La ‘antiautoayuda’ o por qué aceptar que no todo siempre sale bien

Como respuesta a los libros de autoayuda han surgido propuestas que le aconsejan saber rendirse, aceptar sus errores y ver en la negatividad algo que puede traerle cosas buenas. Le contamos de qué se trata esta especie de “antiautoayuda”.

Ser la mejor versión de uno mismo, no desfallecer ante el primer problema y entender que el camino hacia el éxito lo tenemos asegurado con un buen plan y una actitud positiva son algunas de las consignas que, por lo general, se encuentran en los libros de autoayuda, un género literario que comenzó con fuerza en la década de 1970 en Estados Unidos.

Autores como Paulo Coelho (El Alquimista), Robin S. Sharma (El monje que vendió su Ferrari) o Wayne Dyer, autor de Tus zonas erróneas, publicado en 1976 y que con más de 35 millones de copias vendidas es reconocido como el libro más importante en el inicio de este movimiento literario, tienen en común el hecho de que sus títulos se venden como productos en Black Friday, rompen barreras de idioma y su lectura puede considerarse de entendimiento universal, pues responden a situaciones y reflexiones cotidianas.

Pero hay quienes no se sienten representados por estas ideas de introspección serena y de sometimiento al optimismo. Rosario Ruiz Castro, investigadora española, publicó en 2014 el texto titulado ¿Hacia qué fines nos orientan los textos de autoayuda? Una reflexión desde el concepto foucaultiano de gobernabilidad, en la Revista de Filosofía Moral y Política, donde plantea una definición desafiante sobre la autoayuda: “Los textos de autoayuda son, en este contexto (el de Michel Foucault), no solo herramientas que el mercado pone a disposición del individuo (…) sino tecnologías que constituyen un tipo de sujeto como obligado a ser libre y obligado a ser feliz, un sujeto entrenado para la constante autoinspección, automonitorización y autoevaluación, según criterios que otros formularon para nosotros”.

EL PODER POSITIVO DEL PENSAMIENTO NEGATIVO

Al finalizar la década de 1990 y comenzar la del 2000, cuando la literatura de superación personal ya estaba más que afianzada entre los best sellers, pues según datos de la doctora en ciencias sociales Vanina Papalini, publicados en La trama de la comunicación, solo en la Feria del Libro de Buenos Aires de 2003, doce de los veinticinco libros más vendidos eran de autoayuda, y en Latinoamérica uno de cada cinco de los más vendidos eran del mismo género, surgió un movimiento, si se quiere involuntario, que se puso en pie desde la otra orilla.

¿A menudo empieza a imaginarse lo peor aunque probablemente vaya a salir bien? ¿Piensa en cómo se sentiría si las cosas salieran mal? ¿A veces se preocupa más por no parecer un imbécil que por hacer las cosas bien? ¿Pasa ratos largos pensando en todo lo que puede salir mal? Esas son preguntas que, sumadas otras tantas, propone Julie K. Norem, doctora en psicología, en su libro El poder positivo del pensamiento negativo, publicado en 2001. El objetivo del cuestionario es establecer si usted pertenece al perfil de los positivos estratégicos (en caso de responder “no” a la mayoría de las preguntas), o si está más cercano a los pesimistas defensivos.

El positivo estratégico es aquel que no piensa tanto en el resultado de las cosas, pues confía en el trabajo que puso en ello para que todo saliera bien. El pesimista defensivo, en cambio, es ansioso y combate esta sensación a partir del ensayo mental de todas las posibilidades que pueden ocurrir; de esta manera, no solo alivia su ansiedad, sino que construye un plan para cada eventualidad; en este caso, su negatividad genera acción.

Aunque el libro se publicó hace diecisiete años, la doctora Norem cree que sus ideas son más relevantes en la actualidad. “La ansiedad está en su punto más alto (al menos en Estados Unidos), especialmente entre los jóvenes, y decirles simplemente que ‘vean el lado positivo’ o que se ‘animen’, no les va a ayudar para interactuar con el mundo y manejar su ansiedad. De manera más general, con el surgimiento del populismo de derecha en todo el mundo, este no es un momento en el que podamos darnos el lujo de poner una cara feliz, o de hecho, centrarnos en la felicidad individual a costa de abordar una realidad aterradora”, le explicó a Diners.

Por otro lado, autores como Robert A. Glover contaron su visión acerca de cómo no seguir los patrones positivos es una posibilidad en la que muchos se sienten representados. Glover es autor del libro No more Mr. Nice Guy, que escribió en 2003 a partir de su experiencia, y donde cuenta que durante años se esforzó por ser el mejor amigo, el mejor esposo, el que evitaba pelear y que muchas veces puso los intereses de los demás por encima de los suyos, situación que lo llevó a sentirse insatisfecho consigo mismo. Desde allí construyó el concepto llamado síndrome del buen chico. “Los buenos chicos dependen de la validación externa y evitan conflictos. ‘Si soy un buen chico, todos me querrán’, eso es lo que piensan”, escribe en su página web. Su propuesta fue crear un plan para ponerse a sí mismo en el primer lugar de sus prioridades.

NO ESTÁ MAL QUE LAS COSAS NO VAYAN BIEN

Recientemente, varios escritores y blogueros han coincidido en la idea de que no necesitamos que alguien nos diga que todo está bien, que tenemos el control de nuestras vidas y que lo importante es mantener una actitud positiva. Muchos de los libros que han publicado tienen una advertencia paradójica: “Este no es un libro de autoayuda, aquí no vas a encontrar la felicidad, no hay receta para la felicidad”, resume la idea general. Pero entonces ¿de qué nos hablan estos autores?

Por lo general, dicen que hay que tomar la vida con calma, que no hay que exagerar los problemas y dejarse llevar. Como ese proverbio chino que dice que “si un problema tiene solución, no hace falta preocuparse. Si no tiene solución, preocuparse no sirve de nada”. Aunque la idea general es la misma, lo han abordado desde diferentes perspectivas. Por ejemplo, Mark Manson, bloguero y emprendedor estadounidense de 34 años, habla en su libro El sutil arte de que todo te importe un carajo (2016), de cómo todo el mundo tiene el derecho a no ser extraordinario. “Hay ganadores y perdedores en la sociedad, puede sonar injusto, pero no uno no puede sentirse culpable por eso”, es uno de sus planteamientos.

Los libros de Manson se sienten como consejos de un amigo. No hablan de perseguir sueños o pensar positivamente para atraer las cosas, dice que hay que estar dispuesto a lidiar con mucha mierda y que lo importante no es una vida sin problemas, sino encontrar los problemas que realmente vale la pena solucionar.

Por ese mismo estilo se encuentra Gary John Bishop, escritor y conferencista escocés conocido como “el chico malo de la autoayuda” por libros como Unfu*k Yourself (2016), una guía para sacarse de la cabeza las trabas que mantienen el miedo. Se trata de pensar menos y hacer más. Bishop cree que las pausas y la procrastinación afectan notablemente la vida. Según él, es necesario que las personas descubran que es el momento de pasar a la acción y no pensar tanto para realizar algo. Dice estar comprometido con hacer un cambio de verdad en la vida de las personas. Cree que la autoayuda está llena de libros con “psicología corporativa”, enfocada en que las personas cambien su forma de pensar y se centren en conseguir la felicidad a través de la acumulación y la abundancia.

“Cuando observé la categoría de ‘autoayuda’, lo que más me impactó fue la gran cantidad de libros que pedían a las personas que manifestaran sus sueños o cambiaran su forma de pensar o se centraran en la abundancia, lo cual es una distracción completa de lo que hace que ocurra un cambio real en la vida de alguien. Quería escribir un libro que te hiciera sentarte, aceptar toda la responsabilidad por la vida que tienes y comenzar a interrumpir la deriva de quién eres”, le dijo al blog especializado en libros Actionablebooks.

Por una línea similar aparece Seth Godin, filósofo y empresario que habla sobre cuál es el mejor momento para rendirse, sobre todo cuando se trata de emprender un proyecto. Godin identificó que todos los emprendedores, en algún momento, pasan por una nebulosa de dificultades en las que se hacen la pregunta clave: ¿seguir o no seguir? Así que se enfocó en encontrar las herramientas para tomar la decisión, algo que él llama “el arte de abandonar”.

Su experiencia como empresario fundador de Yoyodyne Entertainment en 1995 (que tres años después sería adquirida por Yahoo), lo llevaron a ser uno de los referentes de internet, y con el tiempo, se ha posicionado como uno grandes visionarios del mercado y del marketing mundial en el siglo XXI; eso le ha dado la visión para entender cuándo es el momento preciso para perseverar o para abandonar, y en su libro refuerza la idea de que no está mal abandonar algo, si no está dando los resultados que esperamos.

Sin embargo, también cuenta que la perseverancia es algo que no se puede subestimar y que las personas que logran pasar ese dip, o el momento en el que se estanca un proyecto, son las que pueden llegar al éxito. Algo que se relaciona con las ideas de los otros dos autores.

LAS DOS ORILLAS SE TOCAN

Para algunos académicos, esta tendencia de “antiautoayuda” termina siendo muy similar a lo que en esencia parecen oponerse. “Resultan siendo muy parecidas, lo ideal es que se trabaje desde ambas orillas, que se aprendan a reconocer las limitaciones, a aceptarlas y a elaborar planes para que a partir del reconocimiento se pueda buscar una solución apropiada a cualquier problema específico. Si se centran en lo positivo van a negar sus propios errores, pero el otro lado puede generar una sensación de resignación, que tampoco está bien. En cualquiera de los dos casos se debe estar guiado, es ingenuo creer que las dos orillas, con algún proceso lógico, puedan dar alguna solución a un verdadero problema”, explica Alberto Mario de Castro, decano de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad del Norte.

La doctora Julie Norem acepta que su propuesta también termina por tener grandes similitudes con la literatura de autoayuda. “Creo que lo es en el sentido que ofrece un tipo de validación a las personas que saben que no encajan en el molde alegre y optimista que otros intentan imponerles”; sin embargo, reconoce que, en general, para la autoayuda “existen versiones útiles y razonables, exageradas, dogmáticas y comerciales. La idea de que uno puede aprender y entender sus propias dificultades para luego aprender algunas alternativas que podrían funcionar es una forma de empoderarse, pero la versión comercial que le dice a la gente que un autor ha descubierto el secreto para vivir la vida perfecta (o algo así), se aprovecha de nuestra credibilidad”.

Ningún manual aspiracional de vida va a responder al pie de la letra a la situación particular de cada cual; además, “hay todo en cuanto al estudio detrás de estos libros, desde propuestas de grandes psicólogos y psiquiatras, hasta gente que hace un diplomado en autoayuda y con eso escribe un libro”, añade el profesor De Castro, aunque aclara que “no es decirle a la gente que no lea, que no busque, sino más bien que, si tiene un problema que le ha costado meses o años enfrentar, primero piense en buscar ayuda profesional, muchas veces esta literatura se aprovecha de las necesidades afectivas y emocionales tan grandes que tiene la humanidad en este siglo”, concluye.

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