Crónicas desde Rusia: La cantidad industrial de alcohol que consumen los rusos

En uno de sus días libres de fútbol, nuestro corresponsal visitó Crocus City, el mall más grande de Moscú, donde reflexionó sobre la cantidad de alcohol que consumen en Rusia.

Llevo un mes en Rusia y he tomado a Moscú como base, de allí me muevo a ver los partidos que me interesan en otras ciudades, pero siempre termino volviendo a la capital para emprender otro viaje. Mi apartamento queda a cinco minutos a pie, apenas cruzando el río, de un complejo gigante llamado Crocus City, una pequeña ciudad que incluye el mall más grande de Moscú, el lugar donde funciona el centro de prensa del mundial, un acuario, un hotel, un supermercado, una pista de patinaje sobre hielo y hasta una estación de metro.

Y en el corazón de todo, las oficinas de Crocus Group, el dueño de todo (menos de la estación). Tan descomunal es el asunto que la ciudadela tiene seguridad propia y sus agentes se mueven en camionetas por entre las calles y las construcciones.

Todo esto viene a que el supermercado del lugar, llamado Tvoy Dom, es un monstruo donde venden no solo comida, sino todo lo que necesita para el hogar. Para que tenga una idea, viene siendo como juntar el Éxito con Homecenter. Y aunque hay islas con muebles para la casa, electrodomésticos, comestibles y demás, lo que más me ha impresionado es el espacio que le dedican al alcohol: catorce islas.

Piense en su supermercado más cercano, el que más frecuenta; piense ahora en la góndola donde están los elementos de aseo. Ahora multiplique eso por catorce (en proporciones rusas), y entenderá más o menos a qué me refiero. Hay mal contadas tres islas para vino, otras tantas para cerveza, la misma cifra para licores varios como whisky y ginebra, y el resto, como no podía ser de otra forma, están repletas de vodka. Y mientras el resto de licores pueden costar lo que cuestan en el resto del mundo, la oferta de vodka es tal que los precios de las botellas empiezan por debajo de los 300 rublos, menos de trece mil pesos colombianos.

Los supermercados cuentan con gran variedad de bebidas alcohólicas.


Muchos estudios han tratado de explicar por qué Rusia está entre los países con mayor índice de alcoholismo del mundo con un promedio de consumo de 12 litros de licor por habitante. Hace rato no encabeza el listado, pero pocos lo superan: Lituania, Bielorrusia, Letonia, Polonia. Es decir, todo se queda en la región. Al alcoholismo en Rusia, problema que se lleva a la tumba a medio millón de personas al año, se le han atribuido cuestiones climáticas, culturales y hasta científicas.

Un estudio pretende comprobar que sencillamente los rusos beben tanto porque su cuerpo es más tolerante al alcohol que el del resto de humanos, lo que hace que tengan más resistencia al mismo. Lo cierto es que el problema se ha vuelto un asunto de Estado, que ha metido mano con medidas como restringir el horario de venta de licor, especialmente en fines de semana.

El Tvoy Dom funciona 24 horas al día todos los días, por lo que es ideal para comprar comida luego de las jornadas de trabajo y de los viajes. A esa hora hay poca gente, pero siempre hay alguien merodeando por una de las catorce islas de licor, y en el día es común ver gente con carros de mercado solo con botellas y latas de trago.

En la calle y en el metro es también moneda corriente cruzarse con gente que no solo huele a licor, sino que se mueve con evidente torpeza, y en la estación de trenes de San Petersburgo me tocó ver a un hombre de unos sesenta años caminar en zigzag hasta caerse de frente y abrirse la cabeza. Se levantó como si nada con los ojos perdidos y trató de seguir andando hasta que dos empleadas ferroviarias lo detuvieron para brindarle ayuda. Llevaba una chaqueta amarilla del equipo Rostov y una bolsa con botellas que inexplicablemente salieron ilesas.

En Tvoy Dom hay catorce islas dedicadas a la venta de todas las variedades de alcohol.


Y aunque no se le puede culpar por el alcoholismo de su país ni estoy tratando de crearle un vínculo con el problema, capítulo aparte merece el fundador del Crocus group, dueño entre otras cosas del Tvoy Dom. Yo andaba tranquilo por la ciudadela sin saber que me movía en los dominios de todo un potentado de currículo impresionante.

Su nombre es Aras Agalarov, tiene 62 años y es dueño de una fortuna calculada en 1.9 billones de dólares, lo que le da para ocupar el puesto 51 entre los hombres más ricos de Rusia y el 1.339 en el mundo, según la revista Forbes. Y aunque el puesto que ocupa puede no sonar impresionante, sus logros económicos van muy lejos. No solo es dueño de Crocus City, sino que construyó dos de los estadios del mundial de fútbol (Kaliningrado y Rostov, donde juega el equipo del borracho de la chaqueta amarilla que se rompió la cabeza en la estación de trenes).

Le dicen el “Donald Trump de Rusia” y de hecho es amigo personal del presidente de los Estados Unidos. El IBC, que es el gran centro de medios de esta copa del mundo, funciona en su Crocus City Hall, donde en 2013 se llevó a cabo la final de Miss Universo.

Quizá mi ideal de vida no sea ser amigo de Trump y organizar Miss Universo, pero Agalarov se mueve en las grandes ligas, lo cual no deja de impresionar. Hasta Moscú tuve que llegar para saber de él y de paso para entender hasta dónde llega la afición de los rusos por la bebida.

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