Conozca a los inmigrantes europeos que se quedaron en Colombia

Diners recuerda el Día del Inmigrante (4 de septimebre), con este artículo sobre los vikingos, turcos, ingleses, vascos y alemanes que decidieron cruzar el Atlántico y quedarse en un país extraño, devorado todavía por la selva y las escaramuzas civiles.

Ofelia Romero de Wills fue una de las periodistas más respetadas de Colombia. Hizo parte del grupo de líderes que logró el derecho al voto femenino, logró que la mujer participara en la política y defendió sus derechos civiles.

Romero de Wills hizo un máster en Matemáticas y Física en la Escuela Normal Superior y un posgrado en la Universidad de Boston. Luego encontró su verdadera vocación en el periodismo. Hizo parte del Círculo de Periodistas de Bogotá por más de 55 años y en 2012 recibió el Premio Mérito Periodístico Guillermo Cano, la mayor distinción del CPB.

La periodista trabajó en El Espectador, El Tiempo, Cromos, Semana, Nueva Frontera, Revista Diners, Caracol y Radio Sutatenza, entre otros medios de comunicación. También fue muy cercana a Luis Carlos Galán Sarmiento, le ayudó a fundir los cimientos del Nuevo Liberalismo y en la implementación de este movimiento político.

A continuación lea un artículo de su autoría publicado en Revista Diners de noviembre de 1987 No. 212.

Cuando usted raspa un poquito la corteza de los árboles genealógicos de las familias colombianas, comienza a explicarse muchas cosas. Por ejemplo, que la culpa del talante del presidente Barco no la tiene su educación en M.I.T. sino la casa vasca de la Rivera, de la cual proviene, y que su altivez se debe a pruebas de hidalguía que su familia demostró desde 1566 y el rey Carlos IV corroboró en 1815.

Si usted sigue indagando, descubre que la locuacidad de Yamid Amat y de Juan Gossaín se remonta a sus abuelos, quienes debieron gastar mucha saliva, no propiamente difundiendo ideas, como sus descendientes periodistas, sino para vender las mercancías de las que vivieron los primeros árabes que llegaron a América.

Encuentra que la facha de vikingos que tienen los Samper Gnecco tiene origen en su tatarabuelo inglés don Thomas Fallon: que son vascos los apellidos Cano, Mendoza, Arciniegas, Arizmendi, Ayala, Zea Abadía, Caicedo, Garcés, Londoño, Arango, Landazábal, Vasvo, Samudio, Samper, Narváez, Ossa, Puyana, Urdinola, Tribe, Salazar, Urrutia, Zubiría y miles más.

Entiende, asimismo, que la expresión de malicia que usted tiene en sus ojos, el color moreno pálido de su piel, su baja estatura y su andar perezoso le vienen de la mezcla de sus abuelos indígenas, españoles y negros. Pero, a pesar de su ancestro español, nadie en Colombia considera que personas con las anteriores características puedan tener origen extranjero.

Este término sólo tiene que ver con los europeos o norteamericanos altos, de pelo rubio y ojos claros. Y es a éstos a quienes vamos a referirnos en la presente crónica, vale decir, a los otros contingentes de raza blanca que llegaron al país, adoptaron esta tierra como propia y se quedaron para siempre.

De izquierda a derecha: Pepita Castello de Campuzano, hija de Salvador Castello, Gentilhombre de Palacio cuando Alonso XIII reconoció el triunfo de la República Española/ Tomás Fallon, tatarabuelo de Patricio Samper, llegó en 1824 como ingeniero ferrocarril de Mariquita, y aquí se quedó para siempre/ Alí Humar, como muchos palestinos que, después de largos y penosos viajes, desembarcaban en esta “tierra prometida”/ Alfredo Humar, padre de Alí, nunca creyó en las aptitudes de éste para el teatro. Llegó a Colombia en 1920, porque “para recoger oro no había más que agacharse”.


Británicos en Bogotá

La colonia inglesa comenzó conformarse en Bogotá con la llegada de la Legión Británica que vinieron a luchar en ejército del Libertador, cuyos oficiales se vincularon a las principales familias de la capital.

Se menciona, entre Enrique Price, famoso pianista; Samuel Sayer, fundador de primera fábrica de cerveza que hubo en esta ciudad; los señores Leopoldo Segismundo, y Daniel Schloss, honorables comerciantes y amantes de las bellas letras, y Hugo Blair, irlandés, el primer médico que se estableció en Antioquia.

Cordovez Moure recuerda en sus “Reminiscencias” que los distinguidos y benévolos extranjeros Patricio Wilson, Tomás Fallon, Leopoldo y Daniel Schloss, Thomas Reed, Roberto Bunch, Enrique Cross, Maximiliano Constantine, Enrique Price, Lucio Davoren, Dundas Logan, Nelson Bonitto, Guillermo Wills, Daniel O Leary y Powels Linding, asociados con caballeros bogotanos, formaron en esta capital la famosa orquesta filarmónica, que tuvo en su seno lo más selecto de nuestra sociedad.

Era esta la época en que en Bogotá se empezaban bailar la polca, los valses de Strauss, la mazurca, el chotis, las cuadrillas, los lanceros y eran mal vistos la contradanza y colombiano. El éxito de los ingleses, muchos de los cuales andaban de sombrero de copa por las calles de la ciudad, era rotundo dentro del femenino.

Extranjeros en Antioquia

La minería fue, a lo largo de la centuria pasada, la actividad económica más importante de Antioquia. Puesto que en Colombia, a comienzos del siglo XIX dicha actividad estaba tan atrasada que ni siquiera se sabía lo que eran un ingeniero civil o un agrimensor, el gobierno tuvo que contratar casas extranjeras, principalmente inglesas, que, a su turno, trajeron expertos de sus países. Es por eso que en Antioquia existen tantos apellidos ingleses; los hay también franceses alemanes, pero estos últimos menos numerosos.

Entre los extranjeros que vinieron como ingenieros profesionales de otras ramas a trabajar en las minas, figuran estos nombres que hoy nos parecen tan colombianos: William Cock, inglés; Ignacio Cabo, español; Pedro Euse, médico francés; Thomas Eastman, inglés; Carlos Segismundo Tromholt Von Greiff, ingeniero y diplomático sueco; Jorge Thomas Federico Gartner, alemán; Julio Richter, alemán; Carlos Greiffestein, metalurgista alemán; Felipe Hencker, alemán; Carlos Johnson, Juan Kennedy y Tyrrel Moore, expertos mineros ingleses; Edward Nicholls, tesorero, contador y superintendente británico de las minas de Marmato Santa Ana; Jorge Williamson, médico inglés, y Luis Wiederoman, William Wolff y Reginaldo Wolff, alemanes.

También llegaron Antioquia extranjeros para trabajar en otras profesiones: Eduardo Aljure, libanés; Salomón Asuad, sirio; Francisco Javier Cisneros, americano nacionalizado en Cuba; Fergus Davidson, tenista y futbolista escocés; Carlos Dumit, comerciante sirio-libanés; Gabriel Antonio derancés; Oscar Duperly, técnico en fotografía nacido, en Jamaica; Gabriel Tisnés, sastre y negociante en paños francés, y Juan Enrique White, inglés muy destacado, fundador de la ciudad de Dabeiba.

Alemanes en Santander

En su libro La otra raya del tigre, Pedro Gómez Valderrama pone a los lectores a vivir episodios y hazañas a veces milagrosos, como la traída de un piano desde Liverpool las breñas santandereanas, de los alemanes que vinieron a Santander en la segunda mitad del siglo pasado.

La vida de Bucaramanga y otras ciudades comenzó a cambiar con la llegada de Leo Von Lengerke, un inmigrante alemán que huyó de su país por haber dado muerte en duelo a un compatriota. Una lejana conversación con el Barón von Humboldt lo llevó a escoger esta tierra para su exilio. Con buenas recomendaciones que le dieron en Bogotá, este aventurero e inversionista, arribó a Bucaramanga para establecer su casa de comercio, muy bien montado y con un cortejo de peones y mulas cargadas de bultos con eticuero muy fino con guarniciones doradas.

Lengerke no sólo revolucionó el mundo de los negocios del oriente colombiano, sino también las costumbre pacatas de la época; las fiestas que organizaba en su hacienda daban mucho de qué hablar en la comarca.

Con la presencia alemán, Santander comenzó a ser una de la regiones de mayor progreso. El impulso definitivo corrió por cuenta de sus paisanos, que llegaban continuamente traídos por el mito de la riqueza. Rafael Lorent primo de Lengerke y Strauch, Nortenius, Clausen, Goelkel, Hausen y Hederich fueron los primeros.

Algunos se radicaron en Bucaramanga, otros en Zapatoca y San Gil. En diez años la provincia de Soto y Socorro se llenaron de gentes rubias que trabajaban sin descanso, con el empeño que ponen los alemanes en todo lo que hacen.

“Turcos” y “polacos”

Los árabes, los miembros de la comunidad hebrea y los poloneses que vinieron a Colombia a principios de este siglo revolucionaron el comercio en las ciudades y pueblos. Casi todos comenzaron con ventas ambulantes, a la manera de todos los colombianos modernos de la economía informal.

Asó como hoy existe la tendencia a llamar “gringos” a todos los extranjeros rubios, en la primera mitad de este siglo se les llamó “polacos o turcos” a todos los comerciantes extranjeros, especialmente a los que vendían por las calles, de puerta puerta.

Palestina, Siria y Líbano, a raíz de la Primera Guerra Mundial. La mayor parte se quedaba en las costas fatigados y extenuados por el largo viaje y únicamente los más osados y aventureros se atrevían a embarcarse Magdalena arriba.

La imagen de los turcos ofreciendo cortes de telas en el brazo era familiar para los colombianos de entonces, aunque posteriormente aquéllos abrieron sus negocios de telas y “ropa hecha”.

Este grupo de blancos es, después del español, el más numeroso que ha llegado a Colombia. Sus miembros han optado por quedarse, asimilando las costumbres del país. Sus descendientes son en buena parte destacados profesioales, personas influyentes en todos los aspectos de la vida del país, incluida la política.

Los primeros miembros de la comunidad hebrea también comenzaron desarrollando actividades mercantiles. Los bogotanos viejos los recuerdan vendiendo churros en Parque Nacional y ropa en el barrio de Las Nieves. Con novedoso sistema de venta a plazos, lograron que las mujeres del altiplano dejaran el pañolón y los hombres cambiaran la ruana por el “flux”.

Vascos en Colombia

En el libro Vascos en Colombia, de Jaime Kerexeta y Francisco de Abrizqueta, aparecen 3,000 apellidos vascos. Llegaron desde las primeras expediciones de la Conquista y pronto fueron tantos, que en el Darién hubo un momento en que no se hablaba sino vascuence.

El régimen de propiedad rural familiar de los vascos fue, y continúa siendo, la razón principal de la emigración de este pueblo a América. En una hacienda vasca el único hijo heredero es escogido según el capricho del padre, de manera que los demás se quedan sin bienes y tienen que salir a buscar fortuna fuera del hogar paterno.

José Vicente Kataraín, un apasionado del estudio de la procedencia y la historia de los vascos en Colombia, ilustra el hecho con su propia experiencia; su padre, ingeniero y segundo hijo, no fue el heredero de la casa familiar y por ello tuvo que salir a probar suerte y llegó a Colombia en el año de La inmigración europea ha sido muy benéfica para nuestro país.

Santander, Antioquia, Cundinamarca, Valle del Cauca y los departamentos de la costa del Caribe estarían lejos de ser lo que son hoy sin el aporte de estas gentes valerosas y aventureras que abrieron caminos, construyeron ferrocarriles, sacaron la riqueza de la entraña de la tierra, establecieron industrias y casas comerciales y, finalmente irrumpieron en todos los campos de la vida nacional.

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