Kapax: el Tarzán colombiano

Aunque los jóvenes y los niños de hoy no lo conocen. Es el Tarzán colombiano que nadó el Magdalena y el Amazonas. Héroe ayer, hoy olvidado, vuelve a la selva y al río.

Publicado originalmente en la Revista Diners N. 373, de abril de 2001.

Aunque muchos no crean, sus brazos y piernas todavía poseen la fuerza y el poder de la anaconda. Una mirada inocente de niño y de selva surge de su rostro surcado por el tiempo. Su piel aun palpita de gozo cuando entra en contacto con el agua del río, como un pariente suyo: delfín rosado del Amazonas.

Tiene 53 años y se niega a dejar de ser héroe. No le bastan los mas de 2.500 kilómetros que ha nadado por los ríos de Colombia, Perú y Brasil. Hace años nado como un animal. Pero ya no quiere ser un animal.

Sabe que estos son tiempos de héroes insignificantes. Colombia esta en guerra, pero no hay héroes. Solo victimas. El mayor heroísmo ahora es continuar vivo en medio de la confrontación armada. Tenemos héroes pasajeros, cantantes, políticos, empresarios, artistas, que tras la fama breve explotan y desaparecen como pompas de Jabón.

¿Quién será Ricky Martin u otro de estos ídolos de moda dentro de veinte o mas años? Será sin duda un nombre que nadie recuerda. Un hombre gordo de peluca raída que canta sus éxitos de ayer en bares mustios y se queja por la fama perdida.

En Leticia una turista de cuarenta años lo ve por la calle, recuerda la odisea del río y le dice emocionada “i Mira, hijo, es Kapax! a su hijo Kapax!”. Pero el niño no entiende: ¿Quién es Kapax? Es el Tarzán colombiano explica la madre.

El niño se confunde aun más y pregunta ¿Y quién es Tarzán, mamá? La madre calla. Los héroes del pasado no son los mismos héroes de hoy.

A veces Kapax prefiere nadar con las pirañas del río a soportar el desconocimiento ajeno. Aprendió desde niño que cuando el Amazonas crece, se desborda e inunda parte de la selva por largos periodos del año las pirañas no lo atacarán.

Ellas solo atacan en épocas secas, cuando el alimento es escaso. Jamás lo ha mordido una piraña en los 53 años que lleva viviendo junto al Amazonas. Pero las pirañas humanas son otra cosa: muerden, humillan y nos dejan vivos para seguir padeciendo…

En 1976, a los 29 años, Kapax era un pez. Era el más grande nadador que haya conocido Colombia, América Latina y acaso el mundo. Nadaba como un delfín como una anguila, como el colosal pirarucú del Amazonas, que es el pez mas grande de río con sus cinco metros de largo y su piel sin escamas.

Ese año el país conoció a Kapax como un animal del agua. Un animal que recorrió el Río Grande de la Magdalena desde Neiva hasta su desembocadura en el océano Atlántico en tan solo dos meses.

Sesenta días de esfuerzo extremo sorteando la Corriente y los remolinos del río que habían devorado y continúan devorando a otros hombres.

Nadó como un animal entre siete y ocho horas diarias, ganándole a brazadas cada metro al Magdalena. Nadó más de 1.000 kilómetros de torrentes y le ganó la batalla al río. Nadó por el reconocimiento social, por las felicitaciones, por el dinero.

Nadó como un animal porque era pobre. Sigue siendo pobre y ya no quiere ser un animal. Yo sabía del río, sabía de la selva, pero no sabía nada del mal que el hombre podía hacerles a los ríos. El río es peligroso, pero el hombre moderno lo es aun más.

¿Cómo es posible que el país haya estado matando el río Magdalena que durante cientos de años le ha dado de comer Colombia, y nadie haya hecho nada para impedirlo? En los últimos 24 años el Magdalena se ha convertido en el mayor botadero de basura de Colombia, y Kapax descubrió la conciencia ecológica después de cumplir los 35.

El río tiene su dignidad y los hombres no somos nadie para mancillarla. ¡El Magdalena se esta muriendo y nadie hace nada! Esto es una cobardía con el río que tanto nos ha dado de comer.

Alemania ha invertido millones de dólares en la recuperación del Rin mientras nosotros le seguimos botando desechos y cadáveres de la guerra al Magdalena. ¿Y así queremos el desarrollo del país? Cuando habla de los ríos contaminados, Kapax se enfurece y aprieta los puños. Luego toma aire, se concilia con la naturaleza abundante del Amazonas y brota como un torrente la valentía que lo hizo nadar como un animal hace años.

Una valentía que en él sigue intacta. Estoy dispuesto a hacerlo otra vez. ¡Estoy dispuesto a nadar otra vez el Magdalena para salvarlo! Pero ya no como un animal, metido en el agua todo el tiempo. Esta vez quiero parar en cada pueblo, en las comunidades que viven en la orilla, para hablarles a los niños de la lucha ecológica que tenemos que emprender para recuperar el río.

Los niños son los que pueden salvar al río; los adultos ya fracasaron en eso. ¿Quiere volver a ser héroe a los 53 años nadando el Magdalena? No lo quiero hacer por mi, ¡sino por el río! ¡Por Dios! ¡El Magdalena se esta muriendo!

¿Acaso nadie lo comprende? Si tengo que nadar diez veces desde Neiva hasta Puerto Colombia, para que los niños tomen conciencia de que hay que salvar el río, lo haré. Y quienes le conocen y no han dejado de admirarlo en todos estos años, saben que él es capaz. “Kapax es capaz”.

El año pasado nadó en seis días 130 kilómetros por el gigantesco río Amazonas entre Atacuaré, limites con Perú, y Benjamin Constant, Brasil. Nadó con el apoyo de un filántropo europeo que quedo deslumbrado con su capacidad física, y su hazaña esta rondando por Internet.

En las grandes ciudades la gente se vuelve vieja a los treinta, a los cuarenta anos, y cuando digo que tengo 53 años, todos me creen viejo. Y a mi me da risa. Por eso también quiero nadar el Magdalena para demostrarles a todos qué tan “viejo” estoy.

La vejez en la selva significa mas sabiduría, el crecimiento de la persona, y no su decadencia. Yo no soy viejo ni estoy viejo; solo sé más y estoy convencido de que sé enseñarles a los niños como cuidar el río mejor que cualquier otra persona.

Después de su gran travesía por el Magdalena en los años setenta, Kapax se dedicó al turismo ecológico y hoy es el guía oficial del departamento del Amazonas. Hijo de una colombiana y de un agregado militar alemán que desapareció de sus vidas, Kapax nació en 1947 en Puerto Leguizamon con el nombre de Alberto Rojas Lesmes, y toda su vida la ha vivido a orillas del gran río Amazonas.

Conoce palmo a palmo, brazada a brazada, el Amazonas en los 2.500 kilómetros que separan Iquitos, Perú, con Manaos, Brasil. El río le ha dado la vida y él esta dispuesto a dar su vida por el río.

En 1998 un indígena de 84 años camino sin detenerse 400 kilómetros en Australia para demostrarles a los jóvenes de su tribu aborigen el valor de la vida. Con él compitieron dos atletas, uno neoyorquino, de 25 años, y otro alemán, de 40 años.

Los tres tomaron rutas distintas; los extranjeros llevaron los alimentos y el agua que podían cargar, pero él decidió alimentarse y beber de lo que iba encontrando en su camino. Los jóvenes le tomaron la delantera mientras tuvieron comida y agua, pero cuando se acabaron las provisiones y se ampollaron sus pies, se vieron obligados a detenerse y aprender a sobrevivir de la naturaleza, lo cual retraso muchísimo su llegada al punto de meta.

La National Geographic documentó esta travesía para ver victorioso al viejo, que supo sobrevivir durante diez días en medio del desierto y el bosque tropical, y caminaba de noche para evitar el sol calcinante de los días.

Este viejo tenia 31 años mas que Kapax. Quienes conocen a este cruzado de la selva saben que anaconda todavía vive en sus piernas y en sus brazos, y que será capaz de nadar el Magdalena, el Amazonas o cualquier otro río del mundo las veces que a él le dé la gana.

Todos los días Kapax comulga con el río. Se inclina ante el poderoso Amazonas y le rinde respeto. Es el pero también es mismo río que conoció de niño, pero también es otro río.

Los fragmentos de agua que vio su niñez ya fueron al mar. Los que ve ahora son distintos, el río trae siempre voces nuevas, voces. que la selva le ha enseñado a entender y a amar, voces que le dan consejo, que le susurran lamentos, voces que le piden que impida la muerte de los ríos.

Años atrás las necesidades lo hicieron nadar como un animal. Pero hace mucho dejo de ser un animal inconsciente. Ahora sabe que el río Magdalena lo necesita y está dispuesto a acariciarlo con su cuerpo de nuevo, a permitir que las aguas del río se deleiten con la fuerza y el poder de la anaconda que vive en sus brazos y sus piernas, pero sobre todo esta dispuesto hablarles a los niños, como un animal perfectamente consciente, para que ellos aprendan a cuidar y preservar el río.

Solo necesita valientes como él para que apoyen y financien esta nueva hazaña. ¿Hasta cuándo estará dispuesto a desafiar las traicioneras aguas de los ríos? ¿Qué edad es su límite?

–No hay límites –dice-. Soy un hombre de río, un hombre de agua. Soy de agua. ¿Acaso el agua envejece?

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