Miral Brinjy, la cara de la revolución egipcia

Su imagen recorrió el mundo durante la revolución egipcia y la convirtió en uno de los rostros emblemáticos del cambio. Miral Brinjy dejó por momentos de creer en la revolución, pero ahora ha recobrado la esperanza. Esta es su historia.

 

La cita era el martes 29 de noviembre en uno de los cafés tipo occidental del barrio Zamalek, esa gran isla en la mitad del Nilo llena de árboles milenarios y de palacetes antiguos donde todavía vive un sector de la burguesía cairota. Mientras que a esa hora de la mañana millones de personas estaban participando por primera vez en su vida en unas elecciones democráticas que se podían considerar libres, Miral Brinjy llegaba con más de una hora de retraso disculpándose por el tráfico de una ciudad cuyo caos es un mito mundial.

Esa joven que entraba afanada por la puerta con unos pantalones apretados y botas por fuera se había convertido, sin quererlo, en uno de los rostros de la revolución egipcia después de que apareció en un video mostrado por Al Jazeera el 1° de febrero de 2011.

Aquel día, cuando Internet todavía había estaba bloqueado y el mundo no recibía casi ninguna señal desde Egipto, la imagen decidida de Miral hablando frente a las cámaras de unos jóvenes suecos que realizaban un documental sobre el poder de los jóvenes en Oriente Medio –que pudieron enviar al mundo a través de la única compañía de Internet que estaba operando–, fue interpretada como una señal de que la revolución egipcia seguía intacta.

Las imágenes que logró subir a la web el equipo de “Zero Silence” –como se llamaría el maravilloso documental que hoy le da la vuelta al mundo– dejaban en evidencia que la determinación de los egipcios para sacar al omnipresente Hosni Mubarak del poder no había decaído a pesar de las artimañas del régimen para detener la ola de protestas que había comenzado el 25 de enero cuando, liderados por un gran grupo de jóvenes, miles de personas salieron a las calles a pedir por cambios.

“El régimen sacó a todos sus ladrones para crear caos en la ciudad y hacer creer a la gente que necesita ese régimen para que los proteja. Pero eso no es así. Nosotros no los queremos más”, dijo Miral frente a la cámara que la abordó sin saber que esa joven de pelo negro, ojos grandes y voz ronca que caminaba sin maquillaje por la plaza de Tahrir con una camiseta en la que decía “I love my country. It’s the government, I am afraid”, era una reconocida bloguera y tuitera egipcia.

“Todo fue una coincidencia”, explicaría Miral sentada en aquel café en el que minutos más tarde podría comprobar en carne propia el poder que jóvenes como ella habían adquirido en la escena mediática internacional donde son casi unas estrellas de cine. Y es que la cita con Miral, gracias a su tardanza, terminó por confirmarme la fama que habían alcanzado esos jóvenes que fueron el motor de la revolución a través de Internet. Esto se debe a que nuestra entrevista se cruzó con la que ya tenía programada con un reconocido analista político local con el cual habíamos acordado reunirnos en el mismo lugar.

La sorpresa de la joven al verlo fue total. Se levantó de la silla, le dio un par de besos y me contó orgullosa que él había sido su profesor de ciencia política en la universidad americana de El Cairo, donde ella había estudiado. Lo interesante del asunto es que él, un hombre interesantísimo con una larga trayectoria en el campo académico, era un perfecto desconocido comparado con esta joven veinteañera cuya vida cambió en pleno gracias a la revolución.

Miles de personas la tuitearon, otros miles comenzaron a seguir su blog y se convirtió en una figura pública debido a que por meses dirigió y presentó un programa de televisión dedicado a los nuevos medios en el que se hacía un seguimiento a lo que pasaba en la red del mundo árabe. “La idea nos surgió antes de que Al Jazeera decidiera tener un programa parecido”, dijo orgullosa Miral que después de meses de trabajo arduo tuvo un bajón, se dejó invadir por el pesimismo y decidió volver a enfocarse en sus estudios. Por un tiempo dejó de creer en la revolución.

“Ahora he vuelto a recuperar la esperanza”, reconoció en nuestra cita. Lo que nunca perdió fue la fama. Como muchos otros jóvenes egipcios, Miral pasó a tener un reconocimiento que incluso podría considerarse absurdo si se tiene en cuenta que la revolución egipcia va mucho más allá de Internet. Y eso lo saben jóvenes como Miral que son conscientes de que Internet solo fue una herramienta y que para que la revolución egipcia siga su camino se necesita de la calle. La gente que hace parte de Internet, dice, cree mucho más en el poder de la calle que en el de la tecnología.

Un ejemplo de este poder, repite en varias ocasiones, es que si aquel primero de febrero el régimen no hubiera cortado la Internet y los teléfonos, la revolución no hubiera existido, la gente no habría sentido la necesidad de ir a la plaza a comprobar por su cuenta lo que pasaba.

Sin embargo, también es consciente de que el mundo pudo enterarse de lo que sucedía en Tahrir gracias a ellos, que durante el día no se despegaban de un celular desde el que tuiteaban y más tarde, ya de regreso a casa, se conectaban por horas a un computador en el que escribían sus blogs, actualizaban Facebook o daban entrevistas virtuales a medios de todo el mundo. “Este es un trabajo de tiempo completo”, me confesaría Miral, que en su perfil de Twitter dice, “sí, yo soy la del video”.

Lo dice porque ha recibido muchos correos de seguidores del régimen en tono desafiante cuando reconocen que fue la cara que le dio la vuelta al mundo en un día en que no llegaban imágenes desde Egipto. Pero a ella no le importa, está consciente de que el camino de la democracia en Egipto es largo. “Tenemos que continuar trabajando para que la gente tome conciencia del duro camino que tenemos por delante”, dijo antes de irse cuando me mostró su anillo con chispas de diamante. El primer año de la revolución egipcia le alcanzó incluso para comprometerse con su novio, dice sonriente.

Encuentre a continuación el video con el que Miral Brijny le dio la vuelta al mundo y se convirtió en la cara de la revolución egipcia. (En inglés)

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