Martina García: dramática y ligera

Es la actriz colombiana con mayor proyección en el cine. Profunda, crítica y más filósofa que vedette, ha ido ganándose el aprecio del mundo cinematográfico con su talento hecho a pulso.

De niña, Martina García se sentaba a cuestionarse sobre la existencia de la vida. Rara elección para una menor que debía jugar con muñecas de plástico y tirarse en la cama a ver el techo. Pero así era: la filosofía tocaba a su hombro y ella soportaba sin aspavientos las presiones de adultos y compañeros de su misma edad para que fuera común y se dedicara a divertirse.

Estaba tocada por el bicho de la hipersensibilidad, lloraba con los libros clásicos y anhelaba escribir poemas o dedicarse a la música, saltaba para aprender nuevos pasos de ballet y vivía sumida en el drama puro.

Ahora, a sus 29 años, es más ligera. Conserva el porte y la belleza esbelta de una niña de 14 años, algo que le gusta porque le permite ganarse todo tipo de papeles, pero la ligereza de hoy y el drama de su infancia se han unido para convertirla en una actriz dramática de verdad, con la levedad necesaria para moverse como una joven común por las aulas de La Sorbona en París, donde estudia Filosofía (obvio) entre el tiempo que le dejan los rodajes de las cerca de tres producciones internacionales que hace por año.

Es tan dramática y ligera que es capaz de aventurarse a grabar escenas con alto contenido erótico y desnudarse sin tapujos si el papel lo requiere –aunque luego se sonroje en la oscuridad del cine cuando se ve–, y de caminar al lado de estrellas como Javier Bardem, Geraldine Chaplin, Luis Tosar o Damian Alcázar en un mundo de glamour que también la atrae. Hoy por hoy es la actriz colombiana con más proyección en el cine, domina tres idiomas y sabe que apenas arranca, aunque a su haber tenga ya protagónicos en Perder es cuestión de método, Rabia, Amar a morir, La mosquitera, No eres tú soy yo, Satanás y la cinta que estrena este enero en Colombia, La cara oculta, un genial filme de suspenso dirigido por Andi Baiz.

Sabe, por intuición, que esos días de niña en que se cuestionaba sobre cada cosa están dando resultado, más allá de los estudios de Kant o Hegel. Porque es profunda al hablar y entiende el mundo, y eso le permite comprender a fondo a los personajes que interpreta. Pero también porque su inteligencia aguda y su sentido crítico le permiten la humildad de aprender de otros, de hacer lo que otras actrices no dejan por ego, de colaborar en las fotos y en el rodaje con ideas propias, y ya los directores lo saben. La voz corre y la prefieren a ella. A la chica que parece una niña y sin embargo puede darlo todo.
Entrevista en video con Andi Baiz, el director de La Cara Oculta

Artículos Relacionados

  • Hace 54 años se escribieron los tres grandes himnos del pop
  • Las 10 canciones recomendadas de Camila Zárate, de Canal 13
  • Galería: Los mejores retratos de animales en vía de extinción
  • 11 obras al óleo para recordar la historia de Colombia

Send this to a friend