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¿La humanidad es africana?

«Las marcas genéticas señalan el camino que nuestros ancestros tomaron para salir de África y conquistar el mundo.»

Foto: Pixabay/CC0

«Las marcas genéticas señalan el camino que nuestros ancestros tomaron para salir de África y conquistar el mundo.»

Publicado originalmente en la Revista Diners N. 436, de julio de 2006.

Hasta hace unos días sabía muy poco de mis antepasados. Que yo había nacido en noviembre de 1960 en el barrio Quiroga de Bogotá, que mis padres eran de origen antioqueño y que uno de mis bisabuelos llegó de España y se casó con una campesina colombiana que lo cuidó hasta que murió ciego a principios del siglo pasado.

Pero ahora sé que mi linaje familiar se originó hace 50.000 años en el continente africano, en la región donde se encuentran hoy Etiopía, Kenia y Tanzania. Que estos primos lejanos usaron herramientas de piedra, dejaron rastros de expresiones artísticas y desarrollaron conceptos avanzados como el lenguaje, mientras que África se quitaba la aridez de encima y pasaba a ser más húmeda y caliente.

Era la época glacial, y Europa se sacudía las capas de hielo de encima. Entonces mis primos nómadas comenzaron a planificar como en familia y ascendieron hasta las sabanas del Sahara con el fin de cazar animales y empezar a explorar el mundo hasta que abandonaron África.

Los científicos me clasificaron dentro del linaje ancestral M168, cuando en el planeta Tierra sólo había alrededor de 10.000 Homo sapiens. Luego mis primos lejanos decidieron desplazarse al Oriente Medio y aprendieron a trabajar la madera y el marfil. Fueron los primeros en abandonar África, y los científicos me incluyeron dentro de ese grupo con la marca M89 como identificación.

Mis familiares llegaron a poblar la región que hoy ocupan Irán y Asia Central y algunos tomaron rumbos diferentes hacia el este y el oeste por la llamada superautopista que comunicaba a lo que es ahora Francia con Corea. Perseguían manadas de búfalos, antílopes y mamuts.

Fue precisamente en Irán o Asia Central donde los científicos descubrieron otros miembros de mi familia y me otorgaron la marca genética M9. Mis ascendientes se dedicaron a poblar el planeta en los últimos 30.000 años.

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La mayoría de las personas que habitan hoy América, el este asiático, Europa y la India provienen de la marca genética M9. Mi mamá siempre decía que su tipo de sangre AB+ es muy común en los países árabes. Sin embargo los científicos que concluyeron que pertenezco al grupo genético K no han podido ubicar a mis familiares que poblaron Europa o se desplazaron a América por el estrecho de Behring que conecta Asia con el continente americano.

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Pero no pierdo las esperanzas. Ese es precisamente el objetivo de la organización National Geographic con el Proyecto Genográfico: rastrear la huella humana con base en el estudio de los cromosomas y la utilización de la técnica del ADN.

Este proyecto durará cinco años, no tiene fines de lucro, cuenta con el apoyo de la empresa multinacional IBM y pretende localizar los patrones migratorios de la humanidad hasta comprobar que todos los seres humanos somos parte del mismo árbol familiar y tenemos el mismo origen africano.

El científico genético Spencer Wells lidera esta investigación de Washington que busca examinar cien mil muestras de ADN de indígenas de los cinco continentes. National Geographic busca la participación del público y por ahora la ha limitado a Estados Unidos.

Yo pagué 107 dólares y me enviaron todo lo necesario para tomar muestras de mi saliva y remitirlas al laboratorio donde 35 científicos examinaron mi ADN. Dos meses después pusieron los resultados en la Internet para que accediera a mi información genética de manera privada y anónima utilizando un código secreto.

Yo fui aun más lejos y estoy participando en el programa del Árbol Familiar para que me avisen por correo electrónico cuando encuentren personas con la misma composición genética y quizás con los mismos apellidos. A medida que más personas en el mundo participen en estos proyectos, habrá más información para establecer con exactitud la huella humana.

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Cada persona tiene en su cuerpo ADN (ácido desoxirribonucleico), combinación de genes que hereda de sus padres. En esa sustancia están los rasgos que determinan el color de los ojos de una persona, su altura, su etnicidad y la susceptibilidad a ciertas enfermedades. La única excepción es el cromosoma Y que pasa directamente de padre a hijo y que no cambia de generación a generación.

Sin embargo, algunas veces ocurren mutaciones y se denominan marcas genéticas como las que me otorgaron los científicos después de examinar mi ADN. Estas marcas señalan el camino que nuestros ancestros tomaron para salir de África y conquistar el mundo.

Mi decisión de participar en este Proyecto Genográfico se debe a ese deseo que tenemos los seres humanos por conocer nuestra historia, nuestros antepasados, y fue estimulado por un programa reciente de la televisión pública estadounidense en el cual una mujer negra que nació en Brooklyn viajó al África a conocer sus ancestros que todavía viven en una pequeña tribu donde hablan español.

El rostro de esta mujer es semejante al de la mayoría de las personas de esa tribu, quienes le adjudicaron un terreno porque la consideraron parte de la familia. Los exámenes de ADN se están poniendo de moda en Estados Unidos para reclamar fortunas, transformarse en minoría étnica con el fin de recibir dinero, ingresar en la universidad u obtener otros beneficios del Gobierno.

Esto no tiene nada que ver con el propósito de National Geographic, pero está cambiando la forma de actuar y pensar en Estados Unidos. La empresa DNA Print Genomics, líder en este campo, promete resultados que ayudarán a pertenecer a cualquier grupo étnico y hacer todo tipo de reclamo. Hay cristianos que reclaman su ancestro judío para obtener la ciudadanía israelí.

También está el caso de Pearl Duncan, de ascendencia de esclavos jamaiquinos, que identificó al tatarabuelo escocés de su mamá y se atrevió a llamar a uno de sus primos contemporáneos para reclamarle uno de los once castillos que adquirió con el sudor de los esclavos. “Si me reconocen, los escoceses empezarán a aceptar que fueron esclavistas”, dijo Duncan al periódico The New York Times.

También hay blancos que ahora están reclamando sus raíces indias cherokee, choctaw, chickasaw, creek o seminole para obtener beneficios médicos y dinero proveniente de los casinos. Desde hace muchos años la muestra de ADN es utilizada como evidencia forense para encarcelar y excarcelar sindicados y establecer la paternidad de una persona.

El Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos hasta ahora está admitiendo que en ocasiones exige la técnica del ADN para comprobar la familiaridad de personas que reclaman a sus padres o hermanos. Yo me limito a esperar que algún día reciba noticias de mis primos lejanos, de Europa, el Oriente Medio o África, y quizás me inviten a montar en camello y tocar los tambores en una noche estrellada en las sabanas del Sahara o las planicies de Etiopía.

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16 / 2018

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