Robin Wright, una mujer empoderada

La actriz estadounidense estrenará este 2 de noviembre la temporada final de House of Cards como única protagonista. Además, acaba de contraer matrimonio con un joven ejecutivo francés. Diners conversó con ella.

Varios funcionarios corren de un lado para otro por los pasillos de la Casa Blanca. Al fondo se ve un cuadro de Bill Clinton. En la siguiente escena se visualiza la oficina del presidente de los Estados Unidos. Y en la silla, Claire Underwood, en un traje azul oscuro, de espaldas, se voltea, se levanta y con su inigualable voz dice: “Este solo es el inicio”.

Así es una de las primeras imágenes que se han podido ver de la sexta y última temporada de House of Cards, la exitosa serie de Netflix. Claire Underwood, la mujer fría y calculadora que pasa por encima del que haya que pasar, será por fin la presidenta de Estados Unidos.

Sin embargo, aún es un completo misterio cómo sacarán de la historia a su esposo, el inescrupuloso Francis Underwood, interpretado por el actor Kevin Spacey, quien fue expulsado de la serie luego del escándalo sexual en el que se vio envuelto.

Lo que sí se sabe es que Claire no estará sola, sino que se encontrará acompañada de los hermanos Shepherd, interpretados por Diane Lane y Greg Kinnear, herederos de un conglomerado industrial, que comparten una visión sobre el futuro del país, pero también un pasado turbio con los Underwood.

Literalmente, a esta hermosa mujer de 52 años le ha llegado una oportunidad de oro, luego de una intensa y variada carrera. Hija de un ejecutivo farmacéutico y de una directora de ventas de una firma de cosméticos, Robin nació en Texas, pero se mudó muy pequeña a San Diego.

De adolescente comenzó a trabajar como modelo y una de sus primeras incursiones televisivas fue en la telenovela Santa Barbara, en 1983, aunque su proyección en Hollywood la logró con el papel de la princesa Buttercup, en el clásico del director Rob Reiner, The Princess Bride, en 1987.

Wright iluminó la pantalla grande como el único amor verdadero de Tom Hanks, en Forrest Gump en 1994. Después de trabajar bajo la dirección de Sean Penn en el drama The Crossing Guard en 1995, se casó con el actor y director e inició una de las relaciones más tormentosas de Hollywood.

En 2010 se divorció de Penn y desde entonces ha actuado en películas como Money-ball, The Girl with the Dragon Tattoo, La Mujer Maravilla y Blade Runner 2049, así como en la serie de televisión House of Cards. En agosto pasado, además, se casó en una sencilla boda con Clement Giraudet, un francés de 34 años que trabaja en la firma de moda Yves Saint Laurent. Diners conversó con ella en Beverly Hills.

Usted ha interpretado a mujeres de carácter fuerte e independientes. ¿Qué es lo que más le atrae de este tipo de personajes?

Todas estas mujeres poderosas son icónicas a su manera; cada una tiene su propio código moral, un mensaje bueno y agradable, debajo de su voluntad y su constitución, y, además, tienen claro su misión en la vida. En el caso de Antiope, el papel que hago en La Mujer Maravilla, estamos hablando de una heroína que entrena a su sobrina para convertirse en una guerrera feroz que luche por la paz. Y sabemos quién es Claire Underwood.

Siento que ya hice mucho en mi carrera, en la que interpreté a la esposa lastimada, a la mujer quebrantada, he estado allí, he hecho eso, y estoy muy agradecida de tener ahora la oportunidad de interpretar la otra cara de la moneda, el poder contundente de una mujer, donde hay una naturaleza con carácter. Y, además, se trata de un movimiento que estamos viviendo ahora.

¿Con quién se identifica más en su vida diaria?

Pienso que, por muchas cosas, con Antiope, la amazona que interpreto en La Mujer Maravilla.

Usted no solo interpreta mujeres fuertes, sino que además ayuda a causas de la mujer en la vida real…

Así es, la cuestión es que la gente pregunta ¿para qué usas tu estatus de celebridad? Y, en realidad, lo hago para crear un movimiento de conversación, de comunicación. Hablo en nombre de ciertas cosas, y por eso he estado involucrada con organizaciones benéficas durante más de diez años, ayudando a las mujeres del Congo, por ejemplo, a volver a ponerse de pie ante las adversidades de pobreza y violencia que han tenido que vivir. Y es una constante, es otro trabajo, y simplemente con expresar ciertas ideas quieres lograr cambios.

La serie House of Cards se ha hecho famosa porque se percibe una sensación familiar al paisaje político actual. ¿Es solo coincidencia?

No sé, supongo que tiene que ver con varios factores, pero es verdad, es arte imitando la vida en el pasado, y ahora se considera a la inversa. Debido a que estamos tratando de adelantarnos a los asuntos actuales, sí, resulta más pura coincidencia, pero siempre se puede entrever que cuando hay poder de por medio, existe un magnetismo entre la política y la corrupción.

¿No le asusta ver que la ficción se acerque tanto a la realidad actual?

Sí, pero luego miras hacia atrás y no sé si alguna vez ha sido diferente. Pienso en las novelas de Dostoievski, en las guerras, las víctimas, el arte, la literatura, la historia misma. Y creo que es más prominente ver y sentir más de cerca la realidad que nos rodea por los diferentes medios que existen en este momento. Tenemos tanto contenido disponible en nuestros televisores y teléfonos que ahora todos somos jueces, todos podemos abordar el tema y hacer comentarios.

Tras el escándalo en que se vio involucrado Kevin Spacey, ¿tuvo temor de que la serie fuera cancelada abruptamente?

Eso pensamos al principio, lo cual hubiera sido una gran pena, pero tenía la confianza de que se iba a poder resolver la historia de alguna manera, pese a las dificultades de perder a alguien del elenco que, a pesar de ser el protagonista, realmente no conocía fuera de nuestro trabajo en el set de grabaciones.

Tras haber interpretado a Claire Underwood por cinco temporadas, ¿cómo ha cambiado el personaje su perspectiva en la política y el poder?

Es una respuesta algo compleja, pero definitivamente cambió mi perspectiva; me eduqué en este negocio del espectáculo, que se parece mucho a la política, porque se vive el arte de la guerra, porque todo es una estrategia. Y desde West Wing y todos estos otros programas políticos, en cada administración de todo el mundo se muestra que tienes que pisar la cabeza de alguien para subir un peldaño en la escalera de poder. Eso nunca ha sido diferente. Por lo tanto, al ver esas historias, ese tipo de drama, resulta divertido interpretar personajes como Claire.

¿Le ha interesado acercarse más al mundo político tras interpretar a Claire?

No, al contrario, me dan ganas de correr lo más lejos posible, de irme a Groenlandia [risas]. Ni siquiera sé qué tan lejos está, pero preferiría salir corriendo allá a meterme de lleno en política, donde no abundan ni el amor ni la justicia.

Ya que menciona esto del amor y la justicia, ¿puede comentarnos qué es lo más importante en su vida?

Lo que más amo es probablemente las cosas que personajes como Antiope simbolizan, la bondad en las personas. Defender la igualdad, que todos debemos ser tratados de la misma manera, como una forma primaria de ayudar a devolver el equilibrio al mundo.

¿Por qué cree que la sociedad le tiene temor a una mujer con poder?

Creo que sucede porque se considera un territorio extranjero para muchos. Es una forma convencional de pensar que ha estado sucediendo durante siglos. Así que ahora estamos rompiendo esos cánones y va a tomar un tiempo para que la gente pueda ver esto de otra manera. Y no se trata de la exclusión del otro género, eso no significa ciertamente el feminismo, que ha obtenido una connotación negativa. El feminismo es algo que en realidad significa igualdad. Entonces, si podemos volver a aprender como sociedad eso, especialmente los niños, ese es el futuro. Tal como el mundo entero se ha abierto al matrimonio gay, por ejemplo, son pasos que toman tiempo, pero que poco a poco van abriendo los ojos a una sociedad más igualitaria y justa.

¿Cuáles son sus placeres en la vida?

Cuando viajas por el mundo y encuentras nuevos lugares; ver películas interesantes sin saber nada de antemano, oír música nueva y vieja a la vez. Cosas como esas, así como el placer y la gratitud por ayudar a otras personas que lo necesitan, eso de verdad lo disfruto.

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