La diatriba de Irvine Welsh

El escritor escocés Irvine Welsh es uno de los invitados a la nueva edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Diners conversó con él antes de su llegada a Colombia.

Aquí viene Johnny de nuevo”, grita Iggy. Lust for Life retumba en el audio. En pantalla, un Ewan McGregor veinteañero, pálido, rapado y con profundas ojeras corre a todo dar. Es 1996 y las juventudes del mundo quedan boquiabiertas ante Trainspotting, la interpretación visual que Danny Boyle le dio a la crítica social del escritor escocés Irvine Welsh.

Welsh ríe, se siente plácido, le gusta el clima de Miami. Es 2018, va en plena autopista de la ciudad que ahora llama hogar. Escribió once novelas después de la obra que definió el pensar y vivir de varias generaciones y cuyos personajes dieron para dos largometrajes.

El escritor contesta el teléfono mientras va rumbo al aeropuerto internacional para luego despegar de regreso a su decadente continente, donde promoverá la quinta novela sobre el grupo de degenerados que le dieron vida a esas novelas y películas. “Hola, Diego”. Saluda con el tono de un viejo amigo. Uno de esos amigos bonachones, habladores y sabios con los que ya quisiera yo poder tomarme una, dos o quince cervezas, otros tantos tragos de whisky y, por qué no, un tequila.

Conversamos sobre Renton y Begbie, los personajes desadaptados que sacaron de pobre a Welsh. Él habla como ellos. O más bien, ellos hablan como él: con el acento marcado, casi ininteligible de la clase obrera británica, golpeada por la falta de oportunidades en una década muerta para muchos.

Después de su paso por Europa, Welsh visitará Colombia por sexta vez, ahora para hablar en la Feria Internacional del Libro de Bogotá en la charla titulada “Dilemas Yonquis”. Supongo que querrá hablar de su nueva novela Dead Men’s Trousers, quizás la última basada en aquellos drogadictos sin honor ni futuro que hemos visto en el cine. Por eso comienzo preguntándole si se trata de la última borrasca de Renton, Begbie, Sick Boy y Spud o si vendrán más.

Welsh responde con sensatez: “Creo que es la última vez que reúno al equipo. No veo cómo hacer que se vuelvan a juntar en este punto de sus vidas. Hacerlo de nuevo ya es estirar la credibilidad demasiado”.

Foto: Sony Pictures.

En varios tiempos

Es 1980. Welsh vive uno de los peores momentos de su vida: arrestado, drogadicto, músico fracasado y resentido social. Decide recomponerse. Trabaja durante una década en la burocracia londinense para luego regresar a su pueblo, cumplir 35 años de vida, regenerarse, estudiar administración y escribir sobre lo vivido, lo sentido y pensado en este tiempo grisáceo, turro y nublado. Y así, este músico odioso y malhablado, se hizo escritor consagrado con su primera novela.

Welsh asiste a la premier de Trainspotting 2, basada en Porno (otro de los cinco libros que hizo sobre los mismos cuatro antisociales). Es 2017. Ya publicó siete novelas aparte de las anteriores y un puñado de obras de teatro y guiones de cine. Sonríe ante lentes y cámaras. Habla ante micrófonos. Goza la buena vida que sus personajes nunca tuvieron.

Pasa un año. Es 2018. Su viaje al aeropuerto resulta placentero. La noche miamense tiene brisa y el clima pinta bien, lo opuesto a su Edimburgo natal. Por eso vive allí, me confiesa. Desde su carro, habla como si no hubiese pasado un solo día después de su primer libro. “Creo que me siento igual que siempre. No tengo tanta rabia, muchas personas tienen recelo porque no saben qué pasará con Trainspotting. El mundo cambia cada vez más rápido, la economía, la tecnología, las relaciones interpersonales, cambian. Por ejemplo, los roles de género tan incrustados en la sociedad ya no son los mismos y la división del trabajo en los sistemas económicos obliga a que todos repensemos nuestro rol”, filosofa el escritor, como el punkero entrado en años que es.

La vida lo ha tratado bien y por eso el bonachón que lleva dentro se mezcla con el mamerto que también hospeda al hablar sobre la situación global, al parecer, su tema favorito actualmente: “Hoy todo está sacudido y todo puede pasar”, se empodera y sigue, “ya veremos qué tan poderosos e interesantes y qué tan omnipotentes son las élites al verse cómo dependen de nuestras respuestas ante los cambios de la economía”.

Sin que le preguntase al respecto, prosigue, “siempre hemos aspirado a la democracia, pero es una parte muy pequeña de la existencia humana. La mayor parte de la historia de los Estados ha estado dominada por la tiranía y el autoritarismo”, improvisa el escocés.

Prefiero preguntarle por su vida, por el consumo de drogas, el porno, o su futuro como DJ (a eso se dedica por estos días), pero Welsh se teje sus respuestas en forma de discurso sobre la humanidad: “Vienen tiempos interesantes con la tecnología, quizás vayamos por fin hacia una sociedad libre. Pero ¿será que tenemos el altruismo suficiente y la capacidad moderna para tener una sociedad verdaderamente anarquista? Quisiera pensar en que podremos seguir evolucionando, como especie, hacia ese rol”.

Quedo sin respuesta. Es 2018, estoy en bata, sentado en un hotel de Macao (en la China) hablando por teléfono con un escritor escocés, que se encuentra en Miami, sobre las tendencias sociales del mundo y me siento medio sumergido en su diatriba de ideas e ideales. Sumergido justo como Renton (su eterno protagonista) se hundió en aquel baño público, atrapado, nadando de lleno en el océano azul de un inodoro indecente.

Le pregunto a Welsh por sus personajes de nuevo, para buscar tierra firme. Me lanza un salvavidas diciendo que “el éxito de Trainspotting y la razón por la que han durado tanto sus protagonistas es que ellos viven en un mundo real, en el que conseguir trabajo resulta difícil, en donde nadie logra hacer ganancias y no se paga por el trabajo. Estamos entrando en una sociedad posindustrial, poscapitalista y postsocialista. Estamos superando todas estos elementos de industrialización. Y esa es la crisis existencial de la humanidad: ¿Qué hacemos con nuestra vida si no estamos trabajando? ¿Cómo llenamos nuestro tiempo libre? Creo que la clase trabajadora industrial de Trainspotting fue la primera en experimentar esto”.

Ventiún años después de la primera entrega de Trainspotting, sus personajes, Renton, Begbie, Sick Boy y Spud vuelven a juntarse. Luego de Trainspotting, Welsh afirma que no cree que vuelva a reunir de nuevo al equipo. Foto: Sony Pictures.

De nuevo, sin palabras. Esta conversación puede ser la de un estudiante de 17 años o la de un filósofo, con doctorado, profesor de la Sorbona. Las ideas expresadas y sus formas de conectarlas aplican a ambos casos.

El caos me recuerda a Trump y el país que Welsh eligió para vivir. “Lo que está pasando aquí –dice– es parte de algo que sucede en el globo entero. Similar al Brexit y a toda Europa: Le Pen en Francia, la derecha en Alemania, Polonia y Hungría. Hay una reacción masiva ante el neoliberalismo, a pesar de que la propuesta sindicalista y socialista haya sido destruida por este. Es casi que una hidra de dos cabezas reaccionarias. Lo reaccionario de la supremacía blanca ha hecho que regresemos al tribalismo nacionalista del Medioevo”.

“Amo Colombia”

Así habla Welsh, tal como escribe, tal como piensa. Vertiginoso, del intestino y de la médula oblonga. Le digo que me recuerda a Andrés Caicedo y se lo recomiendo, ya que visita Colombia. Me agradece, repite el nombre y lo olvida de inmediato.

Veo que conoce el país tanto como el país lo conoce a él. “Amo Colombia. Es grandioso. He estado dos veces en Bogotá y tres en Cartagena. La gente, el realismo mágico de Gabriel García Márquez. Hace doce años fui por primera vez y resulta increíble ver un país que ha mejorado en todo sentido. En ese mismo lapso, muchos países han empeorado”. Welsh conoce la cara bonita de Colombia, como el país conoce la superficie de la extensa bibliografía que es la carrera del autor.

Insisto, sus letras, las drogas, su música, la violencia, la supervivencia, los trenes que vio pasar en Escocia ante la angustia de no hacer nada para vivir, este escocés, calvo y blanco, de clarísimos ojos azules, ya bien vivido y de buen vivir, hoy me habla como escribe: desde el corazón.

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