por supuesto, trabajar demasiado es la antítesis de lagom.

AHORRAR Y NO DESPERDICIAR

El dinero también es un tema importante y su enfoque está centrado en ser austeros y no derrochar. Por esta razón, tener un presupuesto para decidir en qué se invierte cada mes, realizar un ahorro periódico para el futuro, y pagar deudas son una constante a lo largo de sus vidas.

A la hora de comprar algo, la calidad se antepone a la cantidad. También analizan la durabilidad y la practicidad. En la casa, por ejemplo, los objetos se dividen en torno a su funcionalidad y su carga emocional; todo lo demás puede ser considerado innecesario. Con la ropa, igual, y comprar en tiendas de segunda mano se ha vuelto algo habitual. Así lo confirma Yanira Bernal, colombiana que vive hace más de un lustro en el país escandinavo. “Al comienzo, el choque cultural es muy fuerte, pero terminas por acostumbrarte (…) Aquí no son tan consumistas. Suelen ir a las tiendas de segunda mano, donde se encuentran cosas de calidad, pues su política es que, aunque tengan dinero, no lo van a desperdiciar. Además, lo hacen porque tienen una gran conciencia ecológica”, explica.

¿UN LADO OSCURO?

Richard Orange, corresponsal del periódico británico The Guardian en ese país, escribió en 2017 una columna de opinión en la que asegura:
“Al vivir en Suecia he encontrado que el concepto de ‘solo lo suficiente’ es menos una tendencia encantadora de estilo de vida, que una doctrina sofocante de abnegación luterana”.

El colombiano Héctor Barajas, quien llegó hace veintiocho años a Suecia y en la actualidad trabaja como jefe de noticias de un diario regional, está de acuerdo con Orange: “Esta manera de vivir genera una sociedad gris, sin excentricismo, no se sabe quién está triste o feliz, no hay espacio para la diferencia, para la sorpresa ni la incertidumbre. Produce una letargia muy grande, una sensación de burbuja, en la que uno flota”, dice. Barajas asegura que es algo intangible y está presente hasta en la manera en la que aman. “Sobrevivo porque tengo un pie en el sistema y otro en las demás realidades que se viven en el país y que puedo conocer gracias a que soy periodista investigador”.

El abogado sueco Daniel Löfgren, residente en Estocolmo, le confiesa a Diners que para él, lagom es solo una palabra, que no suele utilizar mucho y que significa ‘lo suficiente’. Y le da un poco de risa como lo ven afuera. “Si quieres todos los estereotipos que existen de los suecos, entonces tienes esta tendencia. Igual pasa con los daneses y el hygge. Quizás tengamos mucho de moderación en nuestra forma de ver la vida, pero creo que en los últimos veinte años el país ha cambiado demasiado, tanto política como socialmente, y las nuevas generaciones se han alejado del tema”.

Para Lola A. Åkerström, lo realmente importante es ver qué puede tomar cada uno de esta cultura, que le sirva positivamente en su vida. En su libro concluye que lagom no tiene respuesta para todo, “pero lo que sí tiene, sin embargo, es la clave para apartarnos de las garras del consumo flagrante. Nos convierte en seres más consientes en sintonía con nuestros cuerpos y nuestras necesidades. Agudiza nuestra curiosidad y nuestra conciencia y despierta preguntas que nos ayudan a evaluar mejor qué elegimos incorporar a nuestras vidas, trátese de objetos materiales o de relaciones”.

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Febrero
04 / 2019

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