¿A quiénes admiraban en su juventud los artistas colombianos?

Diners le preguntó a Edgar Negret, Beatriz González, Santiago Cárdenas, Antonio Roda y el maestro Eduardo Ramírez Villamizar. Esto fue lo que nos dijeron.

Publicado originalmente en Revista Diners No. 95 de febrero de 1978

Cuando Edgar Negret conoció al escultor rumano Constantin Brancusi, quiso postrarse de rodillas para demostrarle su admiración.

Cuando Eduardo Ramírez Villamizar supo que las conchas de caracoles eran las esculturas más bellas de la naturaleza, se obsesionó con ellas y resolvió coleccionarlas.

Cuando Beatriz González estudiaba en la universidad, descubrió a Botero y supo inmediatamente que ese era el artista más grande que había dado Colombia.

Cuando Santiago Cárdenas vio la Monalisa con bigotes de Marcel Duchamp, se dio cuenta que ese artista revolucionario le había abierto las puertas para que él mismo pudiera pintar mesas de planchar, corbatas y baldosines.


Marcel Duchamp, L.H.O.O.Q. Mona Lisa con bigote (óleo sobre lienzo), 1919.


Cuando Antonio Roda se escapó del colegio para viajar de Barcelona a Madrid y poder ver las Meninas de Velázquez en el Museo del Prado, se encontró con otro cuadro de Velázquez que lo marcaría para siempre.

Todos los artistas tienen una ‘vaca sagrada’, un artista al que siempre han admirado, al que quizás silenciosamente han envidiado, al cual hubieran querido parecerse. Un mito que les trabaja en el inconsciente mientras pintan o esculpen.

La mayoría de los artistas niegan estas influencias específicas. Pero varios de los más importantes exponentes de las artes plásticas colombianas se despojaron de rubores y prejuicios, para confesar a Diners cuál es el artista que más los impresionó.

Edgar Negret: “De rodillas hubiera entrado al estudio de brancusi”

Edgar Negret asegura que su gran mito, es el escultor rumano Constantin Brancusi.

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“Cuando yo me fui a vivir a París, tres días después de llegar, Andrés Holguín me dijo que si quería conocer a Brancusi, porque sabía de mi profunda admiración por el artista. Yo no podía creer semejante acontecimiento. Al llegar a su estudio las piernas me temblaban. Cuando me preguntó si yo también era escultor, quedé paralizado”.

“Recuerdo ese día a la perfección. Brancusi tenía entonces 50 años. Vivía solo; tenía un prodigioso sentido del humor. Fue admirable la dignidad que mantuvo hasta el fin de sus días. Sin duda Brancusi es el artista más importante en los comienzos de la escultura contemporánea”.

Agrega el artista de Popayán que el día que conoció a Brancusi, era tanta su admiración por el escultor rumano que hubiera entrado a su estudio de rodillas. “Si no lo hice, fue por evitar el ridículo. Pero Brancusi lo merecía”.

Eduardo Ramírez Villamizar: “Los caracoles son una escultura perfecta”

Quizás a pocas personas en el mundo le gusten tanto los caracoles como al escultor santandereano Eduardo Ramírez Villamizar. En cuanto viaje realiza, lo primero que hace es buscar caracoles de todas las formas, tamaños y colores.

“Son las esculturas más perfectas de la naturaleza y, con las flores, los elementos que más han influido en mi obra”.

Ramírez Villamizar confiesa que hasta los 22 años no recibió ninguna influencia importante en su formación.

“Pero entre los libros que había en mi casa cuando yo era pequeño, recuerdo perfectamente la Divina Comedia de Dante en una edición enorme con los grabados de Doré. Yo no sabía leer y como nadie me dijo que eran grabados, yo creía que eran fotografías de escenas reales. Por supuesto, me impresionaron muchísimo y creo que la convicción de que las escenas de los grabados de Doré eran reales influyó posteriormente en el dramatismo de mis obras”.

Agrega Ramírez Villamizar que quizás en él ha tenido más influencia la literatura que las artes plásticas. “Concretamente la literatura fantástica de Edgar Allan Poe, Jorge Luis Borges, Kafka, Henry James y Wells. A los escultores que más admiro son el norteamericano Tony Smith y el inglés Anthony Caro, pero ninguno me ha influido”.
Beatriz González: “Para qué pinto si Botero ya hizo todo lo que yo quería hacer”.

Tan categórica como su obra es la respuesta de Beatriz González sobre el artista que más la maravilla.

“El artista como el que yo hubiera querido pintar es Fernando Botero. Cuando estudiaba en la Universidad, todos los alumnos de Bellas Artes teníamos un pintor al que queríamos imitar, o por lo menos parecernos. Desde entonces yo adoraba a Botero y a veces me pregunto para qué pinto si Botero ya hizo lo que yo quería hacer”.

“Lo curioso es que admiro todavía más la técnica que los temas de Botero. Parece increíble, pero no lo conozco personalmente. Nunca he hablado con él y jamás hemos sido presentados. Cuando era estudiante, con todos mis ahorros compré por cuotas un cuadro bellísimo suyo que me costó 700 pesos. La gente pensó que yo estaba loca por comprar ‘semejante cosa’. Hoy el cuadro cuesta 700 mil pesos o más, y, como entonces pienso que Fernando Botero los vale: él es el mejor pintor colombiano”.

Santiago Cárdenas: “Duchamp, fue el primero en atreverse a hacer anti-arte”

Este ganador del Salón Nacional de Artes Visuales afirma que a él le han llegado influencias desde el arte egipcio, el precolombino, pasando por la obra de Giotto, Leonardo Da Vinci, Rubens, Rembrandt, Velázquez y Goya.

#art #santiagocardenas Autorretrato con un Santiago Cardenas 😀

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“Pero si se trata de escoger la influencia más importante me lanzo por Marcel Duchamp Lo admiro profundamente por que fue un artista revolucionario, que encontró nuevos métodos y formas para estimular la mente. Duchamp fue el primer artista en hacer anti-arte y abrir nuevos caminos a la expresión artística. Por ejemplo pintarle bigotes a la Mona Lisa. Tuvo agresividad para enfrentarse a lo aceptado tradicionalmente como arte”.

Otro de los artistas que encanta a Cárdenas es el fauvista Matisse. Porque también rompió el tabú de que el arte debe ser representativo.

Una vez Matisse escuchó los comentarios de dos personas que observaban, en una exposición suya, cierto cuadro de una mujer con la cara atravesada por una raya verde. La una le dijo a la otra:

-¡Pero esto no es una mujer!

-No señora, no es una mujer -interrumpió indignado el artista-. Es un cuadro.

Y al referir la anécdota de uno de sus grandes mitos en arte, Santiago Cárdenas se encierra de nuevo en su estudio a pintar corbatas, baldosines, ventanas y enchufes eléctricos.

Antonio Roda: “La mano del hermano de Felipe IV con un guante, pintado por Velázquez”

Para este catalán radicado en Colombia desde hace años, maestros de muchos de los talentos jóvenes que hoy surgen, Velázquez no es sólo su gran influencia, su artista preferido, sino su permanente obsesión.

“Cuando yo estaba en el colegio en Barcelona, tenía tantos deseos de ver en el Museo del Prado a las Meninas de Velázquez, que un buen día resolví hacerme el enfermo y me escapé hasta Madrid. Pero no las encontré. Hoy tengo 56 años, sueño muy poco pero cuando lo hago, siempre visito el Museo del Prado y no puedo encontrar las Meninas”.

La segunda vez que Roda fue a ver a Velázquez, no le gustó: era el Velázquez de los billetes, de los calendarios oficiales, era el Velázquez de Franco.

“La tercera vez quise verlo sin prejuicios franquistas y me enamoré de sus cuadros de Góngora, de Felipe a Caballo y del Hermano de Felipe IV. En este último cuadro me apasiona la mano con el guante”, afirma.

Roda confiesa además que en el primer grabado que hizo en su vida, “Retrato de un desconocido”, tenía esa mano con ese guante.

Para Negret, Brancusi; para Beatriz González, Botero; para Cárdenas, Duchamp; para Roda, Velázquez, y para Ramírez Villamizar, los caracoles, son los dioses a los que encomiendan su inspiración artística. Archivo.

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