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Los secretos de la maleta de media noche

Uno de los agüeros más tradicionales del 31 de diciembre es el de salir de casa al filo de la media noche con una maleta, dar la vuelta a la manzana y regresar. Aquí resolvemos sus inquietudes sobre el tema.

Foto: Pexels/ CC BY 0.0

Uno de los agüeros más tradicionales del 31 de diciembre es el de salir de casa al filo de la media noche con una maleta, dar la vuelta a la manzana y regresar. Aquí resolvemos sus inquietudes sobre el tema.

Publicado en Revista Diners Ed. 321 de diciembre de 1996

La acción de la maleta es propicia para quienes tengan en mente emprender un viaje; para quienes en sus trabajos estén amenazados con el despido; y para aquellos a quienes los demás les tienen tanta ojeriza que nadie los quiere ver.

Pero también asegura el bienestar por un año, y se debe tener la confianza de que toda la buena suerte llegará a colmar a quien la practique. Conviene, sin embargo, la concebida aclaración, que el lector sabrá comprender: aunque hay casos fortuitos que no se pueden contrarrestar con nada, pues ni siquiera los druidas con su inmensa sabiduría pudieron hacerlo, en la mayoría de los casos se asegura la efectividad. Se han llevado estadísticas desde 1958, y en el 97 por ciento de los casos se han logrado los resultados deseados. Porque la voluntad, revestida de la fe, ti puede mover hasta las montañas.

Los lectores de La Revista Diners que vayan a practicar en este final de año la tradicional salida con la maleta, deben tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

Primera: La caminata debe hacerse únicamente en el sentido que las flechas de tránsito peatonales indiquen.

En las ciudades donde no existan estas señales, no se puede practicar el ritual a menos que sobre el andén se dibujen con pintura verde las flechas que indiquen el sentido del recorrido. Las flechas deben llevar un ribete rojo, y los vecinos de toda la manzana deben ponerse de acuerdo en que sentido deben dibujarlas: sería fatal un choque peatonal a esas horas de esa noche tan especial.

Segunda: La caminata debe comenzar tres minutos antes que el reloj empiece a dar las doce. Debe caminarse lo más apresuradamente posible, sin correr, y terminar la vuelta de la manzana antes que el reloj acabe de dar las doce campanadas. Por esto se recomienda hacer previamente prácticas con cronómetro en mano, pero sin contarle a nadie que se piensa hacer el recorrido.

Tercera: Se deben llevar en la maleta las cosas indispensables para un viaje. Si por acaso el lector encuentra en su trayecto un autobús en servicio, debe abordarlo y terminar en él el recorrido, pues esta acción le traerá suerte en la lotería por siete veces.

Cuarta: Tanto la maleta como las prendas deben estar usadas. Si se lleva algo nuevo, no habrá ningún efecto. Lo que sí se debe llevar es un kilo de arroz blanco de la mejor calidad, para compartirlo con las palomas en la mañana del año Nuevo en el parque principal de su localidad.

Quinta: No se debe llevar a nadie de la mano, mucho menos a un menor.

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Sexta: Durante el recorrido se debe recitar el credo, tantas veces como se pueda.

Séptima: Aunque esté lloviendo, no se debe llevar paraguas.

Octava: Cuando se entre en la casa, la maleta debe guardarse debajo de la cama y no debe abrirse antes de tres días -la única excepción es para sacar el kilo de arroz-.

No se le olvide calcular el peso de la maleta: se cuenta que el señor Manuel Orozco, por hacer más se cargó un armario y, por supuesto, les dañó la fiesta a sus familiares porque todos tuvieron que trasladarse al hospital, donde lo operaron de urgencia a causa de una hernia umbilical; y su compadre César, por hacer menos, lo que portó fue un maletín de odontología, y a los demiurgos de la suerte no les gusto este engaño y lo condenaron a trabajar durante toda su vida.

Novena: Si la caminata la hace descalzo y cumple con todos los requisitos de tiempo, usted podrá mejorar en su trabajo-siempre y cuando tenga la voluntad para hacerlo-
Décima: Esta caminata debe estar antecedida por un brindis familiar en el que se librará una gran copa de vino.

Undécima: Los esposos de más de tres años de casados ​​deben vigilarse el uno al otro, porque muchos y muchas, aprovechando la ocasión, han tenido un taxi contratado esperando a la vuelta de la esquina.

***

La historia de la maleta

Esta práctica está cumpliendo cuatrocientos años. Se cuenta que se originó por allá en 1596 en una ciudad intermedia de España, cuando el señor Diego Mauricio Salazar Contreras, benemérito ahijado y Del filólogo Miguel Manrique Montería, se dedicaba a la heráldica después de abandonar sus estudios de alquimia.

El hecho lo contó Juan Rodríguez Freyle en la versión de El Carnero que no pudo editarse. Dice que el señor Salazar Contreras realizaba ciertas prácticas que otrora se consideraban de dudosa bondad porque, según se aseguraba, estaban inspirados por el demonio.

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La noche del año viejo, Salazar se hallaba tranquilo con su familia: una hermosa niña, Teresa, a punto de iniciar la adolescencia, y un gallardo varón de entonces tres años.

Libaba con su esposa, doña Bárbara Rosa, un amoscado de su propio viñedo cuando un amigo entró, precisamente minutos antes del filo de la media noche, y le comunicó que los esbirros de la inquisición, con el mismísimo capitán a la cabeza, cabalgaban hacia su casa y que no respetaría esa noche especial para llevárselo a las mazmorras.

El señor Diego Mauricio tomó apresuradamente un zurrón de cuero, lo atiborró con las prendas que encontró a mano, se despidió a medias de su familia, emprendió veloz carrera, dobló la esquina, y en ese momento cayó en cuenta de que había olvidado la copia que poseía del Manual de libros esotéricos. Calculando que si los esbirros encontraban el libro, su familia sería acusada, regresó, pero no lo hizo devolviéndose sino completando la vuelta a la manzana.

Su familia quedó alelada al verlo regresar con más prisa que con la que partió, pero nadie alcanzó a preguntarle nada porque en ese momento, y ocupando todo el vano de la puerta, apareció el capitán de los esbirros de la Inquisición, quien cortésmente se dirigió al señor Salazar Contreras y le dijo:

-Ilustrísimo maese, no temáis por vuestra vida, honra y familia, porque todo lo que se ha dicho de vos se ha encontrado sin fundamento, y sois tan honrado y puro como yo, y la Corte os concedió el fallo inhibitorio. Os doy mi palabra de que de ahora en adelante, ni yo ni ninguno de mis soldados atentará algo contra vos o contra vuestra dignísima familia.

Dicho esto, el capitán montó en su caballo, y él y su pelotón volvieron grupas. Y el que quedó ahora alelado fue maese Salazar contreras.

El señor Diego Mauricio era en realidad un investigador de la naturaleza humana, y así fue que estuvo cavilando durante los primeros días del nuevo año: no se explicaba el comportamiento del capitán.

Al final dedujo que su última acción antes de aquella media noche -la salida de su casa con el zurrón de cuero en la mano- lo había librado de todo mal y peligro. Para comprobarlo, en el año siguiente, y esto sí que fue insólito, logró que el capitán, quien era a la sazón su mejor amigo, permitiera que un preso que estaba condenado a muerte saliera a darle la vuelta a la manzana antes de las doce campañas. Todos quedaron sorprendidos cuando, al regresar el detenido a la prisión, lo estaba esperando un emisario real con el perdón.

Desde luego que esta noticia también llegó al Nuevo Mundo, y aquí se completó con una práctica de los indígenas que habitaban en lo que hoy es el Distrito Federal de México: en la noche final del año los indígenas llenaban un zurrón con ropa vieja y se lo cargaban en las espaldas y comenzaban a danzar. Los dioses bendecían durante todo el año a aquellos indios de cuyas morrales se caía toda la ropa.

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Diciembre
30 / 2018

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