¿Por qué procrastinamos y qué podemos hacer al respecto?

Aplazar las grandes tareas o responsabilidades por solucionar otras más pequeñas tiene una explicación científica.

Tim Urban tuvo un año para escribir su proyecto de tesis. Se especializaba en Gobierno en Harvard y ya estaba acostumbrado a escribir papers, sin embargo, el proyecto de grado era un gran reto, así que diseñó un modelo de trabajo con cargas equilibradas durante el lapso que tenía de plazo.

“Comenzaría de a poco y en los meses del medio, acelero. Pero luego sucedió que los primeros meses, como vinieron, se fueron, así que tuve que cambiar de plan, hacerlo más ajustado. Luego, pasaron los demás meses y no escribí nada. Quedaron dos meses que se convirtieron en uno y luego en dos semanas y ya faltaban 3 días. Hice lo que tenía que hacer: 90 páginas en 72 horas. Una semana después recibí una llamada:

-¿Es usted Tim Urban?
– Sí, soy yo.
-Tenemos que hablar de su tesis… ¡Es la mejor que hemos visto!

Eso no sucedió en verdad, fue una tesis muy mala”. Así comienza Urban su charla TED titulada: “Al interior del cerebro de un procrastinador”, en la que da su testimonio como procrastinador mientras explica el por qué de su hábito de aplazar las cosas.

“La procrastinación es la tendencia a gastar el tiempo, demorar y aplazar de forma intencionada algo que debe ser hecho (Tuckman, 2003), aún siendo consciente de las consecuencias negativas que ello pueda comportar”, definen los investigadores Angélica Garzón y Javier Gil en un documento llamado Gestión del tiempo y procrastinación en la educación superior, en el que analizan los efectos negativos de esta práctica en el rendimiento académico.

Y es que nos pasa a muchos. Tal vez usted decidió leer este artículo porque sintió que el tema lo representaba, y mientras lo ojea revisa la hora de su celular (o computador), responde un mensaje de texto, contesta una llamada, mira por la ventana si va en un vehículo o piensa en otra cosa.

Los investigadores Meng Zhu, Yang Yang y Christopher K Hsee decidieron estudiar el asunto y le pusieron nombre: El efecto de emergencia. “En la vida cotidiana, las personas a menudo se enfrentan a elecciones entre tareas de distintos niveles de urgencia e importancia. ¿Cómo eligen? Pueden optar por realizar tareas urgentes que no demoran mucho tiempo en lugar de tareas importantes con resultados más grandes.

Porque las tareas importantes son más difíciles y alejadas de la consecución de objetivos, las tareas urgentes implican pagos más inmediatos y, o la gente quiere terminar las tareas urgentes primero y luego trabajar en tareas importantes más adelante. La investigación actual identifica un efecto de urgencia, una tendencia a buscar lo urgente sobre lo importante”, escribieron en el estudio “The Mere Urgency Effect”, publicado en el Jornal of Consumer Research, el pasado 9 de febrero.

De esta manera, se entiende que el cerebro prioriza los beneficios a corto plazo en lugar de los largos. Volver la procrastinación una filosofía de vida no solo le dificultará llevar a cabo grandes proyectos laborales sino personales. Tim Urban explica en su charla TED que lo que hace posible que al final termine haciendo sus tareas es “el monstruo del pánico”, que aparece cuando su límite de entrega o deadline aparecen.

“Sin embargo, hay un tipo de dilación que no tienen plazos. Si quieres hacer carrera por tu cuenta en las artes, un emprendimiento, no hay plazos al principio, sino hasta que sales a hacer el trabajo arduo. Por otro lado también están visitar a la familia, hacer ejercicio o terminar una relación que no está funcionando. La dilación a largo plazo hace que la gente sienta que es espectadora de su propia vida, la frustración no viene de no poder alcanzar los sueños, sino de ni siquiera comenzar a perseguirlos”.

Puesto el tema así, Harvard Bussines Review le brinda seis consejos para que deje de aplazar tanto los proyectos laborales, como los personales.

– Visualice los beneficios de las tareas realizadas: imagine lo bien que se sentirá al terminar eso que tanto ha aplazado.
– Cuéntele a los demás cuáles son sus tareas: de esta manera se exige más, pues la validación y presión social por acabar la tarea podrían jugar a su favor.
– Piense en las consecuencias de posponer el trabajo.
– Divida las tareas en pequeños pasos: a veces dar el primero es el más difícil, si organiza una tarea engorrosa de realizar por niveles, puede que la odie menos.
– Combine pasos: si está haciendo una tarea que no está posponiendo, aproveche y realiza otro paso de la que sí.
Pregúntese por qué está posponiendo las cosas realmente, tal vez en la respuesta encuentre la solución para retomar la productividad.

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