Estamos en busca de un nuevo himno nacional

¿Qué pasaría si se abre una licitación pública para reemplazar la letra del himno patrio, tan rebuscado, tan prosopopéyico y, como si fuera poco, tan sangriento?

Publicado orginalmente en Revista Diners Ed. 148 de julio de 1982

No sé si con ello me expongo a alguna denuncia penal de parte de la Academia de Historia, pero siento la necesidad imperiosa de decir en público que los desastres nacionales comienzan con el himno.

Me había guardado esta idea para mi propia conciencia durante años, temeroso tal vez de estar ofendiendo con el pensamiento los sentimientos patrios. Pero hace poco tuve que releer las veintiuna estrofas del himno nacional y resolví ofender a la patria también con la palabra y, si es preciso, con la obra.

Ya la ofendió Núňez con la suya y lo condecoraron, así que a lo mejor a mi no me pasa nada.

¿Han hecho ustedes una composición de lugar de las escenas que relata nuestro himno? Ni el Dante tuvo imaginación para tan pavoroso escenario: la humanidad gime, Cristo muere en la cruz, el mundo americano se baña en sangre de héroes, los que sufren bendicen su pasión, el Orinoco se colma de despojos corre un río de sangre y llanto, a orillas del Caribe hambriento un pueblo lucha, aparecen escombros de la muerte, la Virgen arranca sus cabellos, la flor se estremece, Ricaurte en átomos volando… Bonito ejemplo de violencia para nuestra impresionable niñez o para los hinchas de fútbol que, al entonarlo antes de un partido, sienten subir al corazón sangrientos deseos de acabar a patadas con el rival.

Menos mal que son tan rebuscados los términos que empleó don Rafael y tan contorsionadas sus trasposiciones que es preciso un examen detenido de varias horas para descifrar el dantesco panorama que allí se pinta.

Tiene además la peculiaridad nuestro canto patrio de que los escolares necesitan un diccionario mitológico para interpretarlo a conciencia, tal la cantidad de centauros, cíclopes y termópilas que aparecen en él.

A propósito de este último término, yo propondría, ya que se ignoran actualmente los pormenores de la batalla respectiva, que se reemplazara la palabra termópilas por Termopaipa; pienso que ello constituiría un estímulo para el floreciente departamento de Boyacá y una alusión interesante a los problemas energéticos que hoy nos agobian, pero que don Rafael Núñez no podía presentir en su época.

La patria así se forma:

Termopaipa brotando…

¡Al autor del himno se le ocurría cada cosa! A lo largo de los 174 versos que lo componen aparecen un homenaje a la alopecia (“la Virgen sus cabellos arranca en agonía”), otro al tufo (“su varonil aliento de escudo les sirvió”) y un elogio del aparato reproductor femenino (“la trompa victoriosa”).

Hay, por lo demás, no pocas licencias poéticas que se toma con la historia el ilustre Núñez. “Ricaurte en San Mateo en átomos volando”, por ejemplo. La verdad es que Ricaurte no murió al hacer estallar un polvorín, en gesto heroico, sino atravesado de un lanzazo y rematado de un disparo cuando huía con los suyos en la bajada de San Mateo.

Bolívar lo relató así a su edecán Louis Peru de la Croix, y éste a su turno lo contó en su libro Diario de Bucaramanga, donde cita las siguientes palabras de Bolívar: “Su muerte no fue como parece. No se hizo saltar con un barril de pólvora en la Casa de San Mateo.

Yo soy el autor del cuento y lo hice para entusiasmar a mis soldados, atemorizar a los enemigos y dar una idea más alta de los militares granadinos”. Núñez recogió el cuento, lo versificó y, con su discutible vena poética dio muerte por segunda vez al pobre Ricaurte.

Inexactitud similar ocurre con Nariño, a quien pinta “predicando” los derechos del hombre. Nariño no alcanzó a “predicar” del hombre los derechos. Se limitó a traducirlos e imprimirlos y por eso sufrió todas las adversidades que cuenta la televisión con la magia del color.

Piezas intercambiables

Fue Alfredo Iriarte quien observó en nuestro himno nacional una pecualiarisima cualidad, y es la de que sus versos son desarmables. En otras palabras, es posible trasladar versos de una estrofa a la otra y de ésta a la tercera, o arrojar entre un sombrero los versos y recomponer al azar las veintiuna estrofas sin que con ello pierda su sabor prosopopéyico.

“Multimueble poético”, lo llamó el regordete y glotón historiador en definición exacta. Y, para ofrecer un ejemplo de su tesis, montó en trabazón diferente a la original varias estrofas del himno, dos de las cuales me permito copiar aquí con la venia de Iriarte:

Ricaurte en San Mateo
Se baña en sangre de héroes;
de bajo los laureles
seguridad buscó;
espadas cual centellas
bendicen su pasión
porque el viril aliento
desprecia su virtud.
En surcos de dolores
Bolívar cruza el Ande
que cubre losa fría;
pero este gran principio
resuena, y los que sufren
descienden a los llanos,
horrores prefiriendo
a pérfida salud.

Suficiente con eso, como demostración de las cualidades de mecano que adornan a nuestro himno. Sobre la historia de nuestro canto tricolor se conocen las versadas páginas de Joaquín Piñeros Corpas y allí remito a los lectores interesados en el tema.

En cuanto a lo que de él me desvela, no es su historia sino la pésima calidad poética del himno. Rafael Núñez fue un tipo muy querido y liberado que ofreció más de un toque deliciosamente irreverente a las pomposas instituciones colombianas. Pero como poeta era un gran jurista.

El himno no habría ganado un tercer puesto en el concurso poético mensual de Salamina. Por esas cosas de la historia, quedó convertido en símbolo patrio y es cantado a diario por miles de gargantas que no tienen la menor idea de lo que significan los enredados términos y las rebuscadas figuras de sus estrofas.

Propuesta No. 1

¡Cesó la horrible noche!
Como violáceo y triste camposanto que mitiga dolores y quebrantos una aurora se eleva en lo infinito ¡Cual una madre con su labio santo!

¡Oh libertad sublime!
Ah, no, dejad al fin que yo me muera, que el cirujano estruje mis vísceras: el píloro, el colon que aún me oprime, mi marchito riñón, mi sangre artera…

Gimiendo entre cadenas mis entresijos colocado, mi encía, entre una caja con crespón, y un día trasteadla a las malas o a las buenas de florero a tu alcoba, ¡niña fría!

Pues comprendemos todos las palabras, néctar incomparable, flor de pus, las palabras fulgentes como luz que pronunció entre pudibundas cabras ¡el nazareno que murió en la cruz!

Licitación pública

Aceptando que la temática de la independencia, sobre la que versa el himno, fuese la adecuada, estoy seguro de que otros poetas nacionales la hubieran tratado con mayores mimos estéticos y con más propio estilo.

Si se abriese una licitación el 20 de julio que llega, para cambiar los versos del himno nacional conservando intacto el contenido, podríamos esperar por lo menos las siguientes propuestas, cuyos autores daré a conocer al final porque así lo manda el decreto sobre contratación administrativa.

Propuesta No. 2

La noche se etá acabando
-qué horró, que horró –
y mi negra etá erramando una aurora de sudó
-sí señó, sí señó- La libettá se aprossima
-va a llegá, va a llegá-
mi negra gima que gima
entre cadenas atá
-no jodá, no jodá –
Como la ejperma bendice
-la lú, la lú-
comprendemos lo que dice
allá trepao en su crú
un man llamado Jesú
-Jesú, Jesú-

Propuesta No. 3

Un reloj ojeroso de orín y trasnochada que son las cinco anuncia. Pesadillas. Sopor. Chancletean en la calle. Me asomo a la ventana: Libertad va pasando mientras cruje el reloj.

En el planeta se oyen quejidos y gemidos, y ruidos de cadenas. Y un tiro de arcabuz. Y es que en la iglesia intonsa un cura tiquismiquis explica las palabras del que murió en la cruz.

Propuesta No.4

Como en una azucena la noche ya termina
y un espiral de trigo la libertad deshoja.
Bordeando la mañana que es, ay, ya casi aurora, ruiseñor la ilumina: la llaman Libertad.
Doncella transparente, sus sollozos florecen
al viento encadenados mientras piensa la rosa.
Y un solo instante entiende las palabras que bajan, entre nubes de arcángeles, de la mano de Dios.

Propuesta No. 5

Noctivagos horrores finiquitan su ronda.
La libertad supina
de fulgurantes luces esplendente ilumina
(he ahí un pleonasmo, ¡tate!)
nubecillas falenas, estrellicas filantes.
Y un grito (me parece) sube del gemidero
entre ruidos multiferros, ferrosos y ferroces
– que dijera así el galo:
“venid y os lo regalo” –
con arritmia simplista
de scherzo o de minuet
da noticia piafante de un famoso ebanista,
un famoso ebanista que vivió en Nazareth.

Abiertos los sobres que contenían los nombres de los proponentes, se encontró que correspondian a los siguientes poetas: 1) Julio Flórez.2) Candelario Obeso.3) Luis Carlos López.4) Eduardo Carranza.5) León De Greiff.

La junta de adjudicaciones estudió las ofertas y, luego de compararlas con el pliego de cargos, resolvió declarar desierta la licitación. Continúa vigente, pues, el himno nacional en la versión de Núñez. La horrible noche poética ha cesado.

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